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Carta al nuevo ministro de Cultura

Se conoce en el país y se sabe cuántas panaderías, cuántos fontaneros, cuántos médicos existen pero no se sabe cuántos escritores, cuántos filósofos, cuántos artistas plásticos, cuántos matemáticos, cuántos con nombre y curriculum y documentación...

Carta al nuevo ministro de Cultura
José Guirao. / Montserrat Boix
José Guirao. / Montserrat Boix

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Jesús Millán Muñoz

Jesús Millán Muñoz

El autor, JESÚS MILLÁN MUÑOZ, escribe en MUNDIARIO. Es licenciado en Filosofía. Funcionario. Es autor de ‘Cuadernos o Ensayos o Soliloquios o Enciclopedia filosofía’. @mundiario

No soy yo, quién debe decirle a usted qué proyectos debe intentar plasmar en la realidad o en la legislación, pero si creo que una de las faltas más graves del mundo de la cultura, es la falta de centros documentales, que ahora pueden ser virtuales.

O dicho de otra manera, en cada territorio o región o provincia o localidad o a nivel nacional, las diversas administraciones pueden saber y conocer, cuántas panaderías existen, cuántos cirujanos, cuántos profesores, etc., pero nadie conoce o sabe, cuántas personas, existen en cada entidad territorial en el nivel de la cultura, nadie conoce con seguridad cuántas personas existen, en tal campo de la cultura, cuántos matemáticos en tal territorio, cuántos filósofos, cuántos escritores, cuántos poetas, cuántos científicos sociales, etc.

Dicho de otro modo, a mi entender, es absolutamente necesario, si queremos que la cultura, sea una industria competitiva, a y en todos los sentidos, crear centros documentales virtuales, divididos por ramas del saber, y en ellos, de forma libre y voluntaria, los autores o especialistas sin selección previa, en cada uno de los saberes, estén expuestos con una pequeña biografía, un pequeño curriculum, en principio, y en fases sucesivos, pues con algo de representación de su obra, de su especialidad, si esas personas así lo autorizan y lo permiten.

Creo que de esta manera o forma, se consiguen una serie de objetivos.

> Primero, que la Cultura y la cultura, sea como cualquier otra especialidad que existe en el mundo, se sepa o se conozca las personas, que intentan contribuir en ese campo de la realidad, sin censuras de ningún tipo, sino todas las personas, expresen sus actividades culturales de una forma o de otra, siempre claro dentro de la legalidad jurídica…

> Segundo, multitud de autores, de segunda o primera o décima fila, pueden estar, porque son autores o investigadores o creadores en ese campo. Y tienen derecho, de tener un lugar bajo el sol y sobre la tierra, igual que los demás.

> Tercero, al conservarse sus nombres y sus curriculums, y enlaces a páginas de Internet, y en un futuro, algo de representación de sus obras y de su producción cultural, existe la posibilidad, de que dentro de un siglo, pueda revisarse la producción cultural, o dicho de otro modo, que exista posibilidad no se pierda, porque entre tantos cientos de miles de autores, en cada saber o especialidad en el mundo, cómo no se va a perder, alguna obra de talento, además, hoy se puede valorar y analizar la producción cultural de un modo, y dentro de cincuenta o cien años, de otro.

> Cuarto, existe la posibilidad de que la riqueza cultural, de cada territorio, ciudad, comarca, provincia, región, nación-sociedad-Estado o continente se conserve. Igual que conservamos producciones culturales arquitectónicas y en otros campos, aplicar las mismas medidas en todos los saberes: ciencias, tecnologías, artes, filosofía, teologías-religiones, ciencias sociales, etc.          

> Quinto, transformar el sistema de la selección y de la difusión de la cultura. Si existe un archivo equis, sobre un tema zeta, ejemplo, pongamos la poesía en un territorio equis, si alguien está interesado en la poesía de ese territorio solo tiene que ir a la base documental o centro documental sobre literatura o poesía de ese territorio, y empezar a estudiar, analizar, seleccionar, para publicar una antología, por ejemplo, para realizar una investigación universitaria, un artículo de periodismo, etc.

Es decir, cambiaría el concepto de industria cultural. En vez del autor, de realizar su obra, y después ir llevando su manuscrito a docenas o cientos de editores, el editor o el investigador, iría a la fuente, y después con los datos que dispondría ya podría ponerse en contacto con la obra o el autor o autores que sean de su interés, sería la fuente para posteriores ampliaciones.

> Sexto, centros documentales sobre temáticas concretas o saberes concretos, en diversas entidades territoriales o nacionales, apenas tendría coste económico, pero creo que sería un enorme incentivo para el desarrollo de la industria cultural, esencial hoy para el PIB.

> Séptimo, para terminar, no olvidemos, que en tantos cientos de miles de autores en cada actividad humana cultural, en el mundo y miles en cada territorio, pueden existir figuras, obras, creadores, de segunda o de quinta categoría, pero que sus obras merecen estar, igual que está la casa de hace tres siglos en un pueblo, y tiene su interés. Además, que no sabemos como juzgará la obra las próximas generaciones, y especialmente, quién sabe, si así de este modo, no se perdería un Kafka, una Dickinson, un Pessoa, por poner ejemplos, que a punto estuvieron de perderse y destruirse sus obras.

Ahí y aquí dejo el guante, las administraciones públicas y las entidades privadas, podrían estudiar y mejorar este proyecto, que creo es esencial para el desarrollo de la industria cultural y de la felicidad humana. @mundiario

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