La Nueva Gran Muralla china será verde

Muralla Verde china
Muralla Verde china
Será una muralla de 20.000 kilómetros cuadrados, con dos millones de hectáreas de bosque y un total de 100.000 millones de árboles.
La Nueva Gran Muralla china será verde

La Gran Muralla China completó su primera construcción tres siglos antes de nuestra Era, y fue reemplazada por construcciones similares sucesivas y completada con la construida por la dinastía Ming a lo largo de casi 200 años, entre los siglos XV y XVI. Todas como construcción defensiva frente a las invasiones del Norte.

La nueva Gran Muralla será Verde. Se empezó a “construir” en 1978 y está diseñada para completarse en 2050. Su objetivo es también defensivo, frente a las invasiones del Norte, la invasión del desierto de Gobi; y se “construye” no con un muro de ladrillos y rocas, sino con un muro verde de bosques.

EL DESIERTO DE GOBI ES UN ENEMIGO

Es un enemigo poderoso: el quinto desierto mayor del mundo, con una extensión de 1,3 millones de kilómetros cuadrados (más de dos veces España), en una franja que se extiende a lo largo de 1.610 kilómetros, con unos 800 kilómetros de ancho, en el Norte-Noroeste de China, en la frontera con Mongolia y Siberia. Un enemigo que invade gran parte del norte de China y que, cada año, desertiza 3.200 kilómetros cuadrados de praderas y cultivos; sus “tormentas de arena” lanzan, cada primavera, hasta 150.000 toneladas de arena (marzo de 2010) sobre las provincias limítrofes, y llegan hasta Pekín, -a más de mil kilómetros de distancia- que se “nubla” con una polución mayor y más nociva que la del C02. “Invasión” que provoca diferentes modalidades de desertización, y que afecta a 400 millones de personas en esta zona de China.

La desertización es una amenaza para todo el Planeta, tan grave como la contaminación del aire, de las aguas, de los océanos. Aunque de esta amenaza se habla menos, afecta ya a un 24,1% del Planeta, y sigue avanzando:  en los últimos 40 años la Tierra ha perdido la tercera parte de las tierras cultivadas. 

En China el problema se acentúa, pues la desertización afecta ya al 27,4% del territorio y avanza muy deprisa, como hemos visto.

PARA DEFENDERSE DE ESTE ENEMIGO        

Técnicamente no es fácil frenar a este enemigo tan poderoso. Por ello el proyecto de la Muralla Verde que frene al Gobi es un proyecto muy estudiado, que se va desarrollando y perfeccionando, y sólo es posible programado a largo plazo: entre 1978, fecha en que comenzó, y 2050, cuando está previsto que se complete. Su objetivo es frenar la desertización que provoca, bordeando el Gobi por el Sur con una muralla de árboles, una masa forestal de 5.000 kilómetros de longitud y una anchura entre 300 y 550 metros, para proteger las tierras y los cultivos al Sur de los vientos y las arenas con las que los invaden. Será una Muralla de 20.000 kilómetros cuadrados, con 2 millones de hectáreas de bosque, casi el doble que la superficie forestada de Suiza, con un total de unos 100.000 millones de árboles.

No es una mera plantación masiva, porque hay que probar y seleccionar especies arbóreas resistentes a la sequedad y la arena; mejorar y enriquecer los suelos, contrarrestando continuamente la invasión del desierto; con un sistema de irrigación que supla la ausencia de lluvias sin agotar los acuíferos; con la medición, por satélite y por drones, de la humedad, acidificación y otros parámetros. Comparando resultados con otras zonas de China y del mundo, de forma continuada; con técnicas de siembra aérea de semillas, estaciones metereológicas, y con la dedicación permanente de equipos de ingenieros y técnicos.  Todo un desarrollo de técnicas coordinadas, que se van experimentando, perfeccionando y completando, año a año, al ser China el primer país que realiza un plan tan masivo de forestación. 

Y, por supuesto, requiere también un presupuesto millonario: 14.000 millones de dólares es el presupuesto para la Muralla Verde, para el período 2020-2030, además de todo lo invertido ya, y lo que se presupueste hasta 2050.

Recordemos lo que pronosticó el Viceministro de Medio Ambiente en el año 2000, urgiendo la lucha de China contra el cambio climático: es cuestión de gran inversión y de mucha investigación y tecnología, para evitar “el suicidio colectivo”.  

YA SE ESTÁ VENCIENDO AL GOBI

Durante las 4 últimas décadas, se han plantado en la zona más de 66.000 millones de árboles, en una superficie de 1,2 millones de hectáreas, que ya frenan la desertización, directamente, en 336.000 kilómetros cuadrados de la zona e, indirectamente, benefician al 42% del territorio nacional, según la FAO. La cobertura forestal de la zona ha aumentado del 5% en 1977 al 13,37% en 2019; las tormentas de arena primaverales en Pekín se han reducido en un 70 % en los últimos diez años, y la reforestación ha permitido absorber hasta 5 mil millones de toneladas de CO2 y otros gases, y proteger más de 10 millones de hectáreas de praderas.

Como efecto colateral, el freno a la desertización coadyuva a la investigación arqueológica de la histórica Ruta de la Seda, a la conectividad euroasiática de la Nueva Ruta de la Seda, y favorece el turismo nacional e internacional en la zona. 

Todos estos beneficios se ampliarán, sin duda, cuando la Gran Muralla Verde esté finalizada.  No parece exagerado afirmar que está siendo “la obra de ingeniería ecológica más grande del mundo”, según muchos comentaristas. Pues su objetivo final es la plantación de 100.000 millones de árboles, en esa franja a lo largo de 5.000 kilómetros por unos 300-550 metros de ancho: es decir, la Gran Muralla Verde, que contenga al desierto y la desertización y frene el cambio climático

LA GRAN MURALLA VERDE NO ES UN PROYECTO AISLADO 

El municipio de Pekín, por ejemplo, también para protegerse del desierto, ha aumentado su superficie forestada hasta el 13,5% de su territorio y llegará a cubrir el 27% en 2050.

En China, en 2019, se han plantado 219.122 millones de árboles, cifra que se acumula con la plantada cada año desde 2005, en que se aceleró la forestación; con ello la superficie forestada de China cubre ya el 22% del territorio nacional; y con los planes actuales llegará al 30% en 2050, mientras la deforestación retrocede cada año, con cifras de 2019, en 11.400 kilómetros cuadrados.

Todo ello como una parte del conjunto de medidas que está implementando China para frenar el cambio climático, desde las energías limpias hasta los vehículos eléctricos y autónomos, como venimos analizando en “Claves de China”.

UN PROYECTO PARA EL FUTURO 

Una vez más, con el proyecto de Muralla verde, el gobierno chino sigue la filosofía confuciana de trabajar, también, para las próximas generaciones, como un deber ineludible de todo buen gobernante. Así el proyecto en marcha de la estación espacial internacional, el tercer canal de trasvase de agua del Himalaya a la llanura de loess del norte, que se inaugurará en 2050, el macro-proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, la descarbonización total, y otros tantos grandes proyectos de largo plazo: muchos de ellos con la mirada puesta en el 2050, como objetivo simbólico para China. Y en ellos nos apoyamos no pocos analistas occidentales para augurar que, para esa fecha, China se habrá consolidado como la primera potencia económica, tecnológica, espacial, digital..., siguiendo la filosofía [email protected]

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