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MUNDIARIO

Nunca es tarde para emprender el proyecto de tu vida

Frances Glessner Lee aprovechó el cambio social para, una vez divorciada y ya entrada en la cincuentena, dedicarse a la ciencia policial, una pasión que le acompañó toda su vida y que cuenta María G. Valero en 'La muerte en miniatura'.
Nunca es tarde para emprender el proyecto de tu vida
La muerte en miniatura. / Ediciones Casiopea
La muerte en miniatura. / Ediciones Casiopea

Judith Muñoz

Periodista.

“El inspector debe examinar cada uno de los casos imaginándose él dentro de cada uno, como si midiera 15 cm. Con esta premisa en mente, tras unos pocos minutos de observación, podrán sentirse parte de la escena y encontrar muchos pequeños detalles que de otro modo podrían pasarse por alto”. Así explicaba Frances Glessner Lee sus dioramas (tipos de maquetas) sobre crímenes y así lo recoge La muerte en miniatura, libro de María G. Valero editado por Ediciones Casiopea. A buen seguro una delicia para los amantes de la criminología forense.

La ciencia forense, tal y como la conocemos en la actualidad, es deudora de los descubrimientos que se desarrollaron durante los siglos XIX y XX y que tan bien sabe resumir Valero en su libro, desde la conservación de cadáveres de los antiguos egipcios hasta la aplicación del reconocimiento del ADN pasando por los avances en el campo de las huellas dactilares a las digitales. Haciendo además un pequeño guiño al futuro, es decir, a la ciencia predictiva, esa que usa técnicas matemático-predictivas y analítica encaminadas a identificar al potencial criminal. Algo que nos recuerda a películas como Minority Report (2002).

Frances Glessner Lee no llegó tan lejos, dado que su vida transitó entre los años 1878 a 1961, pero sí mejoró de manera exponencial los procesos aplicados en la escena del crimen. Y lo hizo en una época en la que la mujer, en su inmensa mayoría, tenía la loable labor de cuidar del hogar, sus hijos y su marido. De hecho, se la imposibilitó acudir a la universidad, un deseo que siempre ansió. Hubo un cambió social que viró a su favor, al suyo y al del resto de mujeres estadounidenses. En 1920 se aprueba la XIX Enmienda a la Constitución con la que las mujeres de EE UU obtienen el derecho al voto y esto lo cambia todo. Ellas comienzan a irrumpir en lo que se conocía como “universo masculino”, es decir, acceden a trabajos fuera del hogar, se introducen en la política, comienzan a disfrutar de un tipo de ocio diferente… Frances Glessner Lee aprovechó el cambio social para, una vez divorciada y ya entrada en la cincuentena, dedicarse a la ciencia policial, una pasión que le acompañó toda su vida.

Frances G. Lee y Alan R. Moritz.

Frances G. Lee y Alan R. Moritz.

Lee es el claro ejemplo de que nunca es tarde para emprender el proyecto de tu vida.

Con la ayuda del doctor George Burgess Magrath, quien confió en ella y le sugirió que combinase su habilidad en la creación de pequeños escenarios o dioramas (un entretenimiento muy extendido por entonces entre las damas de la época), con su interés en la resolución de casos policiales, Frances crea los Nutshell Studies of Unexplained Death (Pequeños escenarios de muertes inexplicables); diecinueve extraordinarios escenarios en los que, con habilidad milimétrica, recrearon casos que plantearon grandes problemas para ser resueltos en su momento.

Con los citados escenarios se comenzaron a realizar prestigiosos seminarios en Harvard, que sirvieron para completar la formación de los policías, y que aún se siguen utilizando. Estos casos están descritos e ilustrados en el libro de María G. Valero, La muerte en miniatura, un merecido reconocimiento a una mujer que supo esperar y encontrar su momento. @opinionadas