El fanatismo extiende su sombra incluso hasta la muerte

El cautivo. / RR SS.
La historia demuestra que la intolerancia, cuando se reviste de fanatismo, puede acabar devorando incluso a quienes encarnan la luz del conocimiento.

El fanatismo es una situación peligrosa. Alejandro Amenábar ha terminado su trabajo sobre Cervantes, el cautivo, y pronto lo veremos en estreno. Ha sido asesorado por un importante historiador español para recopilar las referencias más relevantes de su vida.

Parece que no hay muchos datos personales, por lo que tendrá que interpretarlos, como siempre hace un creador. Generalmente, cada objetividad en la historia es subjetiva. Amenábar prefiere ofrecer un conocimiento de la época, interpretando los datos y presentando la realidad del tiempo en que vivió el personaje.

Algunos recuerdan lo que hizo con la figura de Hipatia en su película Ágora. Ciertamente cometió algunos errores importantes, pero eso no me importó, cuando la vi. Me parece espléndida la puesta en escena y me gusta el personaje interpretado por Rachel Weisz. Creo que lo que cuenta es verdadero, aunque tiene su propio estilo de narrarlo.

Hipatia era una filósofa neoplatónica y matemática que transmitió el conocimiento del siglo IV antes de Cristo. No hizo grandes descubrimientos experimentales de estilo moderno, y es excesivo calificarla como madre de la ciencia moderna. Sin embargo, completó los instrumentos astrológicos de entonces, gracias a los cuales conocemos el contexto de la época. Sus diálogos son muy fructíferos y estimulantes. "Yo creo en la filosofía", proclamó Hipatia.

¿Importa que no fuera estrictamente una científica experimental? No era su tiempo una época de experiencias. La Biblioteca de Alejandría no fue destruida por los cristianos, al menos no de forma literal, pero sí importa que fuera el centro del conocimiento de la época. Quizás lo que más moleste es el fanatismo cristiano que la llevó a la muerte. Aunque Amenábar suavizó y dulcificó esa parte, insistió en reflejar ese fanatismo extremo. Definitivamente sí, pero no hay por qué escandalizarse ni rechazar la película por ello.

Hipatia fue asesinada públicamente, desnudada, apedreada y descuartizada. Triste e innegable realidad, que se puede calificar un crimen atroz.

A Cirilo le proclamaron santo, pero fue uno de los que incitó a los demás a que la mataran. Dice Guillermo del Toro, que procede de una educación católica, que no puede creer en los santos. Yo también pienso así y defiendo que habría que cuidar más estos nombramientos canónicos.

Me parece exagerado decir que la película cae en la satanización de los cristianos, o que son los villanos en esta película. Se les echa la culpa de lo fundamental. ¿Acaso no fue Hipatia una de las víctimas del cristianismo?

El fanatismo e intolerancia son posiciones muy peligrosas que llegan firmes hasta la actualidad. A esto se une la lucha por el poder, la intolerancia religiosa y el miedo al conocimiento. Este era el contexto de entonces. No se trata de un mito, sino de una realidad. La defensa de la razón en tiempos oscuros, puede llevar a esto.

Y el fanatismo cristiano fue representativo y determinante en ciertos sectores del siglo quinto. Eran tan potentes que ni la religión los detuvo Hubo dos polaridades entonces: el paganismo clásico y el cristianismo emergente. La lucha entre ambos fue a muerte. Esto también lo explica el contexto de entonces.

Posteriormente al Edicto de Tesalónica (380 d.C.), el cristianismo quedó como religión oficial del Imperio, lo que dio pie a una política de intolerancia religiosa hacia cultos paganos.

A finales del siglo IV, el emperador Teodosio ordenó el cierre de templos paganos, disolución de escuelas filosóficas y la prohibición de rituales no cristianos. La tensión entre la fe cristiana y el pensamiento racional se dio a lo largo de la historia. La razón debía servir a la fe, según unos, otros equilibraron las posturas o las separaron. Esto último se lo debemos a Guillermo de Ockham.

En el Renacimiento despertó la razón y buscó someter la fe al juicio racional, defendiendo la libertad de pensamiento. En la actualidad, muchos atacan la religión como una ilusión, alienación o síntoma, mientras ambas siguen formando una danza compleja de influencias mutuas.

Desde luego, se trata de dos formas de entender el mundo. Aunque todavía existan choques, quizá no sea una guerra abierta, sino una tensión creativa entre ambas dimensiones para abordar los grandes desafíos del siglo XXI: el sentido de la vida, la justicia y la sostenibilidad tecnológica. Para ello será crucial cuidar mucho la intolerancia y el fanatismo.

Mientras tanto, vamos a esperar a que Amenábar nos ofrezca su visión de Cervantes dentro de poco, que, sin duda, será polémica. @mundiario