Cuando no tienes nada y por eso te comes el mundo

Luces en la oscuridad.
Haces de luz en la oscuridad.
Asunta, al igual que yo, habría pasado mucho tiempo sola en casa, echando mano de su creatividad. / Relato literario
Cuando no tienes nada y por eso te comes el mundo

Si en mi infancia hubiera tenido internet y teléfono móvil, habría hecho lo mismo que Asunta: sus sugerentes y artísticos posados distan mucho de mis dibujos, puesto que ella homenajeaba a la madurez. Yo, sin embargo, me evadía de la pornografía con que la vecina del quinto, mi padre a escondidas y las habladurías de mi hermanastra me estaban acosando allá por mi preadolescencia. Es decir, que mi pueril psiquismo no estaba preparado para el sexo ni las perversas argucias de mi hermanastra.

Asunta, al igual que yo, habría pasado mucho tiempo sola en casa, echando mano de su creatividad. Sin embargo, creo que ella ansiaba el encuentro amoroso: en mi caso, el acoso me provocó una extrañeza que acogí como un juguete y un secreto, tan oculto y desconocido que no llegué a tomar conciencia del sexo hasta pasadas dos décadas, habiendo de pasar más tiempo, hasta el presente, para alcanzar las nociones de perversidad que se me aparecen en sueños.

Por suerte, el deseo de los hombres me salvó de ser asesinada, mientras que mi hermanastra se encargó de significar por si misma la humillación y la vergüenza de ser una hija bastarda.

Siendo todavía una niña, llegados mis doce años, el arrepentimiento y el gran enigma del sexo, ante la vida adulta, inicié una progresiva derivación al suicidio que aún hoy me acompaña.

Afortunadamente, mi desbordante personalidad, que, si bien me falló en la depresión de la adolescencia, sigue salvándome del psiquiatra y el asesinato.

Siendo una pequeña y tierna criatura, no sabía que el sexo existía, ni que en mi cuerpo lo hubiese, aunque mis allegados de aquel entonces me toreaban con juegos sexuales que me aturdían.

Hoy, más de veinte años después, sigo siendo virgen, huérfana y xenófobamente marginal, permanezco bajo el punto de mira de las autoridades de acuerdo a mi individualidad y he entendido, incluso, lo que es la condición humana.

Reconozco que las fotos de Asunta me escandalizaron, pero mucho más la frialdad de su madrastra de manual, que con justicia se ha quitado la vida. @mundiario



  

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