¿Una convicción puede ser una prisión?

El arte de la animación, de Michael Okey. / Pinterest

La sociedad del anticristo de Nietzche al fin ha llegado. Aún recordamos sus palabras escritas en 1881

“En los viejos tiempos, cuando nos sentíamos descontentos, acusábamos a Dios, que por aquel entonces era el administrador del mundo; presuponíamos que no estaba ocupándose del negocio como debía: de modo que lo despedimos y nos convertimos en los nuevos directores”.

Slawomir Mrozek

En estos días en que el Papa baja hasta el terreno y acepta una entrevista en Salvados comprobamos que Dios ha perdido influencia. Su director espiritual en la Tierra debe explicar las acciones humanas de sus sacerdotes, o debe contarnos que un homosexual es tal vez raro y necesita ir a un psicólogo. La sociedad líquida tiene atrapada a la religión con sus cambios y bajos compromisos. Como dice Mrozek hemos destituido a Dios y vagamos en busca de oportunidades para la Moral. Las reglas fijas aparecen oportunistas y el vacío espiritual nos visita.

La sociedad del anticristo de Nietzche al fin ha llegado. Aún recordamos sus palabras escritas en 1881, desde el manicomio: “Las convicciones son prisiones” […] Un espíritu es necesariamente escéptico. El estar libre de toda especie de convicciones, el poder-mirar-libremente, forma parte de la fortaleza”, pág. 93, El anticristo, F. Nietzche.

No es regresar a espíritus enaltecidos, es tal vez observar que vivimos en una civilización donde la lucha es entre creencias y liquidez en las convicciones. Nadie puede decir donde acabaremos. Los seguidores de Tótems están huérfanos de nuevos líderes, pero la sociedad de consumo se retrae sobre este sino: cambiar un objeto por otro pues han envilecido por la moda. Y la moda es una catarata de estilos que duran minutos dejando tras de sí vacío, soledad, nuevos deseos. Somos monos que tocan objetos y los sustituyen pero no logran entender su significado.

Un vacío existencial nos rodea y puede traernos líderes más atractivos pero más hedonistas y autócratas. ¿Les seguiremos? ¿O construiremos un presente atractivo con libertad y tolerancia? Pero para ello debemos abandonar la sociedad líquida sin traicionarnos. ¿Difícil, no? @mundiario