Cuentos serios de bufones: Cortomenos

Caricatura de Alex y Pepe Pelayo. Alex y Pepe Pelayo.
Caricatura de Alex y Pepe Pelayo. / Alex y Pepe Pelayo.

Érase una vez, hace más o menos equis años y en un lugar en Google Maps, un bufón llamado Cortomenos, ya retirado por anciano que fue sorprendido por unos soldados, llevándolo obligado al castillo de un Reino vecino.

Cuentos serios de bufones: Cortomenos

Érase una vez, hace más o menos equis años y en un lugar en Google Maps, un bufón llamado Cortomenos, ya retirado por anciano que fue sorprendido por unos soldados, llevándolo obligado al castillo de un Reino vecino.

Al llegar, el Rey le explicó que deseaba cambiar su imagen y caerles mejor a sus súbditos. Le habían aconsejado que para lograr su objetivo lo mejor era que aprendiera a sonreír, algo que nunca había hecho en su vida. Y también le sugirieron que el experto en el tema era él, por ello lo había mandado a buscar. Finalmente lo amenazó con meterlo en un calabozo en las mazmorras para el resto de su vida, si no conseguía hacerlo sonreír aunque fuera una vez. Para ello le daba dos días de plazo.

Asustado, Cortomenos comenzó en ese instante a tratar de hacerlo reír de todas las maneras que dominaba (mímica, chistes, bromas, burlas, caídas, etcétera). Sin embargo, no logró ni moverle el labio superior al Rey.

Por la noche, muy preocupado, el bufón quiso saber cómo era el Soberano para entenderlo mejor, conocer sus gustos y demás, pero sobre todo saber el por qué de aquel interés por mejorar su imagen. Y averiguó con los sirvientes y pajes del castillo que siempre había sido cruel y explotador con su gente y como ya era tan odiado, quería ahora ganárselos por ocultos planes para continuar con sus abusos y sus viles aprovechamientos.

Entonces el bufón tuvo una idea.

Al otro día, antes de presentarse ante el Rey, fue al bosque que rodeaba el castillo y consiguió varias hojitas de sardonia. Él sabía que esa planta producía una convulsión y contracción de los músculos de la cara, retorciendo los labios, causando un efecto parecido a la risa.

Entonces, en su segunda y última sesión con el Rey, le echó el jugo de las hojas de sardonia a su copa y le explicó que hoy sí lo haría sonreír. Y así fue. Después de practicar algunos chistes y cabriolas cómicas, mientras el monarca bebía el brebaje, se sintió aliviado al ver instalada en la boca del hombre, la mueca que imitaba la risa.

Fue tanta la satisfacción que sintió el Rey al verse en el espejo, que en pocos minutos organizó un desfile por todo su Reino exhibiendo su nueva imagen sonriente, para así provocarles simpatía a sus súbditos.

Los cortesanos, los soldados, los sacerdotes, campesinos y el resto de los habitantes de las comarcas, quedaron sorprendidos e impresionados ante la extraña y algo repulsiva expresión de su Rey. Sin embargo, nadie se atrevió a decírselo por miedo. Al contrario, todos sonrieron y se inclinaron a su paso.

El Rey no cabía de orgullo y complacencia. Incluso ya estaba pensando en obsequiarle a Cortomenos dinero y tierras por su gran trabajo, cuando de repente, de un puesto de verduras de la calle por donde desfilaban, se escuchó la voz de un niño detrás de la falda manchada de su mamá, gritando: “¡El Rey está más feo que mi abuela cuando chupa un limón!”.

Una estruendosa carcajada de desahogo brotó de todos los presentes.

El Soberano sintió en todo su cuerpo la humillación.

Buscó con la mirada al causante de su vergüenza para descargar su furia, pero ya el bufón estaba desaparecido desde que comenzó el Desfile Real. @mundiario

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