Clima mediterráneo, de Luis Bagué, los discursos que trascienden la palabra

Clima mediterráneo./ Visor
Clima mediterráneo./ Visor

La poesía de Luis Bagué surge tras la observación detenida de un mundo desbordante de estímulos y que solamente las paradojas pueden traducir.

Clima mediterráneo, de Luis Bagué, los discursos que trascienden la palabra

Me acerco a Clima Mediterráneo (Visor), de Luis Bagué, y entiendo la propuesta del autor, su atrevimiento, su delicada manera de profundizar en el hermetismo con la convicción de que el asombro pertenece siempre a Ítaca.

Los poemas de Bagué se conciben desde la heterodoxia de varios discursos que se cruzan, desde lo histórico hasta lo antropológico; un homenaje al Mediterráneo que destaca la leyenda, pero también los prejuicios que han ido hilvanando una identidad inspirada en el fariseísmo y en una concepción barroca de la belleza: "Juntos la tradición y el porvenir,/ naturaleza muerta y cuadro de costumbres./ La eterna controversia/ entre el tiempo real y el relativo". (pág. 25).

En el poemario, hay luz, clarividencia de un mundo que se extinguió, que culturas numerosas cimentaron para luego escurrirse en el incierto flujo de las redes sociales y las fake news. Su actitud nostálgica a lo largo del poemario nos invita a reflexionar, a dejar que el poema no acabe en su último sintagma. Versos que prefieren el razonamiento a la espontaneidad aparente nos enfrentan cara a cara con lo que somos y con lo que han sido nuestros ancestros, la viva voz, Helena y Paris, el toro de Osborne, Velázquez, los fusilamientos en pintura, el mar, la propia poesía que teje y desteje ese mundo de contrastes y paradojas: "Un espejismo negro./ Testigo protegido/ del expolio de vallas y de valles./ Marcapáginas/ en el libro de la naturaleza,/ hipervínculo/ en la red de autopistas del Estado" (pág. 29).

Eso es lo que salva al Mediterráneo y a sus gentes, su contribución a prolongar el destino de los hombres en acciones y obras por descifrar, donde lo instintivo y lo primitivo quedan en cadáveres purulentos que alguien pinta con la fortuna de la belleza que trasciende, que alguien observa con la intención de reparar el daño: "Pido una proporción hospitalaria./ Busco la magnitud de lo habitable" (pág. 43)

Pero es el daño, la violencia, lo atávico, las olas, la luz, entre otras realidades simbólicas, las que van creando un cosmos que contamina y prende en todo.

Y a veces eso no es malo cuando Luis Bagué encuentra en el enigma, en lo que se da a entender, en la palabra oscura, una forma de interpretar e interpelar, cuando no queda otra cosa que la poesía para poder comprender resquicios y complejidades de ese crisol que es lo mediterráneo, rasgos humanos que ya son universales, que se confunden con la propia confusión de los espacios y contextos artificiales y artificiosos en los que nosotros convivimos sin disidencia: "Todos los mares hablan esperanto" (pág. 53)

Enhorabuena, Luis.

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