Atlantic Crossing, la The Crown noruega

Atlantic Crossing. Productora.
Atlantic Crossing. / Productora.
El papel de Marta lo representa la magnífica actriz sueca Sofia Helin, que capta la verdadera esencia de la serie: la transformación de una “provinciana” princesa en una sofisticada jugadora en la escena política internacional.
Atlantic Crossing, la The Crown noruega

Algunas series escandinavas han tenido un éxito notable en toda Europa. La danesa Borgen o la sueco-danesa El Puente, son ejemplo de un formato en el que parece que los guionistas se encuentran a gusto, con ritmos pausados que permiten profundizar en los siempre interesantes personajes y con una buena provisión de actores y sobre todo actrices de los tres países.

La última en llegar a nuestros televisores es Atlantic Crossing, llamada la The Crown noruega por tener a la familia real de ese país en el centro de la trama.

Tras la invasión alemana de la neutral Noruega, al comienzo de la guerra, en abril de  1940, el Rey Haakon y el príncipe heredero Olav se exilan en Londres acogidos en Buckingham Palace por su pariente Jorge VI, mientras que la princesa Marta, esposa de Olav, escapa a Estados Unidos con sus tres hijos desde donde, a través de una entrañable amistad con Franklin D. Roosevelt, obtiene el apoyo americano a la causa de su país.

El papel de Marta lo representa la magnífica actriz sueca Sofia Helin (El Puente) que capta la verdadera esencia de la serie: la transformación de una “provinciana” princesa, también de origen sueco, en una sofisticada jugadora en la escena política internacional. Todo eso algo adobado con la infatuación del impedido presidente con ella, con quien es cierto que pasó muchas veladas pero, según algunos historiadores, sin pasar de una buena amistad.

La princesa Marta, un personaje europeo interesante

La princesa Marta es uno de los personajes europeos más interesantes de comienzos del siglo XX. Hija del príncipe Carlos -hermano de Gustavo Adolfo V- y de su prima, la princesa Ingeborg de Dinamarca. Pasó gran parte de su infancia y juventud en Villa Bysträm, en la preciosa isla de Djursholm, en el centro de Estocolmo, que luego adquirió Alfonso XIII en 1928 y desde entonces es la sede de la Embajada de España en Suecia. Allí tuve mi despacho durante mis años como consejero de prensa en ese país.

Carlos estuvo a punto de convertirse en Rey de Noruega tras su separación de Suecia  en 1905, pero su padre Oskar II se opuso, con lo que el parlamento noruego, tras un plebiscito sobre la forma de gobierno, optó por el príncipe danés del mismo nombre, hermano de la madre de Marta, que paso a llamarse Haakon VII,  en honor del último rey noruego. Esta se casó son su primo Olav -futuro V- Todo quedaba en familia. De hecho, la madre de Haakan, entonces Carl, también era una princesa sueca. La hermana pequeña Astrid fue la reina de los belgas.

Y es que esa familia se había especializado en proveer de monarcas y consortes a las casas reales europeas cuando andaban escasos de ese preciado bien. Marta nunca llego a ser reina debido a su prematura muerte a los 53 años. La familia sueco-danesa se echó a la joven Noruega al hombro y cumplió su misión de convertirla en un país asimilable a sus hermanos mayores.

 

¿cumple su objetivo?

La serie no cumple su objetivo. Si Haakan aparece como decidido, Olav es descrito como inseguro y celoso, especialmente ante el éxito de su mujer en la misión que le habían encomendado, e inmaduro frente a los políticos de su país -también exilados-, que le habían perdido el respeto. Gustavo Adolfo, magníficamente interpretado, pasa las veladas bordando y apoya al gobierno de Per Alvin Hansson en su defensa a ultranza de la consentida neutralidad, que de hecho permitía el paso de tropas alemanas camino de Noruega y el transporte de mineral de hierro, imprescindible para la fabricación de armamento, desde las minas del norte de Suecia al puerto noruego de Narvik navegable todo el año. Los guionistas se vengan, no tan sutilmente, cuando le presentan dictándose a sí mismo, en alemán, una carta dirigida a “mi querido Führer”.

Los personajes se mueven con soltura en danés, sueco, alemán o inglés, por supuesto, mucho antes de que la enseñanza extendida de los principales idiomas en el sistema público de educación ampliara el conocimiento de estos.

La familia real noruega superó las dificultades y logró la estabilidad: solo tres monarcas en los 116 años que van desde su separación de Suecia.  Gracias al descubrimiento del petróleo en los 70 y a la buena gestión de esa riqueza, el país pasó de ser un subdesarrollado reino de pescadores a uno de los más ricos de Europa, igualitario, protector del medio ambiente y comprometido con los valores del progreso. Y además sus artistas saben hacer cine. @mundiario

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