Cuaderno de preposiciones, sobre la caducidad en un libro de Ramón Bascuñana

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Ramón Bascuñana, autor de Cuaderno de preposiciones./ R.B.

Premio Mario López, el Cuaderno de preposiciones, de Ramón Bascuñana, indaga en esa visión temida e inexorable que no es otra que la caducidad de la vida.

Cuaderno de preposiciones, sobre la caducidad en un libro de Ramón Bascuñana

Lo que hace a la poesía de Ramón Bascuñana inconfundible es su habilidad para adaptarse a toda clase de registros formales y expresivos, sin renunciar a unos temas que se van convirtiendo, con el paso de los años, en obsesiones. Y, aunque nos parezca enfermizo o disuasorio ese término, sucede todo lo contrario si queremos estudiar su poesía.

Sus obsesiones, entendidas en el sentido etimológico de la palabra, “idea fija en la mente”, son una invitación a una lectura, pues se convierten en una revisión honda de su biografía y de la de todos los que nos acercamos a su escritura, pues al final experiencias y convicciones encuentran sus paradojas y sus revelaciones en aquellas que el autor muestra con apremio, con zozobra.

Premio Mario López, Cuaderno de preposiciones, publicado por el Ayuntamiento de Bujalance, Córdoba, es una fórmula ilusoria de convertir una anécdota, como es el orden de estas partículas lingüísticas, en una clase de filosofía poética de lo que significa la percepción del mundo según Bascuñana. No dudaré en sostener que esta obra se inspira en un tono existencialista, pues la resignación ante la caducidad de la vida se mezcla con un brillante lenguaje que permite superar por momentos esa visión agónica y pesimista de la propia existencia.

Cuando referimos el adjetivo “brillante”, no podemos pensar en el artificio por el artificio, en un intento de sorprender solamente desde la eficiencia técnica, sino que, en el caso de Ramón Bascuñana, asistimos a la brillantez asociada a esa eficiencia heredada de poetas como Juan Ramón o Jaime Gil de Biedma, donde la disposición sintáctica y la selección léxica de las palabras nos asoma a un mundo de luz que nunca ocurrió o que hace mucho que se extinguió.

El tono machadiano se deja entrever en algunos versos concluyentes, lejos de la efusividad o la grandilocuencia a la que nos tienen acostumbrados algunos poetas que beben del Modernismo o de los posrománticos para quedarse solamente en el esplendor, en matices sonoros y coloristas, que no aportan nada desde el punto de vista del contenido.

Por esa razón, lejos de corrientes y modas más o menos populares, su Cuaderno de preposiciones se caracteriza por esa mezcolanza y esa fusión de estilos e influencias para elaborar un poemario eminentemente modernista donde el fulgor de la expresión está al servicio de una decadencia hipnótica acerca de la vida, una decadencia que nos hace reflexionar sobre nuestra propia biografía como una pérdida progresiva de esa pertenencia a la tierra, a la existencia misma, como una resignada y estoica manera de mirar a la muerte; un desenlace necesario que da sentido a lo que experimentamos, pero que, según pasan los años, ese vigor de huida de la muerte muta en aceptación.

La poesía de esta obra no exime al autor de un tono elegiaco para dejar constancia del dolor que representa esa revelación traumática e incontestable. La estética de Bascuñana se mueve en ese dualismo: la falta de creencias firmes o de esperanza no está reñida con la belleza formal, porque, al igual que en otros poemarios de Ramón Bascuñana, como El humo de los versos o Las avenidas de la muerte, su filosofía poética se ubica en una paradoja; la delicadeza y la perfección formales se ajustan a ese sentido continuo de orfandad y de desprotección que el sujeto experimenta al sentirse abandonado pues descubre que ha vivido en un mundo de apariencias, apariencias que reproducen esa felicidad fingida que una y otra vez denuncia el poeta.

Como caracteriza a un autor de una madurez conseguida, Bascuñana es consciente de que solo, a través de la escritura, es posible la supervivencia, una supervivencia que es ajena, por desgracia, la mayoría de las veces, a todos; lo que Derek Walcott enuncia más de una vez. Silente es la revelación y solo el poeta es responsable de su dolor.

Cuaderno de preposiciones, sobre la caducidad en un libro de Ramón Bascuñana
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