Cuentos de Navidad: '¡Siempre viene Papá Noel!'

Navidad viguesa.
Navidad viguesa.
Tenía una banda sonora preciosa, con xilófonos o triángulos, con un ritmo de Navidad muy alegre. / Relato literario
Cuentos de Navidad: '¡Siempre viene Papá Noel!'

Estaban poniendo una película muy bonita, Quico moraba el salón al calor de la chimenea, con las ceras para dibujar sobre la mesa. Tenía una banda sonora preciosa, con xilófonos o triángulos, con un ritmo de Navidad muy alegre. También oía a su mamá y a su hermana conversar mientras cocinaban la cena.

El pulso de Quico esbozó unas curvas y unas rayas sobre el papel que podrían ser un barco o una guitarra. Se levantó y lo llevó a la cocina, le dieron un beso en la frente y un trozo de turrón.

Salió escaleras arriba buscando a Coco, su oso marrón de peluche, que era más suave que las sábanas y más suave que los pétalos de las flores. Se sentó en el cojín a mirar la oscura y silenciosa calle.

Entonces, una sombra se adivinó debajo del haz de la farola: no era sino el barbudo abuelo caminando lentamente, con pasitos de tortuga y sin ninguna prisa, empujando un carrito de supermercado en el que había una manta tapando sus cosas. Por un instante, vio pasar al abuelo. Aquel que le lanzaba por el aire y le contaba cuentos de Navidad por aquellas fechas… Hasta que, según le dijo su hermana, se fue a un mundo lejano.

La cena de Nochebuena parecía hecha para un regimiento, pero casi no sobró nada, aunque el niño dejaba siempre algunos bocados en el plato, cuando su mamá le preguntaba si quería quedarse raquítico y él a veces lloraba. Entonces, ¡llegaban los bocaditos por avión y mamá salvaba al negrito!

Él sabía que era el día de Papá Noel, y no cesó de soñar con él. Pero, en sus sueños, el señor tenía los rasgos del afable abuelo que le hacía feliz. No se lo dijo a nadie, ya que a la familia no le gustaría tener a un vagabundo en su seno.

Ladraron los perros toda la noche y la lluvia en el cristal de la ventana arropó al pequeño en su misterio.

Se levantó de un salto a la mañana siguiente: bajo el árbol, que estaba inclinado con su estrella en la cúspide, ¡había una guitarra española! Quico recorrió los pasillos y las escaleras para que todos en casa supieran que el buen papá Noel le había leído la mente.

─ ¿Vas a hacer rumbas o rock & roll, coquito?─ le preguntó su papá.

─ ¡Tocaré lindas serenatas!─ exclamó. Y accionó varias cuerdas a la vez. Luego descubrió que el orificio de la roseta hacía eco y lo empleó de megáfono:

─ ¡Viva la guitarra!

Su padre no versó palabra, pero evitó sonreír. Tomó el instrumento de aquellas manos ansiosas y sugirió algunas notas, que inmediatamente aprendió su hijo.

Pero, de repente, se sintió una fuerte percusión, un sonido repetido, parecía granizo… ¡Una gran granizada! La familia se asomó a la galería:

¡Estaban lloviendo caramelos del cielo!

─ ¡Pardiez! ¿Qué es esto? ¡Yo nunca en la vida me los habría figurado!─ comentó el patriarca maravillado.

Al salir el sol, los niños tomaron un caldero y recogieron kilos de caramelos, antes de que se derritiesen. “¿Lo habrá grabado alguien en vídeo? ¡Increíble!”, conversaban los padres.

Y, degustando caramelos, fueron felices para siempre. @mundiario

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