La ruta del arroz en Costa Rica afronta una curva peligrosa

Productores de la Región Pacífico Central. / Conarroz
Productores de la Región Pacífico Central. / Conarroz
Si bien los precios aún no caen a lo esperado por las autoridades del actual Gobierno, ya se observan posibles nubarrones en el escenario del año 2023.
La ruta del arroz en Costa Rica afronta una curva peligrosa

Si bien Costa Rica no ha producido todo el arroz de su famoso –chifrijo– o –el gallo pinto–, se han mantenido casi 500 productores de arroz que representan a las cinco regiones de planificación del país ubicadas en las zonas costeras y los grandes extremos norte y sur del país. El arroz y los frijoles representan las principales fuentes de cereal y proteína en la alimentación de los ticos, como comúnmente se les dice a los costarricenses.

La ruta del arroz es el nombre del proceso de desmantelamiento arancelario e institucional que transforma el anterior modelo regulatorio del precio y calidades del arroz, basado en una función clásica de costos medios por estrato de la cadena productiva que funcionó por cerca de 30 años y que estaba a cargo de la oficina costarricense del arroz, Conarroz.

En adelante, luego de los decretos de cambio en el funcionamiento del mercado del arroz, los precios se regirán por el mercado, oferta y demanda, teniendo una disminución drástica del arancel de importación de grano pilado que pasó de 35 a 4,5 por ciento y una disminución a 3.5 por ciento para la importación de granza. 

Así las cosas, a partir de agosto 2022 el modelo regulatorio de precios que garantizaba un precio mínimo de referencia para la granza nacional y un precio tope máximo para la venta del arroz pilado en el mercado nacional desaparece, generándose una clara incertidumbre sobre el futuro de los productores de arroz, sobre todo los medianos y más pequeños y por supuesto, generando expectativa sobre el futuro del precio final del arroz pilado para llevarlo a la meza de todos los costarricenses.

Es indiscutible que el precio de los alimentos y en particular los cereales como el arroz son altamente volátiles

Si bien los precios aún no caen a lo esperado por las autoridades del actual Gobierno, ya se observan posibles nubarrones en el escenario del año 2023 y futuro. Es indiscutible que el precio de los alimentos y en particular los cereales como el arroz son altamente volátiles ante posibles cambios del escenario climático, sobreproducción o efectos de naturaleza geopolítica como las guerras.

Ya de por sí la incertidumbre global de los últimos años nos hace dudar de que se mantengan los precios bajos en granza y arroz pilado, ni que decir de los posibles efectos de una elevación del conflicto chino y su impacto en el comercio internacional en Asía.

El posible cierre del mercado de la India y las constantes variaciones de las políticas internas de ayuda en los Estados Unidos, podrían ocasionar movimientos bruscos de corto plazo en los precios, fácilmente diluyendo, las posibles ganancias del efecto ruta del arroz.

El modelo regulatorio

Estamos claramente ante una curva peligrosa en la ruta del arroz definida por el actual gobierno del presidente Rodrigo Chaves, si bien podría darse un alivio de cortísimo plazo en el bolsillo de los consumidores costarricenses, pareciera muy incierto lo que vendrá en el horizonte de mediano y largo plazo.

Esperemos acontecimientos en un tiempo no muy lejano, queda claro que la estabilidad de precios del arroz ha quedado enterrada en los últimos dos decretos del Gobierno, esperemos que los efectos en pequeños y medianos productores no terminen por adelgazar más los indicadores del campo, ensanchando la pobreza y la exclusión de estas zonas de menor desarrollo relativo.

Aguardemos también que sea posible pasar de largo ante los nubarrones del comercio mundial de alimentos y en particular del cereal del arroz, aspecto que además de conducir con cuidado el proceso requerirá de suerte climática y geopolítica.

Si bien para algunos la protección del consumidor solamente se atribuye a la mayor competencia del mercado, las condiciones de oligopolio y las fallas de información y de mercado existentes, nos podrían llevar por una carretera muy peligrosa. La necesidad de preservar aunque sea parcialmente la producción y defensa de nuestra seguridad alimentaria requeriría de un análisis más agudo y menos ideológico.

Tal vez era hora de cambiar el modelo regulatorio, tal vez los efectos serán variados, empero, la apuesta por poner todo el énfasis y confianza en los mercados internacionales, no deja de ser de alto riesgo, esperemos no terminar peor de como empezamos. @mundiario

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