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MUNDIARIO

Beato Fernando I y de doña Sancha

Se le denomina El Beato de Fernando I y doña Sancha o también denominado Beato Facundo por el copista de la mitad del siglo XI, también denominado Beato de San Isidoro de León por el lugar donde se encontraba originalmente.

Beato Fernando I y de doña Sancha
Beato Facundo. / Wikipedia
Beato Facundo. / Wikipedia

También se le denomina Segundo Beato de la Biblioteca Nacional, por la actual ubicación. Los Beatos son comentarios al Apocalipsis realizado el primero por Beato de Liébana, y a lo largo de los siglos fueron copiándose, y al mismo tiempo iluminándose o pintándose o miniándose. Se han conservado varias docenas, en mayor o menor integridad, entre otros el que comentamos.

El Beato Facundo o de Fernando I, consta de 312 folios en pergamino, a dos columnas, con 35 líneas de escritura visigótica e ilustrado o miniado o pintado con 98 miniaturas, escrito en latín, con fecha aproximada del año 1.047. Se cree que pudo haber sido realizado en el scriptorium de Sahagún.

En mi modesto entender y comprender, este Beato, como otros, tienen la misma categoría estética que las pinturas románicas conservadas de su época o su tiempo, están a la altura de la Capilla Sixtina del Románico, es decir, de San Isidoro de León. Ahora, con los facsímiles, copias casi exactas de estos libros, se han ido desarrollando un público coleccionista, que han empezado a valorar estas obras, como grandes obras de arte, además, de haberse extendido su potencial visión, por toda clase de públicos, a través de esas copias casi idénticas.

El texto del comentario del Apocalipsis del Beato de Liébana, un monje cántabro del monasterio de Liébana, que se considera que vivió desde el 701 a, 798, realizó un texto sobre el comentario del Apocalipsis, añadiendo y completándolo con citas de la patrística o de algunos padres de la Iglesia. Reflejando en parte la situación de la Península Ibérica, sociopolítica y socioreligiosa de aquella época, más las cuestiones del milenarismo y, problemas de cristología.

Este texto fue copiado repetidamente muchas veces, a lo largo de los siglos, añadiéndole algunos textos, cercenando otros, pero se han conservado, parte de ejemplares y copias casi enteras, algunos con ilustraciones, miniaturas, iluminaciones, pinturas de un alto nivel estético y conceptual. Como es el caso del Beato de Facundo o de Fernando I, que estamos comentando.

El gran arte, aunque no guste oírlo, hasta ahora, desde la prehistoria, ha sido en casi todos los casos, obras estéticas en sí, pero mezcladas y combinadas con niveles de significación religiosa o espiritual, sea en el nivel chamánico, posiblemente, como en la prehistoria, sea en los estratos monoteístas de las religiones occidentales, o de la “liberación meditación” en las orientales. Esta obra, reúne significación en varios estratos o perspectivas o dimensiones, no solo es una producción cultural, en su textualización histórica y social, es decir, relacionada con su época y tiempo, sufrimiento y angustia del ser humano, sino también, con esas significaciones apocalípticas, que siglo tras siglo se va repitiendo en la historia humana, en todos los tiempos y sociedades, diríamos con concreciones diversas. El ser humano, tanto individual como colectivo, siempre se enfrenta, de alguna manera al Apocalipsis: es decir, la muerte, la guerra, la epidemia, la enfermedad… Pero también tiene significados filosóficos-metafísicos, combinados con religiosos-espirituales. Por lo cual, esta obra, es como una gran película o una pequeña enciclopedia, que entre los textos escritos y diríamos los “textos dibujados o miniados o ilustrados o pintados”, nos proporcionan, proporcionaban en esas épocas, un poco de consuelo y de sosiego, y también de clarificación e interpretación, en tiempos complejos, y todos, todos lo son.

Ahora este “manuscrito pintado”, solo lo percibimos con significativos estéticos plásticos, con la genialidad de las pinturas. Pero no debemos obviar y olvidar, que estos textos, se copiaron una y otra vez, durante varios siglos, y se pintaron por diversos pintores, que aunque no conozcamos sus nombres, tenían o podrían considerarles los Velazquez, Miguel Ángel, Leonardo, Picasso o Matisse de su época.

Es posible, que no todo el mundo, salvo especialistas y expertos, puedan percibir y pasar las hojas del original, que está conservado en la Biblioteca Nacional, es posible, que solo unos cientos de personas puedan comprar y coleccionar una de las copias facsimilares, pero el resto de personas, podremos verlos y sentirlos y percibirlos, algunas de esas copias casi idénticas, con sus defectos incluso añadidos por los vaivenes de la historia en alguna exposición, o al menos, a través de Internet, percibir-sentir-pensar-saborear esas hojas, esas ilustraciones, esos textos…

El Beato Facundo es una de las grandes obras de la Humanidad, una de las grandes entre las obras de Arte y de Estética de la Humanidad, porque nos reflejan lo que somos, nuestras alegrías y nuestras angustias. Es más, nos hace humanos, nos define como humanos, esa “capacidad que tenemos de obtener de lo negativo, lo positivo, de la pena, en definitiva, el Apocalipsis, hacer una obra de Arte que puede durar siglos…”. @mundiario