Gino Paoli, la voz de la fragilidad italiana, muere a los 91 años
“Esta noche Gino nos ha dejado con serenidad y rodeado del afecto de sus seres queridos”, ha informado la familia del cantante en un comunicado remitido a los medios.
La música italiana pierde este martes a una de sus voces más íntimas y complejas: Gino Paoli ha muerto a los 91 años en su Génova natal, cerrando una vida marcada por la sensibilidad, las contradicciones y una forma única de entender la canción como un territorio emocional más que como un producto cultural. Su fallecimiento, confirmado por la familia en un comunicado, no solo apaga a un artista, sino a una manera de componer desde la herida.
Paoli no fue simplemente un cantante de éxito. Fue un narrador de estados de ánimo, un explorador de la fragilidad humana que convirtió la duda en su principal motor creativo. En una industria acostumbrada a fórmulas, él eligió siempre el riesgo: escribir sin certezas, sin moralejas, sin concesiones. “Mi única certeza es la duda”, llegó a afirmar, sintetizando una filosofía que atravesó toda su obra.
Su nombre queda inevitablemente ligado a Sapore di sale, una de las canciones más reconocibles del repertorio italiano, nacida —como él mismo contaba— en un instante de felicidad total en una playa siciliana. Ese momento efímero condensaba lo que sería toda su carrera: la búsqueda constante de emociones puras, aunque fueran imposibles de retener.
A lo largo de más de seis décadas, el cantautor firmó más de medio centenar de discos, con clásicos como Il cielo in una stanza, popularizada por Mina, o La gatta. Sin embargo, su trayectoria estuvo lejos de ser lineal. Paoli abandonó la música en varias ocasiones, regresó otras tantas y convivió con episodios oscuros, como el intento de suicidio que marcó su vida y su narrativa artística.
El arte de no responder
En una época donde la música tiende a simplificar emociones, Paoli apostó por lo contrario: sugerir en lugar de explicar. Su proceso creativo era casi artesanal, un puzle donde cada palabra debía encontrar su ritmo exacto. No componía para gustar, sino para provocar. No ofrecía respuestas, sino preguntas.
Esa actitud, lejos de alejarlo del público, lo convirtió en una figura de culto. Sus canciones no dictaban cómo sentir, sino que abrían espacios para que cada oyente encontrara su propia interpretación. En ese equilibrio entre lo íntimo y lo universal residía su fuerza.
Una vida entre la bohemia y la política
Antes de la música, Paoli fue pintor, diseñador publicitario y habitante de una bohemia casi romántica en una buhardilla “fría e incómoda”. Ese origen marcó su estética y su forma de mirar el mundo, siempre desde los márgenes.
Su compromiso también tuvo una dimensión política. Entre 1987 y 1992 fue diputado del Partido Comunista italiano, una faceta menos conocida pero coherente con su carácter inconformista y su rechazo a las estructuras rígidas.
La muerte de Paoli llega apenas cuatro meses después de la de Ornella Vanoni, su expareja y otra figura esencial de la música italiana, cerrando simbólicamente una era. Sin embargo, su legado permanece intacto: canciones que no envejecen porque nunca pretendieron ser definitivas. @mundiario