Volverá el actor Arturo Fernández, en los escenarios sus tics a renovar

Arturo Fernández en la promoción de su última obra, "Enfrentados"
Arturo Fernández en la promoción de su última obra, Enfrentados.

No sé qué tiene Arturo Fernández que si no te fijas en sus alcanforadas declaraciones, trae, como las golondrinas de Bécquer, una promesa de sol  que rasga las brumas atlánticas. Pero este año no viene solo…

Volverá el actor Arturo Fernández, en los escenarios sus tics a renovar

Como las golondrinas de Gustavo Adolfo Bécquer en su Sevilla de nacimiento o en su Madrid de 'pacimiento', cada vez que veo el primer anuncio de una función de Arturo Fernández en Coruña, me da la sensación de que por fin es verano. Como concide con las fiestas de la ciudad, pues miel sobre hojuelas, o panderetas sobre castañuelas, que viene más al caso.

Hará dos o tres veranos me lo encontré en una terraza de La Marina, acompañado del que supongo sería su representante. Apenas lo entreví, una aureola dorada lo circundó, envolviéndome a mí en un manto de calor, jaspeado con cielos azules. El resto del mundo, brumoso y gris, ceñudo y fastidioso, hizo mutis. Con su camisa de rayas burdeos rematada en un cuello blanco, sus tejanos con raya y unos mocasines sin calcetines era la viva estampa del galán eterno, del ganador de vida fácil, de la apoteosis del gesto estudiado (para ser elegante, tendría que ser menos envarado, pero es que nadie es perfecto). Uno tiene que tener muy claro su papel en la vida para manejar la raya del vaquero y los tobillos desnudos con desenvoltura, y no como esos jipijipsters que colman las bodas veraniegas de esta temporada con trajes talla y media más pequeña y Oxfords sin calcetines, comprados, por cierto, dos días antes (¡Sacrilegio!). Después de los tertulianos y los cocineros mediáticos, nada ha hecho más daño que los personal shoppers, que se lo digo yo.

Lo malo es que a Arturo Fernández le pasa lo mismo que a la Castafiore, la diva de Tintín: en cuanto abre la boca fuera del escenario, te dan ganas de salir corriendo. Y no es casual la comparación. Siempre se habla de divas, pero nunca de divos. Cómo si un hombre no pudiera serlo. Les cuento un chisme. Cuando Fernández rodó "Truhanes", una de las mejores películas españolas -para mí, claro- de los últimos años, exigió garantías de que el guión de Paco Rabal no tendría ni una -¡ni una!- palabra más que el suyo. Y allí podía ver usted a los dos divos contando diariamente sus palabras y a los guionistas perdiendo el pelo. ¡Qué paciencia la de Miguel Hermoso, el sufrido director! Quizá en aquella ocasión me resultaron menos obvios y fastidiosos los tics del galán, cuya exageración gestual sólo tiene parangón en Antonio Resines y Chiquito de la Calzada.

Pues así, como Arturo Fernández, llegamos nosotros este verano con una nueva edición de MUNDIARIO, que José Luis Gómez, tan sagaz siempre, ha tenido esta vez el despiste (creo yo) de encargarme: Mundiario GALICIA. El divo se irá, se irá el calor, los cielos claros se encapotaran, pero nosotros, si ustedes quieren, seguiremos aquí, contándoles dichos y hechos de una Coruña, de una Galicia, que a todos, naturales y forasteros, nos tienen enamorados. Por ello aprovecho también para invitarlos y animarlos a que si tienen algo que decir sobre su ciudad, sobre su provincia, sobre su región, se animen a hacerlo (en el faldón de la página encontrarán el contacto). No esperen a que nadie se lo cuente, cuéntenlo ustedes si ustedes quieren. Como en Juego de Tronos, el invierno se acerca; y, después, llegarán los Caminantes Blancos, gélidos y desalmados, con su larguísima precampaña electoral, pero nosotros, con nuestras voces, con nuestras palabras, habremos construido para entonces un lar cálido con el que soportar su aliento helado. Siempre, naturalmente, si ustedes quieren…

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