Quemar las naves, un cuento de Angela Carter

Portada. Quemar las naves. Los cuentos completos, de Ángela Carter
Portada de Quemar las naves. Los cuentos completos, de Ángela Carter

Su lectura muestra esa tarjeta de visita conmovedora que nos asegura la calidad literaria que derrama ternura, dolor y sentir en todos los personajes.

Quemar las naves, un cuento de Angela Carter

Ángela Carter, (Eastbourne, Sussex, 7 de mayo de 1940 - Londres, 16 de febrero de 1992) fue una periodista y novelista británica, que como señala Salman Rushdie en el prólogo a esta rica edición de su obra completa, “murió en el apogeo de sus poderes”. “Los relatos de este volumen dan la medida de nuestra pérdida”, continúa. "Pero también son nuestro tesoro. Hagamos justicia, pues, a este tesoro y a su brillo inextinguible”.

Y todo es iniciar la lectura del primer relato de que abre la edición de este caudal literario. Jamenson es el  protagonista que vivía y amaba su contrabajo como a la niña de sus ojos. Su lectura muestra esa tarjeta de visita conmovedora que nos asegura la calidad literaria que derrama ternura y sentir en todos los personajes, deslizando el dolor y las circunstancias de su lucha por la vida. Y ese contrabajo con el que Jamenson se gana el sustento, que ha bautizado con el nombre de Lola es el comienzo de un desfile narrativo deslumbrante y de gran variedad de situaciones en una atracadora y rica ficción y realidad por una apuesta literaria de un alto contenido literario.

La hermosa hija del verdugo nos presenta ese tipo de historia que salta por encima de todo cálculo literario imaginable, pues nos ofrece dentro del transcurrir de la historia, la imperiosa obligación, según las leyes establecidas, por parte del verdugo de tener que ejecutar con frío corte de hacha la vida de su propio hijo que ha violado a su hermana. Ley y norma de la práctica implantada del incesto en una sociedad arcaica y brutal, aunque, sí, el propio verdugo protegido por una perfecta máscara que cubre su rostro, si pueda practicarlo con su propia hija. Toda esta historia no es otra cosa que el sarcasmo de la sociedad. Las impurezas bárbaras protegidas.

Era una escritora demasiado particular, demasiado extrema... como para disolverse con facilidad

Margaret Atwood con transparente acierto señala que: “Angela Carter parecía estar siempre a punto de conferir algo: un talismán, un símbolo que permitiría atravesar el oscuro bosque, las palabras mágicas necesarias para abrir una puerta encantada”. Y efectivamente así suele  tomar vida en todos sus cuentos de búsqueda insaciable, desesperada, en muchas de las historias en la que la naturaleza de los bosques, su diversidad vegetal, adquiere propiedad envolvente. Allí se encuentra la Venus negra, suavidad de remolinos de bruma invaden las callejuelas, se elevan del río despacioso como exhalaciones de un espíritu exhausto, se filtran a través de las grietas de los marcos de las ventanas de tal modo que los contornos de su alto y solitario apartamento vacilan y se derriten.

La añoranza de lo lejano, lo que le ha sido robado en este rapto en su selva para ser sometida a la prostitución en la selva de cemento de la gran ciudad, desgarro y nostalgia. “En tardes como ésa una lo ve todo como si se le fuesen a fundir los ojos en lágrimas. Suspira. “Mordió la anona de su apestoso Edén, esta Eva desolada…, y se vio transportada aquí de golpe, como en un sueño; y, sin Annona reticulada; «falsa amiga» de la chirimoya de carne rica y semillas venenosas”.

Una obra maestra, apasionante narrativa para más de una lectura con calma, Carter “Era una escritora demasiado particular, demasiado extrema, sin embargo, como para disolverse con facilidad: ahora formal y extravagante, ahora exótica y coloquial, exquisita y burda, preciosista y vulgar, fabuladora y socialista, púrpura y negra”. Como sensible emoción humana y literaria señala Salman Rushdie en el prólogo. @mundiario

 

 

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