Enrique Laso, con la melodía del blues en los labios
El autor pacense, fallecido en el verano de este año, revalida con Libélulas azules la saga noir que le facultó ser uno de los autores relevantes de la Generación Kindle
EN LA INEXORABLE DEDICACIÓN. El frío cálculo literario no es otro que la determinación de escribir como acto único. Y no es precisamente este concepto una presuntuosa forma de expresar el oficio y sus hacedores. Sencillamente de concebir su acción como hecho premeditadamente hostil e incómodo. La lectura no es un pasatiempo al uso. Recrea un mundo de experiencias que rezuma inconformismo pero que también requiere voluntad y esfuerzo. Ante el vasto imperio audiovisual, la lectura es un acto de resistencia en sí misma. La imaginación y el intelecto no claudican. Se hacen fuertes ante el acecho de lo prefabricado y guiado por un manual de instrucciones como los muebles de una conocida multinacional escandinava. La portada de los libros lleva siempre un subtítulo añadido, “Léalo usted mismo”. Es el reclamo subliminal con el que nos invitan a flanquearlos. La historia que comenzamos en cada libro es un pasaje a lo desconocido. Emprendemos este viaje de la mano de los autores para llegados el momento, desprendernos de su acompañamiento y dar pasos en solitario. Es entonces cuando aquella se hace de nosotros y nos atrapa en la fabulación con voz propia. Narra silenciosamente la inmersión en cada página y procura soledad placentera tejida en el pensamiento.
LIBÉLULAS AZULES -Umbriel Editores. 2018-. La lectura gratificante de esta obra policíaca me confirma no solo la vigencia del propio género. También el enigmático mundo de la conciencia individual y la intrincada senda por la que se encamina. Ley y orden son ajenos a esa esfera donde la justicia, ausente y alejada de los tribunales, campea a sus anchas y queda supeditada a otros elementos que interaccionan desde la moral. Si a ello añadimos la circunscripción al entorno íntimo y familiar, la bomba de relojería comienza su cuenta atrás. Es la afección como drama entronizado en la más alta catalogación y paradigma del horror. Los seres que realmente nos aman, nos dejan elegir nuestro propio camino. Lo contrario provoca una situación de tensión doméstica, que pugna por alcanzar la libertad frente a la frustración. El subtítulo de la novela, ¿Quién mato a Sharon Nichols?, nos introduce en el meollo de la trama. Dieciocho años han transcurrido desde el homicidio de una joven estudiante universitaria y prometedora atleta. La aparición de su cuerpo desnudo en los alrededores de Perry Lake provoca conmoción entre los habitantes del pequeño condado de Jefferson, en el Medio Oeste americano, concretamente en el estado de Kansas. El caso permanece sin resolución y ha dejado profunda huella en Ethan Bush, agente especial de la Unidad de Análisis de Conducta -UAC- del FBI, durante todo este tiempo. La motivación por saldar una deuda contraída consigo mismo, le lleva a forzar la reapertura del expediente criminal a pesar de las reticencias de sus superiores. Significativas connotaciones emocionales le harán hospedarse durante su investigación en la vivienda de Patrick Nichols. Acusado del asesinato de dos muchachas, Donna Malick y Clara Rose, perpetrado con una única y disparatada intención, fruto del dolor y la desesperación. Se entrevista en la cárcel Leavenworth, donde cumple condena, para tratar de dar luz sobre aspectos confusos de la narración y hechos investigados tiempo atrás. En esta incursión al pasado le acompañarán Jim Worth, detective local de suma eficiencia, transparencia e integridad. Tom, todoterreno, irónico, crítico y experimentado en los bajos fondos, Mark, antiguo hacker que secunda los análisis policiales con sus rastreos digitales y Liz, perspicaz forense, estos últimos, al igual que nuestro protagonista, integrados en Quántico, la academia de formación del FBI. Clarice Brown será el contrapunto a la labor policial como reportera pero también en el flujo interesado de la información que ambas partes suman a las indagaciones desde sus diferentes perfiles de actuación.
ENRIQUE LASO, THE GAME IS AFOOT. La vitalidad literaria de una obra la evidencian los numerosos lectores que se aproximan a ella. Será el tiempo quién determine si alcanza ese lugar de memoria que las buenas lecturas posan en aquellos para continuar impulsando su relectura en próximas generaciones. En las novelas policíacas, el tiempo no es ningún enemigo. Más bien lo contrario. Las historias no amarillean ni resultan ajadas. Nos permiten la traslación ajustada de centrarnos en el asunto principal, que no es otro que la condición humana y la degradación terminal que nos lleva a acabar con la vida de los otros. En toda nueva obra de genero policíaco, y en palabras de Sherlock Holmes, “El juego ha comenzado”. El autor de El rumor de los muertos, Desde el infierno o Los crímenes azules, nos ofrece una nueva entrega del peculiar agente del FBI y sus andanzas.
La sobresaliente capacidad intelectual que detenta le ha permitido ingresar en la agencia de investigación criminal norteamericana. Pero no es un detective. Ni siquiera porta arma. Es psicólogo, número uno de su promoción, graduado por la afamada universidad de Stanford y perteneciente a una familia pudiente de San Francisco. Le caracteriza la nebulosa de sus carencias emocionales, ciertos rasgos de síndrome de Asperger y sociopatía que acentúan su personalidad compulsiva. El tempo de la narración se inclina hacia un suspense gradual. La ilustración del contexto social de la América sostenida en los parajes infinitos y las carreteras secundarias que los transitan, embarcan al lector en un espacio definido por la distancia que parece encogerse con esta regresión al escenario criminal. El equipo investigador toca en la puerta de esta realidad. Proceden de la costa y cierto elitismo impregna sus ademanes progresistas. En esta otra América el conservadurismo y el desempleo conviven en las pequeñas poblaciones. A la recreación de las características genuinas, la novela aporta y comporta el conflicto interior de Ethan Bush, “Lo que hoy somos arrastra todo el poso de lo que ayer fuimos, pese que a que no compartamos parte de nuestras propias decisiones, pese a que ni tan siquiera lleguemos a recordarlas. Somos como un peñón de roca expuesto a las inclemencias de un arrecife” . Obra con la que los lectores disfrutarán y satisfarán desde las primeras páginas su apetito lector. @mundiario