Cuando no había cuotas en el cine ni autocensura nacían historias como Crash

Fotograma de Crash.
Fotograma de Crash.
Hoy la película no sería financiada porque deja en mal lugar a los negros, a los chinos, a los blancos, a los persas, a las mujeres y a los hombres… nadie es eminentemente bueno ni malo, nadie es una víctima del sistema.
Cuando no había cuotas en el cine ni autocensura nacían historias como Crash

 “¿Debemos ser tolerantes ante las posiciones racistas de nuestros semejantes?”, Carlos Caridad escribía esta pregunta en 2006 en la web Espinof sobre la película Crash (2005), ganadora al Óscar a Mejor Película, Mejor Guión Original y Mejor Montaje

Es una pregunta que resume generosamente la temática del film. Una obra que dirigió, produjo y escribió Paul Haggis, en un inicio del siglo XXI marcado por los atentados del 11S contra las Torres Gemelas de Nueva York y que cambió por completo, y en todo el mundo, los protocolos de protección de los ciudadanos dando paso a un desarrollo de la tecnología móvil y, digámoslo, el espionaje que vivimos hoy en día.

Si bien Crash levantó ciertas polémicas en su momento por el modo de presentar las tensiones raciales, latentes aún actualmente en un país tan racista como los Estados Unidos de América, la película tiene un buen envejecer y un montaje de las historias que pocos trabajos posteriores han conseguido impactar de igual modo.

Y seamos sinceros, trabajos cinematográfico sobre las razas y la intolerancia de todas ellas, independientemente del color de la piel, no abundan. Actualmente priman los posicionamientos, ahí tenemos Antebellum que hemos comentado en esta columna anteriormente, pero no las miradas críticas en cualquier dirección. Lo que ocurre en la sociedad queda plasmado también en el cine y hoy no hay equidad, solo posiciones enfrentadas: si no eres feminista, eres machista; si no eres de izquierdas, eres de derecha; si no eres de derechas, eres un progre; si no apoyas el Black Live Matter, eres racista; si no eres pijo, eres perroflauta; etc. etc. etc. Si no tienes una etiqueta, no eres nadie, pareciera decirnos esta extraña sociedad que nos han creado y a la que alimentamos.

En una entrevista de Paul Haggis para HuffPost en 2015 declaró sobre el film que “fue un experimento social. Quería joder a la gente. Estaba cansado de que mis amigos y la gente con la que trabajaba no pudieran ver todo lo que nos rodeaba. Fue tan obvio para mí… y creo que fue tan obvio para mí solo porque soy un canadiense que no creció con todo lo que nos rodeaba. Es bueno ser un extraño. Estás a medio paso de todos los demás.” ¿Cuántas veces necesitamos apartarnos de la realidad que nos rodea para ver las cosas con claridad? El ejemplo más palpable lo tenemos en aquellos que se marchan de su país en busca de mejores oportunidades. Quienes hemos pasado por ello vemos “nuestro territorio” abandonado con una extraña claridad y nos atrevemos a señalar lo que está mal, envalentonados y sabedores de que lo que pase allá no nos afectará porque ya estamos muy lejos.

Haggis se encontraba en esa provechosa situación y escribió uno de los mejores guiones de su carrera. Y es mucho decir de alguién que firmó también el guión de Million Dollar Baby (2005), el díptico de Iwo Jima que dirigió Clint Eastwood o dos de James Bond, Casino Royale (2006) y Quantum of Solace (2008).

Haggis ha explicado en diversas ocasiones la motivación para escribir este guión imperecedero y es algo tan mundano como ver a gente desplazarse a lugares lejanos dentro de su misma ciudad para acudir a zonas de moda donde hay restaurantes o un centro comercial, cuando quizá, cerca de su casa, obtiene lo mismo. Él mismo se preguntó ¿por qué? “se me ocurrió esta ridícula teoría, que era que, como seres humanos, a nivel genético, necesitamos el contacto de extraños. Lo necesitamos en algún nivel primordial, y si no lo obtenemos y nos aislamos, nos enojamos y el aislamiento destruye nuestra alma”, declara el director. Esta teoría traída al tiempo actual condensa en cierto modo lo que nos está ocurriendo fruto de una pandemia que no cesa y que nos mantiene aislados, enojados y polarizados, dentro de una sociedad en la que la corrección política lo inunda todo y la censura externa y autoimpuesta cercena nuestro desarrollo psíquico.

Hoy Crash no sería financiada porque deja en mal lugar a los negros, a los chinos, a los blancos, a los persas, a las mujeres y a los hombres… nadie es eminentemente bueno ni malo, nadie es una víctima del sistema, y todos somos culpables y responsables de nuestros actos tanto por cómo afecta a nuestra propia persona como a los demás a modo de daños colaterales. El enfado individual es el enfado social y en los tiempos que corren presta más mostrar facciones enfrentadas en las que unos son buenos y otros malos. Es tan simplista como efectivo. Por eso Crash sigue siendo provocadora dieciséis años después. @opinionadas en @mundiario

Cuando no había cuotas en el cine ni autocensura nacían historias como Crash
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