Las bombas nucleares que sí explotaron en el cine durante la Guerra Fría

Imagen de una explosión de una bomba nuclear en ¿Teléfono rojo? volamos hacia Moscú.
Imagen de una explosión de una bomba nuclear en ¿Teléfono rojo? volamos hacia Moscú.
La maquinaria de la guerra activada por encima de los deseos del hombre se ve espléndidamente bien en Punto límite (1964), aunque Threads (1984) resulta más desasosegante en este 2022.
Las bombas nucleares que sí explotaron en el cine durante la Guerra Fría
Mientras en enero de 2021 entraba en vigor el Tratado para la Prohibición de Armas Nucleares (TPAN) aprobado por 122 naciones en 2017 y firmado por 84 países, entre las que no se encuentra España pero tampoco las potencias nucleares de Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido, un año después se debate en los medios de comunicación sobre la posibilidad de que el presidente ruso, Vladimir Putin, “apriete el botón” nuclear.

Dicho tratado “representa un compromiso significativo hacia la eliminación total de las armas nucleares, que sigue siendo la máxima prioridad de la agenda de desarme de las Naciones Unidas”, según palabras de António Guterres, Secretario General de la ONU y, de acuerdo con el texto del Tratado los países que lo ratifiquen se comprometen a “nunca, bajo ninguna circunstancia, desarrollar, probar, producir, fabricar o adquirir, poseer o almacenar armas nucleares u otros dispositivos nucleares explosivos”.

Lo cierto es que los países que a día de hoy lo han ratificado no tienen armas nucleares y por tanto dicho “compromiso significativo” pierde el gran valor que Guterres pretende darle. Más aún, teniendo en cuenta la cruda realidad a la que nos enfrentamos.

El TPAN bien podría formar parte de ¿Teléfono rojo?: volamos hacia Moscú (1964) (título original: Dr. Strangelove or: How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb), la sátira social y política cargada de humor negro que produjo y dirigió Stanley Kubrick y que fue estrenada en 1964. Gracias, precisamente, a la sátira, es como los grandes creadores han podido encarar ciertas problemáticas desde la crítica sin por ello prescindir del aspecto lúdico que, en el caso del cine, toda película debe tener.

Por tanto, en ¿Teléfono rojo?... nos topamos no solo con este primer ejemplo de bomba atómica en el cine con el que arrancamos ya el artículo, sino con una parodia sobre la guerra fría entre EE UU y la URSS, ese conflicto del siglo XX que se caracterizó por querer evitar el enfrentamiento directo entre Occidente y Rusia, lo que en su lugar produjo guerras subsidiarias en terceros países.

Peter Sellers interpreta de manera soberbia a tres personajes: el capitán Lionel Mandrake, el Presidente Merkin Muffley y el Dr. Strangelove, mientras Kubrick no solo vierte toneladas de ácido humor, sino también, en el fondo, una visión pesimista del mundo de la época (el cuál parece no haber cambiado tanto a tenor de los acontecimientos).Un mundo frágil que por una decisión personal o un fallo humano, puede acabar con toda la humanidad.

El Mayor Kong subido cual vaquero de rodeo a una ojiva nuclear cayendo directa a la Unión Soviética.
El Mayor Kong subido cual vaquero de rodeo a una ojiva nuclear cayendo directa a la Unión Soviética.

Sí, en ¿Teléfono rojo?... la bomba atómica explota. Estados Unidos bombardean a la Unión Soviética. EE UU, el único país del mundo que ha utilizado armas atómicas en guerra.

Ese mismo año, 1964, se estrenó otro filme que aborda una temática similar, pero desde una posición mucho más seria. Hablo de Punto límite (Fail-Safe), dirigida por Sidney Lumet y protagonizada por Dan O'Herlihy, Henry Fonda, Walter Matthau o Fritz Weaver entre otros.

Lumet se estrenó en el cine con Doce hombres sin piedad (1957), lo que fue toda una declaración de intenciones de lo que este cineasta podía hacer y Fail-Safe se ha considerado, con el paso del tiempo, una obra maestra.

De nuevo estamos en plena Guerra Fría. Una de las bases del Mando Estratégico Aéreo norteamericano detecta un objeto volador no identificado y manda como respuesta un escuadrón de bombarderos a ciertos puntos estratégicos situados en la frontera con la URSS. Cuando se descubre que el avión no identificado no es peligroso se ordena regresar a los bombarderos a la base, pero por un error informático éstos no reciben correctamente esas órdenes y en su lugar siguen adelante con el plan inicial y se dirigen hacia Moscú para bombardear la ciudad. El presidente de los Estados Unidos debe entonces ponerse en contacto con el gobierno soviético para evitar que éstos puedan llegar a su destino y provocar una guerra entre ambas naciones.

El filme plantea los problemas de una guerra nuclear a través de diálogos brillantes porque precisamente eso, el diálogo entre ambas potencias, es lo único que puede salvar a la humanidad. Y es que, en Punto Límite tratamos con un ataque no querido, es decir, con un error informático. La maquinaria de la guerra activada por encima de los deseos del hombre. Y de nuevo, habrá destrucción.

Saliéndonos de la esfera de los años posteriormente inmediatos a la crisis de los misiles de Cuba, donde se rodaron y estrenaron diversas películas sobre un posible holocausto nuclear, el temor a este tipo de armamento nunca ha desaparecido y en los años 80' se estrenaron algunas películas muy interesantes que abordan esta temática. Es el caso de Threads (1984), película para la televisión producida por la BBC y que muestra un hipotético ataque nuclear en la ciudad de Sheffield (Inglaterra) y sus consecuencias.

Threads (1984)
Threads (1984)

La historia de fondo para armar este drama es la invasión por parte de la Unión Soviética a Irán. Ante el temor por parte de EE UU de que la URSS se fortalezca gracias a los recursos petrolíferos del país islámico, los Estados Unidos se preparan, en colaboración con el Reino Unido y sus aliados de la OTAN, para realizar un ataque militar.

En UK se organizan grandes manifestaciones para protestar contra la participación del Reino Unido en dicho ataque. Pronto el terror se apodera de Gran Bretaña y la gente empieza a hacer acopio de alimentos, vemos grandes éxodos urbanos y circulan informes sobre el uso de ataques nucleares tácticos en Irán. Las películas que muestran cómo organizarse para protegerse y sobrevivir a un ataque nuclear se transmiten de forma repetitiva y diaria.

Los personajes protagonistas que vemos por delante de la trama geopolítica son dos familias británicas de clase media que llevan una vida normal y rutinaria hasta que comienza el pánico tras un ataque con ojivas nucleares. En total, más de 210 megatones han caído sobre el Reino Unido durante el ataque (de un total de 3.000 para todo el planeta), dos tercios de las viviendas han sido destruidas y el número de muertos se estima entre 17 y 30 millones.

La película, con un estilo documental muy áspero, tiene preocupantes similitudes con los momentos actuales: periodistas hablando constantemente sobre la posibilidad de una guerra nuclear, los ciudadanos llevando una vida rutinaria pero bajo la constante amenaza de un conflicto de este tipo… y lo que ninguno podemos imaginar a día de hoy es cómo sería el mañana tras un ataque atómico. Threads lo muestra y el resultado es muy desasosegante.

¿Cómo una película de 1984 puede ser tan relevante en 2022? A pesar de lo que creemos, ¿estamos involucionando?

Y si empezamos este artículo citando un Tratado, acabaremos mencionando otros que han sido suspendidos o han desaparecido: el Tratado sobre Misiles Antibalísticos, del que George W. Bush se retiró en 2002;  el Tratado de las Fuerzas Armadas Convencionales en Europa, del que Putin “suspendió” la participación rusa en 2007; y el Tratado sobre Fuerzas Nucleares de Rango Intermedio del que se retiró Trump en 2019.

Mary Elise Sarotte, profesora de historia de la Universidad Johns Hopkins y autora de Not One Inch: America, Russia, and the Making of Post-Cold Ware Stalemate, escribía este pasado 3 de marzo en The New York Times: “Aunque se consiguiera que Moscú se sentara otra vez a negociar, lo cual parece muy improbable en el futuro cercano, se necesitarían años de minuciosas conversaciones para resucitar esos tratados. Su desaparición es especialmente dolorosa a la luz de otras pérdidas —de la comunicación entre ejércitos, la expulsión de empleados de la embajada y el consulado— y el desarrollo de nuevos tipos de armas, como los misiles hipersónicos y la ciberguerra. Dos de las mayores potencias militares del mundo actúan en un casi total aislamiento mutuo, lo cual es un peligro para todos.” @opininonadas en @mundiario

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