Cuentos serios de bufones: Glamboyo

Caricatura de Alex y Pepe Pelayo. Alex y Pepe Pelayo.
Caricatura de Alex y Pepe Pelayo. / Alex y Pepe Pelayo.
Érase una vez, hace más o menos equis años y en un lugar en Google Maps, un bufón llamado Glamboyo, saliendo del Castillo a pasear y despejar su mente, cuando fue alcanzado por un famoso pintor.
Cuentos serios de bufones: Glamboyo

Érase una vez, hace más o menos equis años y en un lugar en Google Maps, un bufón llamado Glamboyo, saliendo del Castillo a pasear y despejar su mente, cuando fue alcanzado por un famoso pintor.

   —Necesito un favor tuyo, Glamboyo —le pidió en artista.

   —Por supuesto, dime —respondió el bufón.

   —Hace falta que vayas a casa de una dama a la que recién le hice un retrato. Ella tiene algo extraño, porque no ríe con nada. Creo que está demasiado deprimida.

   —Yo me encargo, Maestro, no se preocupe.

Desde ese día el bufón Glamboyo se hizo amigo de la mujer y comenzó a visitarla a diario para conocerla mejor. A los poco días ya sabía que su pésimo ánimo era por una tremenda decepción amorosa que había tenido y aún sufría mucho con eso.

Entonces le empezó a contar chistes sobre el tema, poniéndose él como protagonista de situaciones similares a la de ella, riéndose de sí mismo. Su nueva amiga fue comprendiendo que al reírse de su problema, éste iba disminuyendo su importancia. Y aunque no se atrevía a reír aún, de buena gana recibía a Glamboyo con sus constantes gracias.

Hasta que llegó el día en que su rostro fue marcándose con una mínima sonrisa, casi imperceptible, al escuchar un chiste muy cómico sobre exactamente lo que le sucedió a ella. El bufón se dio cuenta y continuó sin parar con sus bromas.

Entonces su amiga comenzó a alternar su constante seriedad con la expresión algo misteriosa, que a cada rato le producía el dibujo de una media sonrisa en sus labios.

El bufón lo tomó como avance en su “tratamiento”.

Y en plena función del cómico a la dama, se escuchó un griterío en la calle. Era el gran pintor que llegaba corriendo con cara de mucha extrañeza.

   —¡Glamboyo! ¡Glamboyo!

   —¿Qué sucede, Maestro?

   —Estaba preparando una mezcla para darle unos toques al paisaje detrás del retrato que le hice a esta señora —soltó de un tirón el artista, señalando a la mujer—, cuando de pronto me fijo… ¡y en su rostro apareció una sonrisita que yo no había pintado!

Al escuchar aquello, el bufón Glamboyo sonrió enigmáticamente, imitando a su amiga Gioconda. Pepe Pelayo en @mundiario

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