Artistas gallegos reconocidos de los que tuvo constancia Picasso

Marina de Ovidio Murguía
Una marina de la ría de A Coruña pintada por Ovidio Murguía (1897), hijo de Manuel Murguía y Rosalía de Castro. / Colección Museo de Belas Artes da Coruña.
De todos ellos, don Alejandro Barreiro (1892), que a la par que escribía también gustaba del ejercicio de la pintura, dice: "[...] que hoy viven casi oscurecidos en Galicia".
Artistas gallegos reconocidos de los que tuvo constancia Picasso

En una comunidad diferente a sus hermanas del resto de España no había una escuela definida de pintura, muy a pesar de lo que era el deseo de los artistas y los críticos de aquellos años. Su referencia se encontraba en la escuela andaluza, la valenciana y la madrileña; y al punto la catalana. Entre medias seguiremos un artículo que el admirado Alejandro Barreiro (también autor de la primera noticia sobre Pablo Picasso) y con el título de Pintores gallegos publicó en 1892 y firmó con una —A—.

Era un lugar común la opinión de que la inexistencia de la pintura gallega se debe a la incuria y a la humedad del noroeste de la península; ¡siempre lloviendo como diría don José Ruiz y aseveraría entre suspiros su esposa María Picasso! La realidad es que ni existió tal incuria y sobre todo que la pintura gallega de inspiración globo-europea se manifiesta cuando se hace la descarga de los revoques en las tapias y paredes de las iglesias de la región y otros monumentos; damos por supuesto que el entendido sabe que los cuadros con soporte de tela o papel están más afectos a la humedad. Ciñéndonos a León y Galicia, la diferencia que existe entre los libros y las pinturas debido al paso del tiempo es evidente. Las de estancia gallega suelen estar manchadas por el óxido y algunas por la humedad al par que contienen también roturas debido a las debilidades que produce el microclima de los fallados y las salas de las casonas o los conventos con más de un cristal roto y el vendaval corriendo por el suelo, entrando por una puerta y saliendo por la contraria. Las de estancia leonesa se suelen conservar casi en lo que roza la perfección debido al clima seco y a que son guardadas en un ambiente óptimo.

Siguiendo con lo antedicho que es tan picassiano como lo escrito con anterioridad, Barreiro y otros citan a: Antonio Jaspe; Germán Meléndez que fue uno de los cuatro retratistas de Pérez Costales (el segundo en calidad a una gran diferencia de Joaquín Vaamonde y muy por delante de Pablo Picasso); Emiliano Balart; Serafín Avendaño que es tratado como un notable paisajista que estudió y vivió en Italia, dejó obra en muchas cortes europeas y que vive en Madrid (la capital de España era el lugar de destino al que aspiraban muchos de los profesores de música —Veiga— y de artes plásticas que fueron profesores de Picasso); Manuel Ángel; Rafael Balsa, del que aseveran, y con razón, que tiene mejores dotes para la pluma que para el pincel; Silvio Fernández (dos de cuyos cuadros pertenecieron a la colección familiar de quien esto escribe); Alfredo Souto al que tilda de "excelente marinista", bien que el que quizás las calidades de don Alfredo iban por otro camino. De todos ellos, don Alejandro Barreiro que a la par que escribía también gustaba del ejercicio de la pintura, dice: "[...] que hoy viven [vivían] casi oscurecidos en Galicia". Recuerda también a Modesto Brocos, hermano de Isidoro (que fue el profesor preferido de Pablo Picasso). Se duele Barreiro que Modesto, hijo de Compostela, se encuentre en Brasil en una cátedra de dibujo que aceptó después de ser pensionado en Roma. Por último, este dolor —sentimiento artístico, aprecio artístico—, de clara connotación regional y provincialista tal cual se decía cuando Picasso estaba en A Coruña, se vuelca sobre Román Navarro del que no hace falta alabar su excelencia pero sí denotar que vive en una capital de provincia donde no faltan las envidias y las murmuraciones.

En fin, el mismo Pedro Bono que era un cacho bohemio como don José, con la diferencia de edad que a ambos atañía, es tildado de poseer excelentes dotes artísticas sin olvidar que obtuvo por oposición la docencia de Ornamentación por Estilos en la E. BB. AA. También destacan Ovidio Murguía (hijo de Rosalía de Castro y profesor de la misma Escuela de Bellas Artes de A Coruña) y Parada Justel, que fallecen ambos a una edad temprana y que son dos componentes de la conocida como Generación Doliente —nombre con el que se conoce a un grupo de prometedores pintores de Galicia (España) del siglo XIX, fallecidos todos ellos de tuberculosis alrededor de 1900—. Y venga por último al caso un artista de grandes esperanzas que es uno de los eslabones de una saga, los Lugrís, que dieron tanto en literatura como en pintura un grupo familiar de excelentes creadores; hablamos de Urbano González que mucho visitaba Santiago de Compostela y que practicaba el arte aplicado: decorando álbumes, haciendo diseños para la platería y dibujando las tapas de varios libros de sona (1890-1900), y que fue discípulo de Román Navarro y de Casto Plasencia y en lo más y según señalan sus hagiógrafos se manejaba tan bien con la pluma como con los pinceles. @mundiario

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