Adiós a Marisa Paredes: una vida de compromiso y grandeza en el cine y el teatro español
El mundo del cine y el teatro español está de luto tras la muerte de Marisa Paredes, ocurrida esta madrugada en Madrid a los 78 años. La actriz, reconocida por su elegancia y su profundo compromiso con el arte y la sociedad, falleció debido a un problema coronario en el hospital Fundación Jiménez Díaz, donde acudió acompañada de su pareja, Chema Prado. La noticia de su fallecimiento ha provocado una conmoción en la industria audiovisual, que despide a una de sus grandes figuras.
Nacida en Madrid en 1946, Paredes comenzó su andadura en el mundo de la interpretación desde su adolescencia, desafiando las dificultades económicas de su familia. Hija de una portera y un trabajador de la fábrica de cerveza El Águila, su infancia estuvo marcada por la pobreza, una realidad que forjó su conciencia de clase y su carácter comprometido. Desde pequeña soñaba con ser actriz, inspirada por las intérpretes que veía en el Teatro Español, situado cerca de su hogar en la Plaza de Santa Ana.
Su debut llegó a los 14 años con un pequeño papel en la película 091, policía al habla (1960), de José María Forqué. Poco después, comenzó a trabajar en el teatro, destacándose en producciones del Estudio 1 de RTVE y en escenarios como el Teatro de la Comedia, donde inició su carrera profesional. Su talento y porte la convirtieron en una intérprete versátil, capaz de encarnar desde los grandes dramas de Chéjov e Ibsen hasta papeles en cintas icónicas del cine español.
En el cine, Paredes destacó con papeles en Ópera prima (1980), de Fernando Trueba, y especialmente en su colaboración con Pedro Almodóvar, con quien trabajó en películas como Entre tinieblas, Tacones lejanos y Todo sobre mi madre. Esta última le valió el premio colectivo a la mejor interpretación femenina en el Festival de Cannes y consolidó su reputación internacional. Su filmografía también incluye colaboraciones con cineastas como Arturo Ripstein (Profundo carmesí), Guillermo del Toro (El espinazo del diablo) y Agustí Villaronga (Tras el cristal).
Un compromiso social inquebrantable
Más allá de la interpretación, Marisa Paredes fue una mujer profundamente comprometida con las causas sociales y políticas. Presidió la Academia de Cine durante uno de sus momentos más tensos, en plena Guerra de Irak, cuando lideró el histórico grito de "No a la guerra" en los Premios Goya de 2003. Firme defensora de los derechos civiles, la cultura y el feminismo, nunca dudó en alzar la voz ante las injusticias sociales.
“No podemos permitir que el miedo domine nuestras vidas ni que la cultura sea silenciada”, expresó en uno de sus últimos actos públicos, mostrando su preocupación por los retrocesos en libertades culturales en España.
En las últimas décadas, la actriz vivió cerca de la plaza que la vio crecer y donde ahora se le rendirá homenaje. Este miércoles, el Teatro Español acogerá una despedida pública para recordar su legado, una trayectoria que abarcó más de seis décadas de dedicación al arte.
Su última gran apuesta teatral, un monólogo titulado Cargada de futuro, iba a estrenarse en 2025 bajo la dirección de Lluís Pasqual. Aunque ese proyecto quedará inconcluso, el nombre de Marisa Paredes seguirá resonando como un símbolo de talento, compromiso y resistencia en el cine y el teatro español.
Con su partida, España pierde a una de sus grandes damas de la interpretación, pero su legado permanecerá vivo en la memoria de quienes disfrutaron de su arte y compartieron su pasión por una sociedad más justa. @mundiario