Cuentos serios de bufones: Dizfolio

Caricatura de Alex y Pepe Pelayo. Alex y Pepe Pelayo.
Caricatura de Alex y Pepe Pelayo. / Alex y Pepe Pelayo.

El escritor, comediante y estudioso de la teoría y la aplicación del humor, Pepe Pelayo, presenta la sección "Cuentos serios de bufones" con un mensaje sobre la importancia de la risa, el humor y su aplicación en la vida.

Cuentos serios de bufones: Dizfolio

Érase una vez, hace más o menos equis años y en un lugar en Google Maps, un bufón llamado Dizfolio, dejando su típico vestuario algo sucio en una lavandería, la cual era orgullo de todos en la aldea por su eficiencia.

Entrando, en un primer espacio —el más limpio—, se veían colgados en perchas los elegantes trajes para caballeros, barones, marqueses, etc., y los vestidos vistosos de color negros y rojos con ribetes dorados de las damas. 

En un rincón de ese agradable salón, estaba la ropa de los niños y niñas de la nobleza.

En un segundo espacio —algo más pequeño que el primero—, se veía un enorme bulto en el piso formado por la ropa de los comerciantes, curas, jueces y demás distinguidos miembros de aquel feudo y sus esposas, claro está.

Una tercera salita acogía la ropa de los hijos e hijas de los dueños de las ropas de los dos anteriores espacios.

Y aún más atrás, se encontraba una cuarta pieza —angosta y oscura—, antes de llegar al patio enorme por donde pasaba un riachuelo, lugar en que las lavanderas trabajan con sus manos. Pues en ese diminuto lugar, colgaba de un clavo en la pared un camisón a colores y unos pantalones abombados. Debajo, tirados en el piso, un par de zapatones con cascabeles y al lado de éstos, un sombrero de tres picos, también con cascabeles en sus puntas. Todo propiedad del bufón Dizfolio.

Lamentablemente esa noche, después de marcharse la última de las lavanderas, una vela mal apagada provocó un fuego en el salón principal. Las llamas crecieron rápidamente. Pero enseguida los vecinos, con baldes de agua del riachuelo del fondo, lograron apagarlo, no sin esfuerzo. 

Al final del siniestro, los presentes observaron boquiabiertos, cómo los trajes elegantes y vistosos estaban inservibles por el fuego y en el mejor de los casos desteñidos por el agua. Pero lo increíble fue ver que las ropas de las niñas y los niños estaban intactas. Se podían ver impecables, debajo del traje del bufón Dizfolio que los cubría. Éste lucía algo chamuscado, sí, pero con sus vivos colores aún.

Una sonrisa cómplice de agradecimiento unió a los presentes. Pepe Pelayo en @mundiario

Cuentos serios de bufones: Dizfolio
Comentarios