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El cómic es un medio estético para el estudio de la memoria histórica

"En la pluralidad de voces, y aquí creo que el cómic está despuntando, se encuentra el ejercicio crítico; o al menos la posibilidad de generarlo", comenta la profesora Carmen García a MUNDIARIO.

El cómic es un medio estético para el estudio de la memoria histórica
Carmen García Navarro. / M.G.
Carmen García Navarro. / M.G.

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Manuel García Pérez

Manuel García Pérez

El autor, MANUEL GARCÍA PÉREZ, es doctor en Filología Hispánica por la Universidad de Murcia y licenciado en Antropología por la UNED. Premio Nacional Fin de Carrera, fue coordinador del área de Sociedad y Cultura de MUNDIARIO, donde actualmente es columnista y crítico literario. Docente, investigador y escritor de narrativa juvenil, su última obra es el poemario Luz de los escombros. @mundiario

Las historietas, las viñetas y la novela gráfica conforman un corpus estético donde lo político encuentra un canal de expresión. La relación del cómic con el estudio histórico de la Guerra Civil y la posguerra es uno de los ejes fundamentales de la tesis que Carmen García Navarro, profesora del instituto de Educación Secundaria Tháder, en Orihuela, Alicante, está elaborando desde hace varios años.

La censura, la propaganda y el pensamiento crítico a través de la representación gráfica construyen un mundo simbólico en el que el cómic es una expresión sociopolítica que evoluciona en función de intereses ideológicos, tal y como explica la profesora García Navarro para Mundiario.

- ¿Por qué has elegido el cómic como recurso para indagar sobre la memoria histórica?

- En primer lugar, por cuestiones puramente personales y afición. En segundo lugar, por la cuantitativa y cualitativa atención del medio a los temas vinculados a la memoria histórica, fundamentalmente al relato familiar. En los últimos años, han sido numerosos los autores españoles de cómic que han escrito y dibujado obras sobre la Guerra Civil española: su origen y las batallas que tuvieron lugar; las consecuencias y la dureza de la posguerra; el desconocimiento de las generaciones venideras y sus reivindicaciones, etc.

El objeto de mi estudio es visualizar y hacer visible a través de todos los medios de que disponemos una parte de la historia que ha sido deliberadamente silenciada. No se trata de una representación maniquea la historia, sino de la recuperación de las voces de aquellos que no la tuvieron y que dan cuenta de una visión pluridimensional y poliédrica de lo que fue la contienda y de todo lo que supuso para sus protagonistas y de lo que supondría más adelante para todos nosotros.

En ese sentido, la ficción no solo cumple una función en nuestra formación cultural, sino también en la construcción de la propia identidad. Las formas artísticas como la literatura, el cómic o el cine se inscriben dentro de los procesos sociales de construcción de la memoria colectiva y funcionan como una suerte de estímulo cognoscitivo de la Historia. De esta manera, se suscita tanto su divulgación como su revisión crítica desde cualquier ámbito ya sea social, educativo, político, etc.

-¿Hasta qué punto el cómic puede ser un documento de estudio y de revisión histórica? ¿Existe el riesgo de que se convierta en una especie de panfletarismo contra los partidos actuales de derecha?

- El cómic puede ser, y debe ser, otro medio de comunicación y expresión artística a través del cual indagar en determinadas claves de nuestra historia. Evidentemente, esa búsqueda no debe ceñirse únicamente a un relato, ya sea el historiográfico –aun más cuando se trata de un conflicto tan manoseado y tergiversado por los historiadores del régimen franquista como lo fue la Guerra Civil española-- o el relativo al cómic, en este caso. En la pluralidad de voces, y aquí creo que el cómic está despuntando, se encuentra el ejercicio crítico; o al menos la posibilidad de generarlo.

El riesgo al que aludes existe en cualquier caso. En un momento en que la épica patriótica está más de moda que nunca, los discursos ficcionales de temática bélica pueden ser objeto de un uso propagandístico; sin embargo, creo que el tratamiento histórico que se da en la actual nómina de cómics españoles se centran en la introspección y en la reflexión sobre las consecuencias de la contienda y el propio medio y no tanto en la pugna de los bandos.

- Muchos de nuestros padres se educaron con la lectura de El guerrero del antifaz o Roberto Alcázar y Pedrín. ¿Se sirvió la dictadura del cómic para infundir determinados valores afines al franquismo o fue la censura la que determinó un tipo de discurso monolítico?

-La función propagandística y el objetivo adoctrinador de las revistas infantiles y juveniles, de las tiras de prensa y otras publicaciones estuvo muy presente, en ambos bandos, durante la guerra y la posguerra. Tanto las revistas falangistas, véase Pelayos o Flechas, como las de corte republicano --¡Pum! o El Pionero-- utilizaban sus páginas para representar al buen soldado o ridiculizar al adversario.

Sin embargo, es cierto que la censura franquista, que no se caracterizaba precisamente por su habilidad y destreza, tenía establecidas una serie de normas específicas para las publicaciones infantiles. La Asociación Cultural Tebeosfera publicó, a propósito de este tema, un libro escrito por Ignacio Fernández Sarasola titulado La legislación sobre la historieta. En él se aborda la evolución de la censura desde una absoluta indiferencia en los primeros años del franquismo al endurecimiento de las medidas legales contra los autores. Un libro muy interesante.

-Desde el punto de vista didáctico, ¿consideras que el cómic actual puede ser una referencia de estudio en el aula?

-Por supuesto. Las posibilidades pedagógicas y didácticas son incuestionables: permite visualizar y procesar más rápidamente y de forma más efectiva la información de los textos literarios y mejorar su comprensión. Además, concede una mayor capacidad de síntesis y desarrollo de la creatividad a partir del uso de símbolos, metonimias, metáforas gráficas en un nivel de abstracción visual que no permite la literatura.

Por otro lado, el amplio abanico temático (historia, literatura, compromiso social, tecnología…)favorece los conocimientos transversales en la materia. La lectura de cómics ofrece la posibilidad de conocer, identificar y asociar de forma más rápida conceptos, ideas, tensiones, problemas que forman parte del papel social que desempeña el lenguaje.

Todo ello no puede darse sin la participación activa de la comunidad docente. Por un lado, debe existir un reconocimiento explícito de su aprovechamiento didáctico, igual que ocurre con el cine, la televisión o los videojuegos, como elemento de innovación y estrategia de aprendizaje. Por otro, que el cuerpo docente se implique y se sumerja en los vericuetos del cómic.

-A lo largo de la historia, ¿se ha ideologizado el cómic con intencionalidad o se ha limitado a reflejar el tiempo histórico que le ha tocado vivir?

-Como cualquier otro medio de expresión artística, el cómic también ha estado en ocasiones sujeto y constreñido por ideologías imperantes. Pero es cierto que precisamente su condición primigenia de medio más marginal y fuera de los grandes núcleos de mercado, le daba una libertad temática y estética que otros medios no han gozado. Muchos ahora se cuestionan si debido al auge que vive el cómic, esa libertad que lo caracterizaba se ha visto comprometida.

Creo que su autonomía persiste y que es resistente, aunque está más limitada por las exigencias editoriales que por la presión social.

-¿A qué conclusiones te gustaría llegar cuando acabes tu tesis?

-Para entonces, y esperemos que la cosa no se dilate mucho en el tiempo, me gustaría que no fuera necesario incluir un largo alegato en defensa de la legitimidad y emancipación artística del cómic. La presencia y la distinción del cómic como arte y medio de expresión es hoy ya un hecho manifiesto: los museos no solo realizan exposiciones, sino que además editan sus propios cómics –el Museo del Prado ha publicado grandes obras de la mano de Antonio Altarriba, Keko o Max, por ejemplo--; las tesis en torno a la génesis creativa, al lenguaje o a cualquier otra cuestión teórica que los envuelve son cada vez más habituales y tienen una mejor acogida en las facultades universitarias, donde los objetos de estudio tienden ahora a la transversalidad; su incorporación en las aulas es una proclama habitual desde el ámbito de la didáctica. Resulta gratificante para los consumidores de este medio asistir a la conquista de ese espacio propio.

Por último, se trataría de reflexionar de qué forma el cómic articula su lenguaje plurisemiótico y determinadas estrategias narrativas, la metaficción concretamente, para la construcción de estructuras ficcionales, presentes también en otros medios como el cine o la literatura, que pongan el foco de atención en torno a las relaciones establecidas entre memoria, historia y ficción. @mundiario