Los resultados económicos de China en lo que va de 2023 apuntan a un rotundo fracaso de la guerra lanzada por EEUU, pero...

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, junto a su homólogo de China, Xi Jinping, cuando el primero era vicepresidente del Gobierno de Obama. / NBC
El declive norteamericano y el ascenso social y económico de China están marcando los nuevos tiempos.

La globalización ha llevado a una gran interdependencia económica entre Estados Unidos y China. Ambos países son los principales actores en la economía global. El declive norteamericano y el ascenso social y económico de China están marcando los nuevos tiempos, pero EEUU no está dispuesto a ser destronado de la cima mundial. Conserva su poderío económico y militar, su mucho mayor renta per cápita y, sobre todo, su poder blando: el control de la cultura, de la información y del entretenimiento en el mundo. Con estas armas se ha lanzado a la guerra tecnológica y comercial contra la economía china donde todo vale con tal de provocar la quiebra o el retroceso económico del adversario.

Bloqueo tecnológico de las empresas y de la economía china con el objetivo de quebrar las cadenas de suministro, con un protagonista principal, pero no único, en los semiconductores o chips; y “desacoplamiento” occidental de la economía china para frustrar las exportaciones y reducir el crecimiento económico. Dos elementos de una misma estrategia.

Y si el fracaso de EEUU por bloquear tecnológicamente a la economía china es cada vez más evidente, el fracaso de la otra pata de la agresión norteamericana que trata de “desacoplarse” de la economía china para reducir su capacidad exportadora y provocar su quiebra económica es aún mayor.

Las cifras del comercio exterior de China en marzo han supuesto el fin de la tendencia a la baja de los últimos meses de 2022. Las cifras de febrero mostraron su regreso a terreno positivo y las espectaculares cifras de marzo muestran la sorprendente capacidad económica de China. En marzo las exportaciones crecieron un 23,4 por ciento respecto al año anterior (un 14,8 por ciento interanual si se expresan de dólares).

A tener en cuenta que este progreso se realiza, por una parte, en una situación internacional de creciente riesgo de una recesión global y de una demanda internacional más lenta de lo esperado y, por otra parte, en una situación de intentos de “desacoplamiento” de la economía china, de incremento del proteccionismo occidental y de la amenaza de la “geopolítica” que trata de provocar una nueva “guerra fría”.

En términos trimestrales las exportaciones han crecido un 8,4 por ciento interanual y las importaciones un 0,2 por ciento. La tendencia a la reducción de las exportaciones a EEUU, algunos países de la UE y Canadá está ampliamente compensada por el rápido crecimiento del comercio con el resto del mundo.

Por su parte el Producto Interior Bruto (PIB) ha presentado un crecimiento interanual del 4,5 por ciento en el primer trimestre, por encima de las expectativas de los analistas, convirtiendo nuevamente a China en el motor del crecimiento económico mundial.

Pero la tendencia al desacoplamiento occidental es previsible que siga creciendo. Y, además, los niveles de superávit comercial alcanzados por China no son sostenibles por lo que las exportaciones no pueden seguir creciendo eternamente a una ratio considerablemente mayor que las importaciones. A no mucho tardar probablemente el sector exterior deje de ser el principal componente del crecimiento chino. Es de esperar que el consumo interno tome el relevo, para lo que ya existe un gran nivel de ahorro, y que el sector inmobiliario termine de completar su recuperación. @mundiario