La Consagración de la Primavera, de Igor Stravinski, obra maestra de la danza y la música

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La Consagración de la Primavera. / Pixabay
La representación de esta obra provocó uno de los escándalos más formidables de la historia de la música, cuando fue estrenada en el Teatro de los Campos Elíseos, en París, el 29 de mayo de 1913.
La Consagración de la Primavera, de Igor Stravinski, obra maestra de la danza y la música

La Consagración de la Primavera ha sido considerada como un momento decisivo en la historia de la música. Con ella ese concepto romántico de lo “bello”, se rompe y ya no hay lugar para lo sentimental ni lo agradable. Lo que se pretende, el “objeto sonoro”, es lo destacable. Stravinski estaba de acuerdo con la idea de que la convención era un obstáculo para reconocer lo auténtico y, por tanto, tuvo claro que había que romper los antiguos esquemas musicales y deformarlos, para crear otros nuevos que supusieran una visión auténtica de las cosas.  Se consideró como inventor de la música pero no como compositor, ya que el concepto de la inspiración resultaba sospechoso.

Stravinski tenía la idea de escribir, ya antes incluso del estreno de Petruchka, una especie de sinfonía de primavera primitiva, que iba a ser llamada Gran Sacrificio. En este caso, al igual que en Petruchka, que en principio iba a ser una Konzertstücke, pieza de orquesta, Diaghilev convenció al compositor de que debía ser concebida para los Ballets Rusos, lo cual derivó en la composición de La consagración de la primavera.

Diaghilev tomó una decisión que Stravinski consideraría errónea durante toda su vida: confiar la coreografía a la gran estrella de los Ballets Rusos, Vaclav Nijinski. La imagen que da Stravinski en sus memorias del genial bailarín es bastante gráfica: “La ignorancia que mostraba ante las nociones más elementales de música era flagrante. El pobre no sabía leer música ni tocar instrumento alguno. Manifestaba sus opiniones musicales mediante frases banales o reproduciendo lo que había escuchado a otros. Como no parecía que albergase opiniones propias, uno acababa por convencerse de que éstas no existían. Estas carencias eran tan graves que no se veían compensadas ni por su imaginación plástica, en ocasiones de una belleza extraordinaria.

Nijinski había sido objeto de un gran escándalo en 1912, al realizar una coreografía para los Ballets sobre el Preludio a la siesta de un fauno de Debussy. Su expresiva gesticulación, abiertamente erótica por cuanto lo que la música le sugería, encolerizó al público y Stravinski tuvo la intuición de que las cosas no iban a ir bien con el bailarín al mando de esta aventura. Por si fuera poco, no sabía siquiera leer música, con lo que su preparación de La consagración fue un infierno tanto para Stravinski como para los bailarines, ya que era preciso interpretar constantemente la música para él, a fin de que Nijinski pudiera elaborar su coreografía. Además, había que recordarle el compás de la música y sus divisiones, tarea ardua, ya que Nijinski era incapaz de retener los conceptos musicales más básicos. Entonces decidió algo que resultaría fatal para el estreno: dar de viva voz numéricamente a los bailarines la forma en que debían de llevar el compás.

Sin embargo, al año siguiente, una interpretación de La consagración de la primavera en versión de concierto, sin ballet, confirmó a esta partitura como la más rompedora de su tiempo.

Esta partitura se consideró el culmen del gigantismo orquestal postromántico con una plantilla de cinco flautas, cuatro oboes, más de un corno inglés, cinco clarinetes, cuatro fagotes, más un contrafagot, ocho trompas, cinco trompetas, tres trombones, dos tubas, dos músicos en los timbales, gran grupo de percusión y cuerda.

Durante los restantes momentos de su carrera musical en Francia o América, y ya adscrito plenamente al neoclasicismo, Stravinski no volverá a superar tal volumen orquestal, sino que tenderá a la reacción contraria. La orquestación de La consagración de la primavera sería revisada posteriormente, en dos ocasiones, en 1921 y 1943. @mundiario

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