El cucurucho de castañas
El crío se ha quedado rezagado ante los juguetes de un escaparate mientras pela lentamente su segunda castaña. Las zancadas de sus padres son largas, aunque la madre gira la cabeza cada pocos pasos para ver si los sigue. Sí, ahí viene. Sólo tiene siete u ocho años.
El chaval se fija entonces en una familia de mendigos. Están en el soportal de un comercio, a un costado de la calle. Un muchacho de su edad extiende su mano abierta. Tiene la cara sucia, el pelo enmarañado, sus ropas están desgastadas, los zapatos rotos y allí no hay ni por asomo algo parecido a un abrigo. Se cruzan las miradas y el niño siente una incomodidad extraña. Algo no es justo. ¿Cómo es que un rapaz de su edad tiene que pedir limosna en el medio de la calle y con aquel frío espantoso, mientras a él, unas calles más allá, le espera una buena cena y el calor del hogar?
Es invierno y no hay mejor manera de calentarse las manos que meterlas en los bolsillos con las castañas que le acaban de comprar sus padres. ¿Cuántas entraron en el paquete por el que pagaron dos monedas? Al menos una docena, aunque lo importante, más que el número, es que se dejen pelar bien y que no haya muchas pochas, como pasa a veces. La primera estaba deliciosa.
Su decisión es instantánea. No lleva monedas, es probable que ni siquiera sepa muy bien cuál es el significado del dinero, pero lleva castañas.
Su madre voltea la cabeza en el instante en que el hijo extiende el cucurucho al niño mendigo.
-El chico nos ha salido bondadoso - dice la mujer al oído del marido.
-Ojalá no le traiga muchos disgustos - responde él.
-¿Por qué lo dices? A ti no te ha ido tan mal, ¿no? Se parecerá a ti, y yo no te cambiaria por nadie.
El hombre hace un gesto de cierto escepticismo, aunque el comentario le halaga. Y sabe que, en el fondo, su mujer tiene razón. Ahora nota como le jala el brazo para que esperen al pequeño.
-¿Te queda alguna castaña? – le pregunta ella cuando llega a su altura.
-No, ya me las comí todas -responde el crio con mucha naturalidad.
Entonces la mujer lo estruja en un abrazo inmenso mientras oculta su emoción y mientras el padre, también conmovido, los mira a ambos lleno de orgullo. @mundiario