Escribir es un duro oficio

Aviadores.

No es amable, no regalan caramelos y los mundos convulsos que tanto hablan de nuestro interior hay que sacarlos y dominarlos. Es más fácil fumar, o pasear el perro o tomar Ibuprofenos. Al escribir si lo haces...

Escribir es un duro oficio

No es amable, no regalan caramelos y los mundos convulsos que tanto hablan de nuestro interior hay que sacarlos y dominarlos. Es más fácil fumar, o pasear el perro o tomar Ibuprofenos. Al escribir si lo haces del tipo de ensayo, como a veces me ocurre, debes leer bastante y caminar sin complejos (o sea no convertirte en un moralista de izquierdas) y si vas al territorio de la ficción debes sacar material y desdoblarte corriendo por caminos de otros tipos o tipas (pues aquí el sexo no importa); solo tus registros más amplios producirán mejores resultados, y si visitas otro estilo, el de la memoria: debes aceptar que el desgarro de tu pasado aparecerá tan visceral y querrá ser el primero y/o aceptas relatarlo, y/o ¡no escribirlas una mierda!. Con lo cual le dejas paso, pero no puedes contar historias tristes y aburridas de malos tratos o vainas de abandono, debes hacerlo, pero con clase y alegría.

¿Quiere ser escritor? Pues ya lo sabe, meta en la maleta de cuero antigua, tantas historias que al abrirla un día como hoy lunes tenga tantos trapos sucios como para la nueva lavandería que han abierto en la esquina, ¡si, aquella, la de las monedas y ventanales donde la gente pica en su móvil su aburrimiento hasta que esta su ropa lista!

Hasta en ello han cambiado los paisajes, cuando era hippie y vivía en el barrio de Gracia, en la lavandería me devolvían la ropa estirada y suave. O cuando estuve en Buenos Aires y fui a una lavandería de coreanos que se gritaban entre ellos y toda la ropa navegaba en descontrol.

O cuando nos montamos sobre una lavadora y nuestras piernas flácidas cabalgaban llenas de sexo de lunes. Me temo que regresaremos con esta otra historia… @mundiario

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