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MUNDIARIO

Cuentos serios de bufones: Femberto

El escritor, comediante y estudioso de la teoría y la aplicación del humor, Pepe Pelayo, presenta la sección "Cuentos serios de bufones" con un mensaje sobre la importancia de la risa, el humor y su aplicación en la vida.

Cuentos serios de bufones: Femberto
Caricatura. / Alex y Pepe Pelayo.
Caricatura. / Alex y Pepe Pelayo.

Pepe Pelayo

Escritor y comediante.

Érase una vez, hace más o menos equis años y en un lugar en Google Maps, un bufón llamado Femberto, viviendo momentos terribles.

   Sí, en todos los reinos en cuarenta leguas a la redonda, sucedían cosas extrañas. En pocas palabras, ¡se había desatado una ola de robos a bufones! 

   Esa etapa de la Historia de le conoce como “La Trata de Risas”. Consiste en robarle la sonrisa, o la risa, o la carcajada a un bufón y venderla en los reinos lejanos. Cuentan que en esos lugares muchas personas nacen sin ese don o lo han perdido, por lo que tratan de comprarla en el mercado negro. Pues al bufón Femberto le ocurrió y para él y para su público en la Corte y en la aldea fue un trauma impresionante.

   Los risotraficantes habían proliferado en todos los reinos cercanos. Incluso se formaron “Carteles de la Risa”, como les dicen, donde el ladrón de Ja, Ja, Ja, de Je, Je, Je y de Ji, Ji, Ji (no le han podido robar el Jo, Jo, Jo a Santa Claus), las divide en unitarios Ja, o en Je, o en Ji y los distribuye a los microrisotraficantes, a los cuales llegan los agelastos (los que no ríen) para comprarlas. Claro, mientras más franca y espontánea es la risa (con menos impurezas, como las llaman), más cara de venden.

   Por supuesto, era muy difícil eliminar este flagelo, ya que muchos nobles, guerreros y otras autoridades corruptas estaban involucradas.

   Era doloroso contemplar a los pobres bufones, como Femberto, con sus caras sin risas, desconsolados. No sólo porque la alegría es su razón de ser, sino porque se ven imposibilitados ahora de contagiar a sus prójimos.

   Y lo más penoso era saber que no se necesitaba llegar a tal extremo. Con seguridad, si los agelastos se lo pidieran, el bufón Femberto y sus colegas compartirían felices sus risas con ellos. Pepe Pelayo en @mundiario