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MUNDIARIO

Concha García escribe sobre la soledad buscada en su libro Las proximidades

El tema de la soledad retorna al poemario de Concha García, Las proximidades, como una rigurosa forma de pertenecer al mundo.

Concha García escribe sobre la soledad buscada en su libro Las proximidades
Las proximidades, de Concha García. / Papeles de Pablo Müller
Las proximidades, de Concha García. / Papeles de Pablo Müller

Manuel García Pérez

Escritor y filólogo.

Publicado por Calambur en 2016, Las proximidades, de Concha García, incide en uno de esos temas que siempre han caracterizado a la escritora; la soledad buscada. Desde el primer poema, nos sumergimos en una clase de quietud en la que las habitaciones y los objetos respiran el tiempo perdido y un porvenir que, sin demasiadas expectaciones, transcurre también unido a ese pasado inédito. Inédito porque la poesía lo redescubre y lo reconfigura desde un meditado inconformismo que, en el caso de Concha García, se traduce en una desasosegante manera de percibir el entorno, de ver pasar la vida con un premeditado orgullo, con una resignación madurada que el transcurso de los años elabora pacientemente: "Mientras paseas/ la vida no se acelera,/ y no hay deseo sin cuerpo/ encogiéndote la espalda,/ y no quieres morirte/ y aún así notas/ los días de sol tan cerca,/ dándole al impulso/ de beber agua todo el gesto/ sin reservarte un ligero retroceso/ para cuando los días se endulcen/ con solo imaginar/ todo lo que sabes." (pág. 21). 

Como si el presente no tuviese demasiada importancia para la autora, el pasado y los días venideros se convierten ahora en una inspirada secuencia de los momentos que marcan con intensidad la desazón y la desdicha, síntomas auténticos de la existencia.

Por esa razón, recurre al cuerpo, a los objetos, a los interiores, a las ventanas, a la espera, por ejemplo, como elementos constantes en un poemario que se caracteriza por la brevedad de sus versos, por un tono que, sin llegar a lo elegiaco, está lleno de emotiva condolencia hacia aquellos instantes en los que el fracaso, los silencios buscados, las ausencias y su insistente recuerdo dejan un poso de tristeza contenida que nos emociona: "Suerte es/ la mudanza,/ este silencio/ apenas perceptible/ no llora, no siente,/ no lamenta, no desea,/ solo transforma" (pág. 45).

Si algo caracteriza a la poesía de Concha García es esa contención, el ansia de dejar constancia de una plegaria definitiva, pero que no llega a producirse, porque la autora sabe que las pausas, los silencios, la esencialidad de los sustantivos desprovistos de ornamentos sugieren mucho más que cualquier explícita intención de mostrarse abiertamente al exterior: "(...) somos seres irrepetibles/ en cada uno habita un dios/ y la sombra de un ángel,/ padecemos de ambición/ y de una soledad/ infinitesimal" (pág. 48)

Su poesía es un ejercicio de sobreprotección que traspasa, que convierte al lector en una especie de cómplice de esa aparente tranquilidad de los acontecimientos, pero también del vértigo que produce la recurrencia al recuerdo, no de las cosas como fueron, sino de como queríamos que hubiesen sido: "Uno junto al otro,/ alineados sin obedecer/ leyes de orden/ inclinan sus manos/ mostrando el envés./ Dibujos enrevesados/ parecen palpitar/ como/ unas hojas." (pág. 66). @mundiario