Buscar

El camino a Ítaca, inmersión en la identidad de la conciencia

Ben Pastor nos encamina, en esta ocasión, a Creta. El aura mitológica de la isla griega servirá de paisaje en la nueva aventura del capitán Martin Bora, en la  que conjuga con maestría maquinación psicológica, narración policiaca y porfía moral.

El camino a Ítaca, inmersión en la identidad de la conciencia
James Joyce.
James Joyce.

Firma

Pedro Luis Ibáñez Lérida

Pedro Luis Ibáñez Lérida

Poeta, articulista y comentarista literario. Ha publicado varios libros de poemas, algunos de ellos premiados. Es de reciente publicación El milagro y la herida. Forma parte de la Antología Poetas en Bicicleta y de la Antología El Aljarafe y el vino. Colaborador de MUNDIARIO.

NUEVE DÍAS ANTES DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL, concretamente el 23 de agosto de 1939, Alemania gobernada por el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán (NSDAP) de Adolf Hitler, firma con la Unión Soviética el denominado Tratado de no agresión entre Alemania y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

La hipocresía de los estados, e incluso de antagónicos, como este caso,  juega a favor de esta y otras alianzas, que la historia nos revela como meras estrategias dilatorias entre feroces enemigos, antes de sacudirse la máscara y ofrecer la faz del horror y la barbarie. Eso sí, bajo un estricto protocolo de buenas formas que oculta el frío determinismo de eliminar al contrincante al precio que sea.

EL CAMINO A ÍTACA Alianza editorial, 2015.Traducción de Pilar de Vicente Servio- nos sitúa ante la perspectiva de un mundo que emerge en cada ser humano conforme su propia identidad se reafirma. En ese periplo extraño y desconcertante los valores que acuñan la tradición y la clase social a la que se pertenece, recrean una primera tentativa vital. Sin embargo es la experiencia biográfica la que nutre ese otro yo que, en ocasiones, no coincide con la versión reducida de aquellas, “…necesito escapar, con la imaginación al menos, de las férreas reglas con las que me crié”. He ahí el conflicto y la necesidad excluyente de obviarlo o implicarse en él hasta el dolor, “la conciencia moral se manifiesta como un llamamiento a la preocupación”. En ese juego de espejos la realidad no es la que parece y viceversa.

Las imágenes se distorsionan interesadamente y es el pensamiento íntimo el que incontaminado y a modo de confesión personal, se libera y nos interroga sobre quiénes somos. Martin Bora, joven capitán de caballería adscrito a la Abwher -servicio de inteligencia alemán durante segunda Guerra mundial-, forma parte del personal de la embajada de su país en Moscú. El 1 de junio de 1941, apenas tres semanas antes de la invasión alemana –Operación Barbarroja-, recibe un peculiar encargo por parte de Lavrenti Pavlovich Beria, vicepresidente de Comisario del Pueblo y jefe del NKVD –servicio de seguridad militar y civil de la unión Soviética-, secundado por las órdenes del propio embajador alemán. Dafni y Mandilaria son dos selectos vinos que se elaboran en la isla de Creta. Curiosamente la sangrienta operación aerotransportada -bautizada como Merkur- que concluyó con la caída de este enclave griego finalizó hace escasamente un día. Su misión consiste en asegurarse el transporte de 60 botellas. Pero este encargo anecdótico guarda otros cometidos que conocerá una vez recale en la isla. El asesinato de civiles: un aparente arqueólogo suizo, la ama de llaves y jornaleros de la finca, cuyas sospechas recaen en los paracaidistas alemanes, la autoproclamada “Elite de las Fuerzas Armadas”, centrará sus pesquisas.

La Cruz Roja Internacional es conocedora del asunto y se teme su reacción. Vairon Kostaridis, un pintoresco y desaliñado comisario nativo, será el encargado de introducirle en la atmósfera de la isla. Esa envoltura recubre un entramado de espionaje y crímenes de guerra que le conducirá por la geografía cretense acompañado de la arqueóloga estadounidense Francis L. Allen, esposa de Andonis Sidheraki, partisano cretense huido a las montañas. Durante este periplo tendrá encuentros tan curiosos como el desenlace con anarquistas catalanes pertenecientes a la FAI- Federación Anarquista Ibérica-, que tras la Guerra Civil se enrolaron en la legión Extranjera Francesa, para más tarde fugarse a Siria y evitar luchar con la Francia de Vichy, instaurada por el mariscal Philippe Pétain. Formaron parte del contingente militar que los británicos transfirieron desde Oriente Próximo para tratar de frenar la invasión germana.

La controversia que significa este cambio de registro llevará a nuestro protagonista a abundar en su propio pasado y las interrogaciones que mantienen en vilo sus propias convicciones sujetas a ese delirante ideal nazi. Las campañas bélicas durante la Guerra Civil en España en 1937 como teniente en la Legión Cóndor y en la invasión de Polonia en 1939, dan fe de su bautismo de fuego, ascenso y condecoraciones. Al margen de ello, la experiencia en ambos frentes será crucial para la evolución de su pensamiento. En el primero, Remedios se convertirá, desde ese momento, en una ensoñación permanente y deseante , “Allá en aquellas montañas, Remedios lo inició en prácticas sexuales con las que nunca había soñado, diciéndole que era digno de ello. ¿Por qué? Le pregunto él. Porque sufrirás mucho”. En el segundo, es el punto de inflexión para soalzar la mirada, “Hasta la fecha, lo peor que me ha pasado fue que me abriesen el cráneo en Polonia con una piedra.

Peter –su hermanastro- dice que no he vuelto a ser el mismo, lo cual, por supuesto, no son más que tonterías. No fueron las piedras, las que me abrieron los ojos”. Sin distanciarse con nitidez de este ideario, su formación ilustrada, la autodisciplina y control por su ascendencia y educación prusiana, el conocimiento de diversas lenguas, el cultivo de la lectura, la escritura, la música,  el gusto por la filosofía y su inagotable curiosidad, le dota de un relieve personal con capacidad crítica ante los acontecimientos.

BEN PASTOR  hace gala de ese atributo literario poco común de no solo saber contar una historia, también, y sobre todo, de hacer confluir en el lector la sensación de testigo privilegiado de lo narrado. Es decir, abrir de par en par La ventana indiscreta para que observemos como lo hace James Stewart en la película dirigida por Alfred Hitchcock en 1954. Y esa mirada no se limita a describir los hechos. Profundiza en la raíz que genera la intrahistoria de los personajes sometidos a un contexto irresoluble como lo es la guerra. María Verbena Volpi, nombre real de la autora italiana, aunque nacionalizada estadounidense y que escribe en inglés, nos sumerge en una tentativa desafiante al priorizar las contradicciones humanas y su vertiente psicológica a la propia trama. La novela negra se tiñe de cian, magenta y amarillo para sustraer más luz y formar tonos más oscuros.

La autora concibe su obra atendiendo a ese épico apunte sobre la individualidad y el no sometimiento a pesar de las consecuencias, “Me parece muy interesante esa idea de que incluso en un baño de sangre y en medio de una ideología deshumanizadora hay quien sigue intentando hacer justicia y perseguir el mal en la medida de sus posibilidades, aunque pueda parecer inútil y hasta absurdo”. Martin Bora se inspira en la imagen aristocrática y católica del coronel Claus Von Stauffenberg, que lideró el atentado frustrado contra Hitler el 20 de julio de 1944.

Si bien el personaje literario posee otras facultades como la constancia y la resistencia de las que se nutre para mantenerse expectante y discreto, con un aguzado sentido de la eficacia. La práctica de un diario del que no se separa nunca y al que se remite constantemente, le imprime ese carácter confesional que dialoga en primera persona. Es tan metódico y detallista que rehúsa escribir a tinta si el viaje en camión le procura manchar el inmaculado cuaderno y lo sustituye por el trazo a lápiz. En esta nueva entrega, y como un augurio, antes de su marcha de Moscú y desconociendo el destino inmediato, adquiere en uno de los puestos de libros usados Ulises, de James Joyce, traducido al alemán. Precisamente uno de los títulos prohibidos por el régimen nazi, cuyo protagonista es judío, “Pero, ahora que me dirijo al Egeo, poseer un libro sobre el mayor viajero  de la mitología griega de alguna manera tiene su lógica”.

Ciertos matices no pasan desapercibidos para la Gestapo -Geheimne Staatspolizei, policía secreta del Tercer Reich- que interviene su correo personal y cuyos antecedentes se remontan a cierto incidente con la SS en Polonia -Schutzstaffeln, organización paramilitar de Partido nacional Socialista alemán-. Es tildado de predicar el “socialismo de salón” y unido a la comunicación epistolar que mantiene con el Rector de la Universidad de Friburgo, el profesor Heidegger, tras la asistencia a un curso de verano sobre los presocráticos en 1932, colma ese grado de librepensamiento que le granjea cierta desconfianza ante sus mandos. Emprende, entonces, el verdadero viaje a la conciencia que se identifica con Ítaca, y que mantiene vivo en la reflexión de quien califica como “uno de mis maestros”, “el querer tener conciencia significa hallarse dispuesto para la angustia”, Das Gewissen haben wollen wird Bereitschaft zur Angst. Predicamento que sostiene esta obra y en la que el lector hallará disfrute y gozo asegurado, tanto en la forma como en el fondo literario de esta notable obra. @mundiario