Igor Barreto escribe El muro de Mandelshtam, un poemario sobre la memoria

Portada del poemario./ Bartleby Editores
Portada del poemario./ Bartleby Editores
"Todo termina la tarde del domingo donde la rueca los vuelve a dejar sin nada y el lunes el autobús más económico los retorna al centro de la ciudad", escribe el poeta venezolano.
Igor Barreto escribe El muro de Mandelshtam, un poemario sobre la memoria

Bartleby Editores publica El muro de Mandelshtam, del poeta venezolano Igor Barreto, una poesía donde la reivindicación no está reñida con una belleza inspirada en las vanguardias.

Hay un lenguaje propio porque hay un mundo propio. La valoración de la realidad está supeditada a una desesperanza que se ha ido acumulando en el propio paisaje social que Barreto describe a lo largo de sus poemas. Hay un lenguaje propio y un mundo propio en la voz de este poeta.

Publicado por Bartleby Editores, la poesía de El muro de Mandelshtam reivindica la insurrección ante la adversidad política y económica, pero  no a través de la facticidad de la revolución o la insurrección, sino a través de la memoria de los muertos, los perseguidos y los prisioneros.

El uso de la hipérbole como una forma dialógica entre autor y ese otro yo,  el poeta ruso Ossip Mandelshtam, contribuye a ese tono épico, que, sin desdeñar lo elegíaco, remite a la vanidad de una barbarie institucionalizada, donde al poeta solamente le queda la redención personal, ponerse a salvo, librarse del mal, a través de unos poemas, cuya estructura salmódica desemboca, por unos instantes, en ese tono purgativo de liberación personal frente a la destructiva paradoja de una historicidad que machaca y tritura: "La mujer tomó el martillo con su mano izquierda/ y se golpeó la frente./ De inmediato cayó al suelo./ Gimió durante media hora. (...)/ Desaparecieron los gatos mugidores/ el hombre en posición fecal/ en la violenta maleza del gueto" (pág. 49).

Y es ese uso hiperbólico del lenguaje es el que nos traslada a una visión apocalíptica de lo social y lo común, a una mezcla difusa e hipnótica entre lo real y lo imaginado, siempre que entendamos lo imaginado como un proceso de interiorización del dolor y de la impotencia ante la erosión y la violencia de unos sistemas políticos que operan con total impunidad: "No podía sentir miedo en aquella habitación tibia y luminiscente; vi que ascendían algunas esferas de aire exhaladas por mis pulmones, y escuché las risas de mis amigas ausentes de la tragedia que acontecía. (...) Y regresé al único pensamiento auténtico que en ese momento gobernaba mi alma: mi condición de pobreza". (pág. 44)

El manejo de diversos patrones textuales como el diario, las epístolas, el poema o la parábola contribuyen a ese eclecticismo del que la propia realidad se compone, pues ese eclecticismo es una manifestación armónica, la única posible, ante ese caos intencionado que la anarquía institucionalidada pretende para el sostenimiento de las oligarquías, tal y como se expresa en la parte "Retorno (a la Clase Media)": "Bajo la arcada de sus puentes/ viven incluso seres/ como perros sin nombre/cabeceando en la ondulación de un río turbio" (pág. 141).

Pero no hallo deshumanización en el poemario de Barreto, sin embargo. La aparente deshumanización es una reivindicación de lo simbólico y lo totémico que queda tras el asesinato, la memoria de una injusticia perpetrada contra los héroes sin nombre, una reivindicación de la dignidad de los ausentes y los desaparecidos.

Lo humano está ahí, en los exterminados, en los que lucharon, en los que no callaron, en los que sobreviven: "Se trata/ de la fantasía/ de alguien que duerme/ en una camilla de hospital/ enfermo de sida/ mientras la luz del amanecer/ tachona la habitación/ con alfileres fríos" (pág. 92).

La búsqueda de esas imágenes estremecedoras hilvana ese discurso carente de justicia, en el que la prédica de los desamparados acaba por tornarse en el verdadero protagonista del poemario, como si un ritual de símbolos ancestrales celebrase la presencia del "animal que somos", de la "incriminación", de "tu rostro hacia mi tumba", de la desolación que aguarda todavía la prosperidad: " Y pienso entonces/ que la raíz de lo que ansiamos decir, / aquello que en verdad somos/ suele estar/ en otra parte" (pág. 60). @mundiario

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