La felicidad está tan sobrevalorada que se ha convertido en una obsesión

Albert Einstein. / RRSS
Albert Einstein. / RRSS

Es el concepto moderno y no solo de jóvenes, ser feliz, hacer solo lo que nos gusta, evitar esfuerzos, coger el camino fácil esperando la máxima recompensa porque yo lo valgo.

La felicidad está tan sobrevalorada que se ha convertido en una obsesión

Lo que se respira en el aire actualmente es ese deseo de "ser" feliz, no de "estar" feliz que indicaría que ansiamos momentos de felicidad, grandes alegrías intercaladas en una vida normal, sino que ansiamos el estado permanente de felicidad, el flotar en un estado libre de molestias e inconvenientes, pero en esta vida todo se mide en comparación con algo, con un patrón, y por eso se dice que solo los tontos "son" felices, los demás "estamos" felices de vez en cuando.

Lo vemos en los estudios que se hacen regularmente con nuestros estudiantes. Han subido los dos extremos, los de aquellos que no realizan esfuerzo alguno y son incapaces de entender hasta una factura que es lo mas cotidiano que existe, que son mayoría, y el de aquellos otros que superan la media de conocimientos. Unos quieren vivir felices esperando que la felicidad llegue, mientras un grupo menos numeroso al parecer, quiere vivir momentos felices poniendo todo de su parte.

Antes había dos tipos de personas, los que eran muy inteligentes y podían vivir de ello, y lo que trabajaban duro, no más que los inteligentes pero si en trabajos más duros salvo que ya hubiesen nacido con la vida solucionada, los que le venia de cuna. Luego todo se hizo más confuso porque desde que Daniel Golemán publicó su libro sobre la inteligencia emocional han surgido múltiples tipos de inteligencia que son útiles para reducir la importancia del llamado Coeficiente de Inteligencia, el que mide la capacidad lógica y deductiva que suele ser la que es más útil para el crecimiento social pero no garantiza la felicidad y hasta puede ser motivo de aislamiento, mientras que las demás son más útiles para el crecimiento personal.

Están en el mercado test que miden estos tipos de inteligencia a los que no se le había dado importancia, incluso un mix que mide nuestra capacidad de ser lo suficientemente inteligentes para ser felices, un lugar al que por lo visto se llega sabiendo gestionar las emociones. Claro que lo mejor sería ser inteligentes con un coeficiente alto (la media son 100), y saber gestionar las emociones y demás capacidades para ser útiles a la sociedad y felices cuando las circunstancias lo permitan, porque trabajar siempre será necesario, y los que quieran un buen nivel de vida o valoren aquellos placeres que se compran con dinero, tendrán que aprender que el esfuerzo suele tener recompensa.

No sabemos si Einstein y otros sabios eran felices. Probablemente tuvieron sus momentos difíciles mezclados con otros que no lo fueron tanto porque todos tuvieron problemas personales, pero lo que si estamos seguros es que el mundo está muy feliz de que Einstein fuese tan inteligente como para aportar al conocimiento un bagaje tan enorme. Quizás un alto coeficiente de inteligencia no dé la felicidad al que lo posee, pero aporta cosas al progreso que harán felices a mucha más gente.

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