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Cuentos serios de bufones: Sietecejas

Érase una vez, hace más o menos equis años y en un lugar en Google Maps, un bufón llamado Sietecejas, huyendo de una solemne, severa y temida autoridad... 

Cuentos serios de bufones: Sietecejas
Caricatura de Alex y Pepe Pelayo. / Alex y Pepe Pelayo.
Caricatura de Alex y Pepe Pelayo. / Alex y Pepe Pelayo.

Pepe Pelayo

Escritor y comediante.

Érase una vez, hace más o menos equis años y en un lugar en Google Maps, un bufón llamado Sietecejas, huyendo de una solemne, severa y temida autoridad.

Se trataba del Cardenal de la Corte, el cual aplicaba con suma rigidez sus leyes morales en aquel Reino, incluso por encima del Rey. Por era era famoso por castigar a los que se atrevían a reír en público. Y sus castigos iban desde cadena perpetua por una sonrisa, hasta la guillotina por una carcajada.

Una mañana como otra cualquiera, recibió una carta firmada por La Muerte donde le decía que iría a llevárselo, inobjetablemente, esa misma noche.

La poderosa autoridad tembló de miedo, porque conocía esa antigua historia (muy requeteusada por los escritores, por cierto). Y estuvo un buen rato pensando, hasta que al fin decidió traer a su presencia y sin que nadie supiera, a Sietecejas, el bufón de la Corte, que él mismo estaba persiguiendo sin descanso desde el inicio de su mandato. 

Tomó intensivas clases con el cómico, y en pocas horas aprendió a desplazarse y moverse de forma graciosísima, de memoria logró repetir un sinnúmero de chistes y de respuestas ingeniosas a situaciones comunes y aprendió a disfrazarse y maquillarse como un verdadero bufón. 

Llegó la noche y a la hora fijada, la figura oscura, con capucha y guadaña en mano tocó a la puerta del aposento del nervioso Cardenal, que le abrió con el corazón en la garganta. Lucía un pintoresco disfraz de bufón. Hizo un saludo muy exagerado inclinando su cuerpo, de una manera tan cómica que hubiera hecho reír al ser más amargado del universo.

Pero la superseria, grave y solemne Muerte, preguntó por el Cardenal y el falso bufón contó varios chistes ingeniosísimos en medio de su respuesta, para finalmente informarle que ya en ese Castillo no vivía nadie con esas señas.

Extrañada, La Parca dio media vuelta y se fue.

La autoridad entonces entró y comenzó a reír de alegría. Fueron tantas las carcajadas que le vino un ataque de risa, como nunca antes en la vida había tenido.

El bufón Sietecejas, llegó al final del pasillo, se quitó el ropaje y la capucha, soltó la guadaña y regresó al dormitorio del Cardenal para conocer su reacción por haber burlado a La Muerte.

La puerta estaba entreabierta. Lo encontró tirado en el piso, literalmente muerto de risa. @mundiario