Cultura de masas y la labor del intelectual

Medios digitales. / jerpublicidad.com
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Como dice Vargas Llosa: hoy ese eco está reducido debido a los nuevos focos atención que captan las miradas ingenuas del colectivo. 
Cultura de masas y la labor del intelectual

Como dije en anteriores artículos, pienso que este fenómeno, así como ayer se vio alimentado por las corrientes totalitarias, hoy está siendo altamente promovido por las corrientes progresistas y, sobre todo, populistas. Aunque, me pongo a pensar, quizás sea como esa pregunta de qué cosa fue primero, si el huevo o la gallina, pues es también probable que sea la cultura de masas, como fenómeno propio de la modernidad, la causante del deterioro en el que ahora está la labor política en la mayor parte del mundo. En realidad, creo que es difícil saber cuál de los dos fenómenos antecedió, y esa cuestión la dejamos para los investigadores.

Creo que buena parte del meollo de todo este asunto está en la cantidad de lectura de calidad de antes y de hoy. Antes, hasta fines del siglo XIX, las personas leían más porque no había radio ni televisión. Pero también es cierto que eran muchas menos personas las que leían, pues gran parte de las poblaciones estaba sumida en el más absoluto analfabetismo debido tanto a la inexistencia de televisión y radio como a la limitación del acceso a la educación. La modernidad del XX trajo consigo muchos más soportes de difusión cultural y una relativa democratización de la educación colegial y universitaria en general. Pero fueron las modas rupturistas en el arte y, sobre todo, las ideologías políticas que apelaban al colectivismo social (fascismo y comunismo) las que alimentaron una cultura de bajos niveles estéticos que, en su mayor parte, agradó a la persona del común precisamente por su poca exigencia para ser entendida. Finalmente, a todo ello se agregó la era cibernética y de la digitalización, que aceleró procesos, acortó distancias, eliminó relaciones humanas y simplificó cosas (entre éstas, el arte y la cultura). En suma, creo que el debate de cuándo se leía más, si ahora o antes, es complicado, pero de todas maneras no innecesario. En todo caso, esta cuestión también la dejamos para los académicos.

En este fenómeno de la difusión masiva de la cultura de masas, existen cuatro factores: 1) el poder político, 2) los productores de la susodicha cultura de baja calidad (y su consiguiente producto cultural), 3) la persona que gusta de la cultura de masas y, como cuarto elemento, 4) los medios de comunicación. En esa tetralogía hay un elemento relativamente pasivo, que es el tercero, o sea, la persona que gusta de la cultura de baja calidad. Los otros tres son activos en el sentido de que pueden generar algún cambio en la dinámica fenoménica. Así, tenemos que el poder político podría implementar políticas públicas de cambio, o los productores de la cultura de masas podrían dejar de producir o mejorar el nivel de lo que producen, o, finalmente, los medios de comunicación podrían dejar de amplificar las trivialidades o tonterías propias de la cultura de masas.

Dado que hoy por hoy Latinoamérica está viviendo en un periodo de vacuidad y populismo, por un lado, y, por otro lado, no habría razón para pensar que los productores de la cultura de masas vayan a dejar de producir lo que hacen, pues de ello depende su prosperidad económica y su fama, el único factor del cual se podría esperar un cambio para un subsecuente cambio en el fenómeno, es el cuarto factor: los medios de comunicación.

Hablo específicamente de los medios de información masiva: prensa escrita, televisión y radio. En ellos solo incluiría a los medios privados e independientes y no a los estatales, pues dado que éstos están al servicio de los intereses del Gobierno, sus intereses están precisamente en el atontamiento de las masas; por tanto, esperar de ellos algún cambio en pro del pensamiento crítico y la reflexión neutral sería iluso. Tampoco incluyo al internet, entendido éste como los blogs o las redes sociales, pues es un espacio abierto y gratuito desde el cual cualquier persona puede escribir o expresar cualquier sandez.

Tenemos, entonces, que los medios de información independientes y privados tienen el control sobre un eventual cambio en la atenuación de la cultura de masas. Con esto me refiero simple y llanamente a que si se publican gradualmente contenidos menos triviales y sí más edificantes para el espíritu y el raciocinio humano, ellos estarán actuando como agentes educativos benéficos de la opinión pública. Todo esto tiene que ver, como se habrá notado, con flujos y procesos de información unidireccionales y con monopolios de información que van en franca colisión con la democratización de la información. Pero es la única salida viable para desbaratar el relativismo informativo y la baja calidad cultural que atrae a las mayorías.

Quepa apuntar que este problema es más difícil de resolver conforme transcurre el tiempo, es decir, conforme las masas de gustos culturales plebeyos se van acrecentando y expandiendo, pues dado que cada vez más personas gustan de contenidos fáciles y repelen reseñas literarias o críticas de arte, los medios de información, por razones de índole ganancial, serán más reacios a elevar la calidad intelectual de sus contenidos.

Ahora bien, hablé de periódicos, televisión y radio. Pero pongo más mi esperanza en los primeros que en la segunda y la tercera, pues es el soporte escrito, por razones obvias que ahora no tienen que ver directamente con el tema, el que alberga contenidos de tipo más intelectual, crítico y reflexivo.

Y es ahora que quiero hablar de la labor del intelectual en el remolino de la cultura de masas de hoy en día. Antes, el intelectual tenía una resonancia verdaderamente importante en la sociedad y en la vida pública. Sin embargo, como dice Vargas Llosa, hoy ese eco está reducido debido a los nuevos focos atención que captan las miradas ingenuas del colectivo. Es por eso que pienso que los círculos de intelectuales deben comenzar reenfocar sus prioridades de trabajo y además revisar los valores humanos que predican en sus escritos. Como dice Salvador Romero Pittari en su libro El nacimiento del intelectual, el intelectual desempeña —o debería desempeñar— en la sociedad, ya desde principios del siglo XX, una suerte de magisterio moral y de conducción, no solamente para los colectivos y las masas, sino para los mismos políticos. Algo así también anunció Victor Hugo en el prólogo de las Odas (1824), otorgando a los escritores y poetas la misión de agarrar la antorcha de la luz para la civilización de los pueblos.

En este sentido, y para terminar, quisiera referirme específicamente al columnismo actual, y decir que muchos textos que se publican diariamente no son nada diferentes a los galimatías que pronuncian los políticos todos los días. Se advierte una baja calidad de escritos (obviamente hay notables excepciones, en todo). Escribir un artículo de opinión o incluso tuitear (si se es líder de opinión o intelectual) es un ejercicio de responsabilidad para con la sociedad. De este modo, los tópicos abordados deben apuntar siempre a la profundidad y la reflexión crítica y no a la querella o la propaganda política, como se hizo tristemente durante tantos años en el periodismo nacional (como en el periódico La Calle, del MNR), y que tanto daño le hizo a las mentalidades bolivianas, tan simplistas y conservadoras hasta el día de hoy, en el peor sentido de este término. @mundiario 

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