El Día de las Letras Gallegas

Cantares Gallegos, poemario. / Faro de Vigo
Cantares Gallegos, poemario. / Faro de Vigo

Un 17 de mayo de 1863 se publicó Cantares Gallegos, obra cumbre de la literatura gallega. Un siglo después, la Real Academia Gallega estableció ese día como el día de su celebración

El Día de las Letras Gallegas

El Día de las Letras Gallegas fue instaurado por la Real Academia Gallega el 17 de mayo de 1963,  exactamente un siglo después de la Publicación de Cantares Gallegos, obra de una de nuestras más insignes escritoras gallegas: Rosalía de Castro. Precisamente la Real Academia Gallega aprovechó la fecha de publicación de Cantares Gallegos- un 17 de mayo- para instituirla y así quedó fijada.  

Rosalía de Castro fue de una clase social mucho más baja que otra gran escritora gallega, Emilia Pardo Bazán, y también su obra literaria es de una gran profundidad, aunque distinta. Con ocasión del centenario de Emilia Pardo Bazán, el año pasado tuve ocasión de leer Insolación, una obra menos conocida que los Pazos de Ulloa, pero muy curiosa y bien escrita que retrata con gran precisión las costumbres de su época y el carácter de los andaluces, tópicos incluidos. Todavía más interesante es su creación cuentística con algunos relatos muy originales, sobre todo en su desenlace; pero Emilia Pardo Bazán escribía en castellano. Era una escritora culta, muy formada, y muy alejada de la vida que vivió Rosalía de Castro, más cercana al pueblo gallego, al campesinado. Su escritura reivindicadora marca el comienzo del “Rexurdimento” (Movimiento que supuso- como se deduce de su nombre- el resurgir de Galicia en el aspecto literario).

Tendría yo unos ocho o nueve años cuando, casi sin pretenderlo, comencé a adentrarme en el mundo de la literatura gallega; había en casa de mis padres un librito pequeño de pasta azul marino con cenefas doradas cuyo título rezaba Cantares Gallegos. No recuerdo cómo comencé a leerlo, pero poco a poco fui memorizando un poema muy conocido, melodía incluida. Cual no sería mi sorpresa que, varios años después, un día en clase de lengua gallega la profesora comenzó a leer ese poema. Me lo sabía de memoria y lo canté desde el pupitre. La maestra se quedó muy sorprendida y me animó a cantar de pie frente a mis compañeras: “Adiós ríos, adiós fontes, adiós regatos pequeños…”.

Recuerdo aquel suceso con gran precisión, y un nuevo vínculo se fraguó con la literatura. Me senté de nuevo con esa clase de sentimiento- típico del orgullo infantil- por saber algo que mis compañeras no sabían, unido a otro muy especial que no podía definir del todo: la vinculación con una poetisa que me hablaba desde las páginas de un libro en un idioma que me era relativamente cercano, conexión que luego lo olvidé. Un año después estaba en clase de gallego y se leyó un cuento fantástico, lleno de luz, de otro famoso escritor gallego: Álvaro Cunqueiro.

Cunqueiro es un escritor tan imaginativo, que al mismo tiempo mezcla fantasía y costumbrismo con tanta gracia que te sientes identificada con él, rasca esa parte “galeguiña que temos os que somos de aquí”. Al leer su cuento me sentí atraída por su prosa imaginativa, pues me llevaba a otros mundos, mundos en los que -pese a mis trece años- aún quería creer. Me gustó tanto que cuando se lo comenté a mi padre, me acompañó a la librería Arenas para comprarme un ejemplar de ese libro: Xente daquí e dacolá.

Hace un par de años lo volví a comprar - ¡a saber dónde se encuentra ese primer ejemplar ahora! - y no solo no me defraudó, sino que incrementó mis expectativas. Álvaro Cunqueiro es un gran escritor, quizás no tan valorado, pues se suelen asociar los mundos fantásticos a la literatura para niños; una literatura menor. Y, sin embargo, cuando leemos, siempre viajamos a otros mundos; la lectura es una forma de evasión- incluso en el ensayo hay una búsqueda de reafirmación de las propias ideas o, en su caso, una búsqueda de las ideas de otro. Los mundos que buscamos cuando leemos dependen de nuestro estado anímico, y según lo más o menos felices que seamos con nuestras vidas en ese momento, con el libro escogido buscaremos pasar el tiempo o profundizar. También reírnos.

Lengua gallega, vehículo dulce de expresión

La lengua gallega es un vehículo dulce de expresión, un lenguaje muy poético, y se presta bien a la poesía. Mi libro Palabras Luminosas para tiempos inciertos contiene un relato escrito en gallego titulado Luscofusco. En el momento en que lo escribí (lo envié al concurso Relatos de Verán de La voz y fue publicado) comenzaba a interesarme sutilmente por el gallego; entre otras razones, porque estábamos confinados y los pocos viajes que hacía eran por mi tierra, lo que me permitió reconciliarme con mi condición de gallega.

Sorprende cuán diferentes son las autonomías, desenvueltas a lo largo de siglos de historia; cómo la pujanza económica fragua una identidad mucho más sólida que otra menos favorecida. Cómo la clase política puede favorecer o no a unos u otros y cómo los vientos de cambio nos pueden dejar con la cara cambiada.

Me estoy refiriendo a dos cosas: la minusvaloración a los gallegos, el desprecio hacía ellos y su idioma (yo no lo tuve que vivir, pero eso era lo que se vivía en la época de mis abuelos maternos, por ejemplo) y los prejuicios subsisten durante al menos dos generaciones. Por eso, un siglo antes Rosalía De Castro diría: “Castellanos de Castilla, tratade ben os galegos, cando van, van como rosas, ando ven, ven como negros…”. Y los vientos de cambio que nos dejan la cara cambiada a que me refería antes es que ahora el gallego es mucho más valorado. Antes se prohibía, y había una censura tácita a hablarlo y ahora incluso se inventan palabras que yo, como gallega, desconozco.

En cambio, la burguesía catalana forjó una conciencia social mucho más robusta, unida a su poderío monetario. El que la Constitución Española de 1978 haya querido dar café (contentar) para todos como dijo coloquial, pero acertadamente el político Alfonso Guerra hablando de aquella época de transición política, otorgó más privilegios a algunas comunidades en detrimento de otras y ello ha dado lugar -con el tiempo- a exigencias mayores a todos los niveles, pasando por el ya conocido “procés”, del que no voy a hablar para no desviarme del tema.

Solo apuntaré aquí que ningún nacionalismo podrá ser justificado por la vía de la violencia, sino del consenso, que la conciencia de nación no es solo mental, sino emocional- lo que muchos políticos aprovechan para fragmentar a la sociedad y acumular mayores cotas de poder- y que nunca habrá ninguna fuerza física por la que se pueda reconocer un país o un nuevo país, salvo la voluntad de los que lo rodean. Todo país que quiera ser reconocido como realidad “nueva” debe ser reconocido por la comunidad internacional; porque un país es una entelequia, no existe físicamente salvo en la conciencia de identidad de cada persona, y, además, todo cambio supone siempre consecuencias a largo plazo, comenzando por las económicas.

Sentimiento de pertenencia

Dicho esto, me siento gallega. Pero es un sentimiento de pertenencia a una tierra prodigiosa, contradictoria, salvaje en su orografía, fascinante, llena de supersticiones- as meigas, por ejemplo- en la que he nacido, pero no reniego de mi pertenencia a España. Esa conciencia de especialidad dentro de una conciencia mayor es lo que creo nos dota de una mayor robustez.

Desde la creación del día de las letras gallegas cada año se conmemora la literatura gallega vinculada a un autor. La primera homenajeada fue Rosalía de Castro y los autores que la sucedieron fueron figuras muy importantes de la literatura gallega. Así que mi amor por la literatura gallega se fue fraguando en mi infancia, aunque no lo suficiente como para que me animase a escribir en gallego, quizás por considerarla una “lengua menor” influida por prejuicios sociales: los mismos que hicieron a Rosalía denunciarlos en sus textos. Fue una mujer reivindicadora; quizás por eso se granjeó el respeto y consideración de Manuel Murguía -él mismo la animó a publicar Cantares Gallegos- y se casaron en 1858. Murguía fue homenajeado con su propio día en el año 2000.

El himno gallego siempre me pareció grandioso, tanto por la letra como por la melodía. Un himno que despierta el sentimiento de pertenencia a un pueblo. Eduardo Pondal compuso un poema épico, al que hago referencia en mi novela El beso -aún sin publicar. Es una novela muy personal en la que algunas escenas las escribo en gallego, con varios personajes de mi tierra.- La fecha asignada a Pondal por la RAG fue 1965, tras Rosalía de Castro y Castelao, un escritor exiliado, al igual que el homenajeado este año, Florencio Delgado Gurriarán; nacido en Córgomo, en su casa se hablaba en gallego, lo que le llevó a decir: “Es la tara que nosotros tenemos porque, sin rechazar el castellano, desde luego, es un sistema absurdo el empezar en un idioma ajeno, aunque sea muy familiar, muy parecido…”. Podría decirse que Gurriarán era de una clase más alta que Rosalía de Castro y menos acomodada que Emilia Pardo Bazán, y quizás el haber “mamado“ el gallego en casa desde la infancia creó en él una conciencia galleguista similar a la de Rosalía; viviendo en México, hizo de puente en la difusión del gallego como idioma allende nuestra geografía y debe reconocerse el mérito, aún póstumo, a aquellas personas capaces de ensanchar el conocimiento de una lengua, incluso el conocimiento de su existencia.

Todavía nuestros escritores de antaño estarán preguntándose qué dicen los rumorosos. Qué se cuentan -entre sí- con su rumor, los pinos de la costa verdescente… Maravilloso adjetivo para calificar nuestra costa. Si Pondal viviera podría decirnos en que se inspiró para aludir al luar, una hermosa palabra gallega que no tiene equivalente en otro idioma (salvo en portugués) y se refiere a la luz de la luna. Quienes hayan visto la Televisión Gallega desde sus comienzos sabrán a qué me refiero, pues existe desde sus comienzos un programa llamado Luar.

En la última parte de su himno, Pondal parece ponerse serio: Os tempos son chegados dos bardos das edades que as nosas vaguedades cumprido fin terán.

Digamos con él: ¡Viva a Nazón de Breogán e viva o día das letras galegas! @mundiario 

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