El Evangelio, un estilo de vida

Ética en el Evangelio. / RR SS.
Proclama valores como compasión, esperanza, fraternidad, humildad, austeridad, autenticidad, perdón… y denuncia antivalores tales como soberbia, codicia, calumnia, mentira, hipocresía, vanidad.

Afirmar que “Dios está ausente en el mundo de hoy”, podría escandalizar, pero fue Benedicto XVI quien lo dijo, en sus comentarios al Evangelio.

La causa de este “pasar de Dios”, es el relativismo imperante, en el que la conciencia individual es el único juez, quien decide lo que está bien y lo que está mal. Algo que se aproxima al lema de los anarquistas: “Ni Dios ni amo”.

Paradójicamente, al mismo tiempo observamos que los seres humanos sienten la necesidad de admitir la existencia de algún ente superior que les guíe en el camino de la vida, les inspire confianza con sus consejos y les conceda paz ante las numerosas aflicciones de la vida. Esto explicaría la proliferación de adivinos y similares, que dicen responder a esas inquietudes y tener soluciones para todo.

Seguramente, quienes encomiendan su vida a personas que no conocen, cuya preparación es dudosa y, además, cobran por sus consejos y vaticinios, desconocen que el Evangelio contiene enseñanzas, expresiones, principios y actitudes de Jesús ante situaciones concretas de la vida, que pueden ser asumidos por cualquier ser humano de buena voluntad como pautas para la vida personal y en sociedad, independientemente de la naturaleza de sus vínculos religiosos. Se trata, pues, no de convencer, sino de invitar a comprender.

El Evangelio es el alegre mensaje de los cristianos, un estilo de vida, del que Jesús hombre nos dejó su impronta.

La diferente actitud ante las enseñanzas del Evangelio entre un cristiano y un no creyente -cualquiera que fuere su religión y también para agnósticos y ateos- en cuanto a la consideración y valoración de su contenido, estriba en que para el cristiano es mandato divino, procedente de Jesús, el Hijo de Dios, que se hizo hombre y vivió entre los hombres. Para el no creyente podría tratarse de una ética personal y para la convivencia, emanadas de Jesús, el personaje histórico.

En su vertiente humana, fue uno más entre los hombres, como puede comprobarse al leer el Evangelio. En él se abordan situaciones a las que nos enfrentamos cada día, explicadas mediante sencillas parábolas, dirigidas a las gentes que le escuchaban: utilizaba su propio vocabulario. No se expresaba como un intelectual o como un pensador, no usaba un lenguaje conceptual abstracto.

Su mensaje era transgresor, dirigido a los más humildes y contrario a la forma de pensar de los dirigentes judíos y de los invasores romanos, por lo que fue perseguido como un revolucionario.

Sus enseñanzas surgen desde el conocimiento de los seres humanos, sus fortalezas y debilidades, y desde sus propias vivencias, pues vivió entre nosotros como un ser humano más de su tiempo, para hacerse cercano, para ser interlocutor.

Algunos de esos valores que aparecen en el Evangelio, que pueden ser principios de vida para cualquier persona, son humildad, fraternidad, austeridad, compasión, esperanza, coraje, fortaleza, lealtad, perdón, concordia, prudencia.

Sin olvidar los antivalores que denunció, tales como soberbia, codicia, calumnia, escándalo, desprecio, hipocresía, cólera, mentira, vanidad.

¿Son normas propias de un loco, mago, embaucador o agitador, tal y como fue calificado?

Quien tenga interés en profundizar esta visión universal del Evangelio, puede descargar gratuitamente la obra “El valor universal del Evangelio. Enseñanzas éticas para todos”, en este link. @mundiario