El gigante asiático y el gigante americano frente a frente

Joe Biden y Xi Jinping. / Twitter.
Joe Biden y Xi Jinping. / Twitter.
Nunca antes  dirigentes chinos habían hecho declaraciones oficiales  tan contundentes, tan asertivas y en pie de igualdad como las que recojo en este resumen.
El gigante asiático y el gigante americano frente a frente

Es la primera vez que se encuentran virtualmente, en cumbre oficial, los Presidentes de China y Estados Unidos, las dos personas más poderosas del mundo según el tópico usual. Y se reúnen durante casi cuatro horas y con gran resonancia mediática. El enfrentamiento de Estados Unidos con China a través de la guerra comercial, la guerra tecnológica y la guerra política que se arrastran desde Trump se ha agudizado en la primera etapa de Biden, tanto que  se empezaba a hablar en Occidente de nueva guerra fría. Y se ha puesto de manifiesto que  la estrategia de Estados Unidos de “contener” el desarrollo económico y tecnológico de China  ha devenido en una guerra política por los derechos humanos y  el ejercicio de la soberanía china en  Hong Kong y sus aspiraciones en el mar del sur de China. De ahí la importancia y la resonancia de esta cumbre.

Precisamente por la  relevancia de esos  “conflictos” y por el hecho de que Biden había solicitado la reunión, ambas grandes potencias hicieron múltiples declaraciones  previas marcando  posiciones. A pesar de ello, la reunión apenas ha tenido resultados tangibles, pero ha posibilitado a ambas partes  exponer con  claridad sus  posiciones  en varias de las cuestiones más espinosas que les enfrentan, y confirmar su voluntad de diálogo. 

Aunque la versión dada por los medios occidentales es muy diferente de la dada por los medos chinos, como es lógico, ambas potencias han  reflejado el contenido de lo debatido en los comunicados oficiales de la reunión, calificada, en clave diplomática, de “amistosa”. El comunicado de la Casa Blanca  más escueto, el de la Presidencia de China  más lago, oinciden en dos puntos clave: el rechazo de una nueva guerra fria y la importancia de mantener relaciones bilaterales.

El Presidente Xi señala los principios que, a su juicio, deberían regir esas relaciones en una nueva etapa: coexistencia pacífica, intercambio de opiniones  en pie de igualdad, respeto mutuo, no interferencia en los asuntos internos del otro y resolución de las diferencias y conflictos “evitando la confrontación, a través del diálogo y la negociación”.

El Presidente Xi  entiende   el respeto mutuo como el respeto a los sistemas sociales, las formas de desarrollo de cada país y sus intereses y prioridades, sin ocultar las diferencias: “Despreciar las formas de democracia diferentes de las propias es antidemocrático”. Y llama a Washington a corregir los errores que han desviado las relaciones mutuas en los últimos años, como la desconfianza, los vaivenes en la forma de enfocar sus relaciones con China y la actuación en contra de los acuerdos establecidos. Tales errores, afirma, han colocado las relaciones de Estados Unidos con China  en su punto más bajo en décadas, y no han tenido en cuenta la posición y fortaleza de China hoy. Debemos “construir consensos·...como “el tema más importante para los próximos 50 años...”  “con la obligación de mantener un orden internacional estable y pacífico”.  Los acuerdos establecidos a los que se refiere el Presidente Xi  son los acuerdos firmados en el establecimiento de las relaciones diplomáticas  en 1972, que recogen las resoluciones de la ONU sobre “una sola China”, de la que forma parte Taiwan.

El Presidente Biden reconoce la importancia de gestionar bien los “riesgos estratégicos” así como “la necesidad de preservar una línea común de actuación que asegure que la competición no acabe en conflicto...”, y la cooperación  necesaria “sobre asuntos críticos como la crisis climática, el suministro  de energía, la cadena de suministros globales, la seguridad estratégica...” Y  muestra  su preocupación sobre “la práctica de los derechos humanos de China en Xinjiang, Tibet y Hong Kong”.  En relación con Taiwan reitera  su compromiso con la política de “una sola China”, en conformidad con lo proclamado en  los acuerdos firmados por ambas partes.” Estados Unidos no alienta la independencia de Taiwan”, afirma, aunque, a renglón seguido, añade, “no vamos a cambiar nuestra política...no vamos a impulsar la independencia de Taiwan”, pero “seguiremos haciendo lo que estamos haciendo...dejándoles a “ellos” desarrollar sus ideas”.

El Presidente Xi, por su parte, prescinde de toda  ambigüedad y marca varias líneas rojas: desde la guerra comercial iniciada por el Presidente Trump, afirma, Estados Unidos se ha enfrentado a China en sus intereses clave en temas como Xinjiang, Hong Kong, el mar meridional de China, agrandando las divergencias estratégicas entre los dos países. Esta escalada en la tensión,  agudizada con continuas provocaciones, es peligrosa y puede empeorar: desde 2018, interpreta,  Estados Unidos ha interferido con confrontaciones maliciosas  en cuestiones domésticas, como las ya citadas  de Hong Kong y Xinjiang, sin respetar a China. En la cuestión de Taiwan “hemos sido pacientes”; y pondremos todos nuestros esfuerzos en una reunificación pacífica. Pero “si las fuerzas separatistas nos provocan y cruzan la línea roja juegan con fuego y nos veremos obligados a tomar decisiones contundentes”. "China y Estados Unidos son dos barcos gigantes navegando en el océano. Es importante que los dos mantengan su mano firme en el timón para que los dos surquen las olas, y vayan adelante juntos, sin perder la dirección ni la velocidad ni, mucho menos, colisionar entre sí...Es de esperar que el Presidente Biden demuestre su liderazgo político y reconduzca la política de Estados Unidos a la senda de la razón y el pragmatismo.”

Son frases muy contundentes que, en mi observación de este tipo de declaraciones oficiales durante muchos años, nunca hasta ahora había oído. Quizá quieren reflejar esa “nueva etapa” en las relaciones bilaterales en el contexto, afirma,  “del orden internacional para fortalecer un entorno de paz y estabilidad”.

El Presidente Biden, por su parte, reitera que Estados Unidos “no aspira a cambiar el sistema de China, ni aliarse  con otros países contra China”, que su interés en reactivar esta alianza no es contra China ni pretende ningún conflicto.    

¿Qué balance podemos hacer de esta Cumbre, de las declaraciones oficiales de los dos Presidentes  y de los abundantes comentarios  que han suscitado tanto  en Occidente como  en China? Destacaría, resumiendo, como opinión más reiterada, que  las relaciones entre estas dos grandes potencias son de importancia capital en el ámbito internacional; y que  esta cumbre envía una señal positiva al mundo sobre la cooperación posible entre China y Estados Unidos en muchos campos, dentro de  una fuerte competencia.  Nos queda por ver  si esta buena voluntad manifestada se cumple o no en los próximos años.

Como balance personal, yo  añadiría: desde la reunión y el enfrentamiento producido en marzo en la reunión de Alaska entre el Secretario de Estado de Estados Unidos y el Vicepresidente de China, parece que  China está poco a poco tomando la iniciativa: quizá ha concluido la época en que Estados Unidos marcaba el tono de sus relaciones con China; quizá se ha iniciado una etapa de diálogo franco entre iguales, aunque falta mucho para concretar en qué áreas se puede desarrollar esa relación. Nunca antes  dirigentes chinos habían hecho declaraciones oficiales  tan contundentes, tan asertivas y en pie de igualdad como las que he recogido en este [email protected]io

El gigante asiático y el gigante americano frente a frente
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