Cuentos serios de bufones: Nitonisón

Caricatura de Alex y Pepe Pelayo. Alex y Pepe Pelayo.
Caricatura de Alex y Pepe Pelayo. / Alex y Pepe Pelayo.

Érase una vez, hace más o menos equis años y en un lugar en Google Maps, un bufón llamado Nitonisón, entrando a la Cámara Real del Palacio de aquella Villa, donde estaba el Rey, postrado en su lecho, padeciendo de una súbita grave enfermedad...

Cuentos serios de bufones: Nitonisón

Érase una vez, hace más o menos equis años y en un lugar en Google Maps, un bufón llamado Nitonisón, entrando a la Cámara Real del Palacio de aquella Villa, donde estaba el Rey, postrado en su lecho, padeciendo de una súbita grave enfermedad.

Cuentan que en ese instante el bufón Nitonison contó un breve chiste y el Monarca comenzó primero a sonreír y después a reír, levantándose de la cama.

Y la risa, se extendió por los pasillos, recámaras, salones y demás dependencias del Castillo.

Un cocinero que terminaba su turno de trabajo salió de allí riendo y contagió a su familia y a sus vecinos. En pocas horas se reía también toda la aldea.

Con un comerciante ambulante la risa se trasladó a todo el Reino. Y el mensajero de otro Rey que pasaba por esos lares rió y contagió a los súbditos de lejanas tierras. Enseguida todos los Reinos conocidos —y hasta los desconocidos—, reían.

Entonces los marineros embarcaron la risa hacia otras naciones y en poco días los pobladores, ricos y pobres, humildes y poderosos, mujeres y hombres, negros y blancos, religiosos y ateos, traidores y leales, de todos los continente reían a más no poder. Pero eso no paró ahí.

Cuentan que unos extraterrestres abdujeron a varios seres, como hacen siempre para sus estudios y se contaminaron con la risa. Así, al desplazarse la nave por el espacio sideral, la hilaridad se extendió por todo el universo en muy poco tiempo.

Dicen también que en una lejana galaxia, un dios trataba de rehacer un planeta que sus propios habitantes lo habían destruido por ignorancia, egoísmo y ambición, y que a pesar de su inmenso poder ese dios se demoró seis días y tuvo que dejar de trabajar el séptimo, debido a su incontenible risa.

Por supuesto, mucha gente no cree en este cuento porque ellos afirman que ese dios no existe, otros aseguran que es imposible que haya sucedido en realidad esa epidemia de risa. Hasta hay quienes no creen que hayan existido bufones con esa potencia en sus gracias.

Lo cierto es que no es fácil creer lo que cuenta esta historia. Pero para los creyentes o no creyentes, lo importante es que al leerla sientan una sonrisa interior y se la transmitan a los que los rodean.

Está demostrado científica e históricamente que eso también lo pueden provocar los bufones como Nitonisón. Pepe Pelayo en @mundiario

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