Cuentos serios de bufones: Rutencilio

Caricatura de Alex y Pepe Pelayo. Alex y Pepe Pelayo.
Caricatura de Alex y Pepe Pelayo. / Alex y Pepe Pelayo.
Érase una vez, hace más o menos equis años y en un lugar en Google Maps, un bufón llamado Rutencilio, haciendo reír a todos en Palacio...
Cuentos serios de bufones: Rutencilio

Érase una vez, hace más o menos equis años y en un lugar en Google Maps, un bufón llamado Rutencilio, haciendo reír a todos en Palacio, cuando de repente entra al Salón el Ujier para informarle a su Majestad que frente al escenario de la plaza pública destinada a obras de teatro, estaba a punto de desencadenarse una gran reyerta entre dos familias nobles de la Villa, ambas con sus respectivos siervos bien armados.

Enseguida el Rey envió a un Mariscal con un pelotón de sus hombres a resolver el conflicto.

Con la seguridad de que conseguiría la paz, el Rey le pidió al bufón que siguiera deleitándolos con sus ocurrencias. Y eso hizo el aludido. Volvió a hacer reír a todos con sus chistes, imitaciones, sus sátiras e ironías.

Pero al rato fue interrumpido con la abrupta llegada del Mariscal para informarle al Rey que hizo lo posible, pero ambos bandos en disputa se les enfrentaron, ya que querían pelear de todas formas. Y él y su pelotón se vieron superados.

Entonces el Rey mandó a llamar a su General y lo envió con la Guardia Real a disolver como fuera aquella grave situación.

Rutencilio fue de nuevo requerido para hacer disfrutar de su repertorio a los presentes. Y en eso estaba cuando de pronto las puertas del Salón se abrieron con violencia, haciendo su entrada el General. Su noticia, como su expresión, era sombría. No pudo convencer a los contrincantes. Y cuando decidió usar la fuerza, fueron superados por ellos.

El Rey no podía creerlo. Además de reprender con dureza a su Mariscal y a su General, solo se le ocurrió ir él en persona, con todo su ejército y tratar de disolver el conflicto.

En ese momento Rutencilio se ofreció solucionar el conflicto, pero con la condición de que nadie lo acompañara. Todos rieron. Entonces el Rey le respondió que si el Mariscal y el General con sus hombres no habían podido, cómo un simple e insignificante cómico podría hacerlo. Pero el bufón insistió con firmeza y al Rey no le quedó más remedio que ceder y permitir que fuera. Total, no perdía nada con el intento.

Rutencilio llegó al lugar de la inminente batalla. Sucedería frente al escenario de la plaza donde momentos antes se iba a representar una conocida obra.

El ambiente estaba denso. Ambas familias rivales se odiaban a muerte desde hacía mucho tiempo. Pero el enamoramiento entre el hijo del cabeza de una de las familias con la hija del cabeza de la otra, había desencadenado la crisis.

El bufón entonces comenzó a conversar con los dos patriarcas en discordia. Se produjo un profundo silencio, porque se sabía que si no funcionaba esa mediación, se vendría enseguida el sangriento enfrentamiento.

Pero de repente ocurrió algo inesperado. No se sabe lo que les dijo Rutencilio, pero los enemigos mortales rieron y se estrecharon las manos.

Fue imposible controlar la explosión de júbilo en todos los presentes.

Hasta los actores se subieron al escenario a aplaudir y llegando desde el fondo, el director—escritor de la obra gritó: “Es más fácil obtener lo que se desea con una sonrisa que con la punta de la espada”.

A Rutencilio le encantó la frase y se acercó al hombre con su mano extendida. “¿Cómo te llamas?”, le preguntó. “Williams Shakespeare”, le respondió el artista. “Te auguro un gran futuro, Bill”, le dijo el bufón, entre la risa de todos. @mundiario

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