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MUNDIARIO

La Chicharra, un zumbido de la mejor arquitectura racionalista en la costa alicantina

Situada en lo alto de una colina en la playa de la Albufereta, esta urbanización del Racionalismo Levantino destaca por su planta curva, sus proporciones y la dignidad de su porte.

La Chicharra, un zumbido de la mejor arquitectura racionalista en la costa alicantina
Urbanización La Chicharra. / Foto David Sardaña
Urbanización La Chicharra. / Foto David Sardaña

Iñigo Lanz

Colaborador.

Las chicharras son unos feos insectos cuya mayor aportación es producir un monótono zumbido, principalmente en los días y las horas de más calor del verano.

Es tal su asociación con las altas temperaturas y lo molesto que resulta su sonido, que ha dado origen al verbo achicharrar. La RAE lo define en algunas de sus acepciones como “experimentar un calor excesivo” o "molestar en exceso".

Si a esto le sumamos el aspecto de estos insectos, no parece que su nombre evoque nada placentero. Sin embargo, lo que para muchos es un ruido insoportable, es para mí la banda sonora del verano. Me transporta a una siesta en una tarde estival, la persiana a medio bajar por donde se cuelan los rayos del sol, la ventana abierta para que corra algo de brisa, y, arrullando de fondo, el ronroneo de las cigarras. No encuentro, por lo tanto, un nombre mejor para una urbanización de apartamentos de playa.

La urbanización La Chicharra fue construida sobre el diseño de Juan Guardiola en 1972 en la playa de la Albufereta de Alicante, y es vecina de otras construcciones significativas del Racionalismo Levantino como la Urbanizacion Las Torres y el Edificio Vistamar. Destaca frente a la mayoría de sus vecinos al estar construida en lo alto de un pequeño promontorio. En este edificio Guardiola vuelve a utilizar el recurso de la planta curvada (ligeramente en este caso) que utilizó unos años antes en el Club del Mar. Si bien el tamaño de esa construcción quedó desproporcionado, en La Chicharra el arquitecto retoma la contención y saca lo mejor de su arquitectura. 

El edificio sigue el patrón tradicional de las construcciones de costa, con una fachada delantera orientada al mar repleta de terrazas, y una trasera dedicada a galerías y escaleras. Hay que destacar el trabajo que hizo el arquitecto en esta parte trasera, alternando paños verticales de ladrillo caravista donde ubica las ventanas, con otros de celosía blanca para las galerías. El uso de la simetría y las correctas proporciones generan una fachada que bien podría ser la parte delantera de muchos buenos edificios. Este es otro ejemplo del mimo que el arquitecto puso en esta construcción.

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Urbanización La Chicharra. / Foto David Sardaña

Volviendo a la cara delantera, ésta está compuesta por jardineras con sección de un cuarto de esfera que recorren la fachada de  lado a lado y separan las diferentes plantas, es por lo tanto un diseño totalmente horizontal que contrasta con la verticalidad de la fachada posterior. Esta parte da a la zona comunitaria de la urbanización, dotada con jardines y piscina. Es destacable de nuevo el trabajo de Guardiola, pero en este caso en paisajismo y jardinería, comparable al que llevó a cabo en La Rotonda. Visto desde cierta distancia, parece que el edificio surgiera de entre los árboles, consiguiendo una muy buena integración con el entorno.

Hace poco el edificio sufrió una reforma, y de nuevo los propietarios, con buen criterio, respetaron el diseño original. El único pero que podemos ponerles, como siempre, es el cierre de muchas de sus terrazas. Si bien, en este caso, al quedar enmarcadas por las jardineras y los pilares que separan las viviendas, el daño no es tan dramático como en otros casos. 

Como anécdota curiosa, me gustaría destacar que La Chicharra comparte, junto con muchos otras urbanizaciones de la época, el uso del nombre de un animal como nombre de la urbanización. El número de construcciones que se llevó a cabo durante esos años fue tal que hubo que echarle mucha imaginación para poder encontrar nombres atractivos para todas ellas, y el mundo animal era un recurso muy amplio y socorrido. Así, situados muy cerca podemos encontrar otros ejemplos como la urbanización La Jirafa con su característica escultura, o la urbanización El Grillo con un muy buen diseño de escalera exterior.

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Urbanización La Jirafa / Foto David Sardaña

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Urbanización El Grillo / Ilustración Iñigo Lanz

Por último, he de reconocer que La Chicharra no es una urbanización de las que más recuerdos guarde de mi niñez y adolescencia, y que mi interés por ella vino al empezar a investigar sobre el Racionalismo Levantino y descubrir que era de Guardiola. La única anécdota que tengo es que un novio que tuvo mi hermana vivía allí con sus padres y hermanos, y que alguna vez estuve en la casa. Era amplia, grande y con mucha luz, pero, cómo no, la terraza estaba cerrada. Obviamente, este chico ya no está con mi hermana, con estos antecedentes nunca habríamos podido aceptarle en la familia. @mundiario