La casa rota, de Ana Patricia Moya

La casa rota de Ana Patricia Moya. / Gema Albornoz
La casa rota de Ana Patricia Moya. / Gema Albornoz

Ana Patricia Moya ha publicado "La casa rota" en Versátiles editorial en la Colección Tribal de poesía, con un diseño de portada de José Ángel Garrido, prólogo de Marisol Sánchez Gómez y epílogo de Chá Lucena.

La casa rota, de Ana Patricia Moya

Marisol Sánchez menciona en el prólogo de La casa Rota que Ana Patricia Moya ejerce una crítica activa al ser «ferozmente independiente». Además, agrega que tiene una voz precisa, contenida y espontánea. Añadiría que una voz muy versada en el ámbito poético cordobés y andaluz, pese a que no siempre se reconozca.

Ana Patricia Moya estudió Relaciones Laborales, es licenciada en Humanidades, tiene un Máster en Textos, Documentación e Intervención Cultural y un Máster Europeo en Biblioteconomía. Es directora del proyecto cultural Editorial Groenlandia. Autora de varios poemarios como "Material de desecho (mierda en el corazón)" de Ediciones En Huida o los últimos, "Píldoras de papel "publicado en Huerga y Fierro o "La Casa Rota" en Versátiles Editorial. Sus poemas y relatos aparecen en diversas publicaciones digitales e impresas, europeas e hispanoamericanas, así como en antologías. Es una agitadora cultural en toda regla. Creadora de secciones como Palabra de Argonauta en Odisea Cultural, donde presenta narrativa; "Que la vida iba en serio"  y el "Sótano del ornitorrinco"en Liberoamérica, donde presenta a poetas contemporáneos españoles o los entrevista o "No es país para viejóvenes", primero alojada en la ya extinguida La Galla Ciencia y ahora en Odisea Cultural. Imparte y participa en talleres literarios, gráficos y está en continuo proceso de formación, aunque a veces esos diplomas, tras el trabajo, dinero y esfuerzo invertidos, coronen su WC. Ha sido finalista de diversos premios importantes en la modalidad de poesía o microrrelatos y ha sido traducida parcialmente a seis idiomas. Además, es editora de la plataforma Editorial Liberoamérica. Ha participado en numerosos recitales, los últimos son Enmujecer Fest en Córdoba o La Habitación de las mujeres en Madrid. Y ha organizado proyectos expositivos como "Guardianas del Hogar" durante el último Festival Eutopía 18.

Si entramos a "La Casa Rota"de Ana Patricia Moya pasamos al Portal donde una cita en mayúscula, a modo de aviso, nos recibe: «QUE MADURAR ERA ESTO: menú diario de plato, vaso y cubiertos con la soledad». Como pan de cada día, alimento diario y básico para el poeta que se nutre humildemente con lo que puede, para no pasar hambre. Nos adentramos en las habitaciones, en Rota «la soledad come y duerme conmigo» y «nunca me cuestiona». En Mueble bar concluye con dos profundos versos como «qué sentido tiene reservarse/ para una esperanza que nunca llega». No sólo me recuerda a las exquisitas reliquias botellas que guardamos en el mueble bar, sino a esos manuscritos, borradores, cuadernos de notas que los poetas o escritores vamos almacenando con el paso del tiempo. Deseando un buen momento para abrirlo, una mejor ocasión para ellos. En Cajones del baño encontramos una reflexión sobre la descendencia, «de mi vientre sólo nacen poemas estériles/ los hijos de la rabia que lloran/ por esta madre que no sabe cuidar/ de sí misma». Continúa el recorrido por el despacho, los libros que faltan, el tendedero, los trapos empañados, la vieja olla de fondo quemado, el armario empotrado, la cafetera, el balcón, la despensa, el destornillador, la comida precongelada o la entradita. Mostrando en cada una de ellas una parte de nosotros cuando se acerca a ese punto. Llega la hora de la limpieza y con lejía la desinfección de la mugre, de la tos, de lo inservible, de lo intruso, de las manos agrietadas y resecas. Aparecen bichos y con ellos el insecticida, el por qué, la dosis fatal, el quitagrasas. Volviendo al punto inicial, porque sí, madurar era esto y así nos pasa el tiempo. El tiempo de la vida, de reflexión, de soledad, de angustia, de discurso consigo mismo, de letras, de más soledad y de más letras.

La conocida cita Mens sana in corpore sano, actualmente es entendida como “mente sana en cuerpo sano”. En cambio, originalmente, era la necesidad de la oralidad para disponer de un espíritu equilibrado en un cuerpo equilibrado. Hoy día todos conocemos a alguien que paga la cuota del gimnasio sin ir un solo día al mes, de alguien que necesita ir dos veces por semana y de alguien que necesita ir más de dos horas al día. No me corresponde hacer una crítica a quien lo hace, sino a quien olvida la parte de la oralidad y la reflexión en la búsqueda de ese bienestar. Vida sana, comida sana, trabajo estable, felicidad patrocinada por lemas de Mr. Wonderful, pero las estadísticas dicen que España es el cuarto país europeo con más casos de depresión, llegando a afectar hasta más de dos millones de personas. La sufren un 3’6% de hombres y un 5’1% de mujeres, sin contar la ansiedad y quienes necesitan de algún fármaco para aliviar o estas dolencias o el descanso nocturno. Y aún sigue siendo tabú mencionar que esa enfermedad nos afecta directa o indirectamente en la sociedad, diariamente.

Todo el poemario está impregnado de ese profundo sentido renacentista, por esa interioridad lumínica de ventanas abiertas, persianas viejas, huecos en la estantería, que a la vez da sentido al desierto de lo real, según menciona Marisol Sánchez en el prólogo. La imagen conjunta de la casa rota y esa crítica irónica, acertada de la rutina cercana e íntima.  Por otra parte, La casa rota tiene una estrecha relación con el cuerpo, pero también con la poesía de Ana Patricia Moya, porque para ella, la poesía es casa. Todas las herramientas que conoce le son necesarias diariamente, para escribir, para cumplir esa necesidad vital, para habitar. Escribir necesita de tiempo y dedicación, pero el primer paso siempre es la reflexión. Quien escribe, en este caso, Ana Patricia Moya, hace, rehace y limpia continuamente su trabajo. Y así es como se estructura precisamente esta última obra de la autora cordobesa. Con un discurso claro y coherente, distribuye las ideas en ese recorrido al que nos invita, por una parte, por la parte física, por el cuerpo o por la propia poesía.

DESTORNILLADOR

Las persianas son viejas

cada dos por tres estropeadas

cada dos por tres mi padre arreglándolas

hay una belleza terrible en esos momentos

con aquel hombre y su caja de herramientas

otra metáfora de estos días grises

la hija rota

y él haciéndose cargo

de los destrozos.

Compartí este poema, «Destornillador», con niños y niñas de edades entre 6 y 13 años, visiones diferentes con sorprendentes interpretaciones del poema. Cada uno se centraba en un aspecto diferente del poema. Algunos hacían protagonista al padre y su remedio de arreglo, otros en las partes desunidas y rotas de la propia protagonista, otros en la imagen de ruina. Algo que, sin duda, rompe con algunas ideas preconcebidas de lo que los más pequeños entienden por poesía y sus dificultades con ella. @mundiario

La casa rota, de Ana Patricia Moya
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