Una fecha inquietante: el centenario del Partido Comunista de China

Portada de A metamorfose do comunismo na China, de Xulio Ríos. / Mundiario
Portada de A metamorfose do comunismo na China, de Xulio Ríos. / Mundiario
En 1978 China era la potencia 120ª del mundo; con su gestión de la “cosa pública” el Partido Comunista Chino la ha convertido en la 2ª potencia mundial.
Una fecha inquietante: el centenario del Partido Comunista de China

La reemergencia de China a lo largo de los últimos 40 años, tan rápida y tan contundente, nos está obligando, por la fuerza de los hechos, a considerarla como una de las grandes potencias, imprescindible ya. Una realidad que muchos aceptan, quizá de forma forzada o incongruente: exigimos a China su responsabilidad en el cambio climático, en la pandemia, en la desigualdad global creciente y, por otro lado, no consideramos a China parte importante de “la comunidad internacional”. Más que aceptarla, se nos ha venido encima, ha irrumpido en el ámbito internacional con fuerza, tras una ausencia de casi dos siglos. Y esa irrupción nos produce recelo, perplejidad, enemistad o rechazo; o una mezcle de todo ello. Dicho de otro modo: no encajamos a China en este mundo, organizado según nuestro modelo predominante y, mucho menos, desde la caída del muro de Berlín y la “derrota” del comunismo.

Tras esa “derrota”, un Partido Comunista se mantiene como gobernante de casi el 20% de la población mundial, gobierna la segunda potencia económica mundial, tecnológica, digital, espacial, científica... La existencia en China del “derrotado comunismo” nos aumenta el recelo, la perplejidad, el rechazo... Dicho de otro modo: la China “comunista” no nos encaja y optamos por ignorarla, sólo hablar de sus deficiencias y errores, subrayar sus posibles defectos; marginarla de la “comunidad internacional” –véase el G-7, o la OTAN...-, o intentar “contenerla” o frenar su crecimiento como potencia global.

Y, de pronto, nos aparece una fecha inquietante: el 23 de julio, ese Partido Comunista de China cumple ¡cien años! ¿Cuál puede ser la actitud de nuestros medios -prensa, radio, tv..., ante esta fecha “histórica”?

Me temo que, en general, se ignore la fecha, o se aproveche para resaltar sus deficiencias, su poco respeto a los derechos humanos..., o para calificarla como dictadura, autocracia, capitalismo de Estado.

Intentar comprender una realidad

Permítaseme ser políticamente incorrecto y adoptar una actitud comprensiva, “buenista”, quizá “cómplice”, con este Partido Comunista de China, que marcó una nueva etapa al país más poblado del mundo, y con tanto peso en la geopolítica global como para obligar a las otras grandes potencias a recelar, o a intentar “contenerla”. Y permítaseme, para fundamentar esta “comprensión” incorrecta, apoyarme, modestamente, en mi conocimiento de este país, de “ese” partido, a través de mis estancias, viajes, negociaciones comerciales, debates políticos y estudio de su historia y su filosofía durante más de 40 años: someto a debate algunas de mis conclusiones.

Estaremos de acuerdo en que a un partido gobernante se le exige eficacia en la administración de la cosa pública, o “res publica”, para el bien de la sociedad. Pues intentemos analizar qué grado de eficacia hay en su gestión de la cosa pública china, en el recorrido de estos cien años, durante varias generaciones:

Nació en una sociedad desestructurada y hundida en la pobreza, como partido de oposición política y militar a un régimen corrupto, hasta vencerlo tras una guerra civil de 28 años, mientras luchaba contra el invasor japonés y las potencias occidentales que colonizaban parte del país y apoyaban al gobierno establecido. 

Conquistó el poder del país más pobre y más poblado del mundo, deshecho en todas sus estructuras, invadido y sometido por esas potencias extranjeras en los cien años anteriores, y lo ha ido gobernando y transformando en un país soberano. Hasta convertirlo en la segunda potencia mundial

Este breve balance, por simplificador que sea, ¿requiere algún reconocimiento? Si toda África, con una población similar, hubiera estado gobernada por un solo partido durante cien años y se hubiera librado de todo sometimiento extranjero y fuera otra gran potencia mundial, ¿merecería algún reconocimiento? 

Si, desde un pensamiento políticamente incorrecto, se pudieran  reconocer “algunos” aciertos de buen gobierno en estos cien años, habría que tener en cuenta también sus errores, deficiencias,  luchas internas, sus grandes traumas internos,  tras la guerra civil y la expulsión de los invasores:  por ejemplo,  la lucha política encarnizada entre maoístas y reformistas desde 1956, que desembocó en la  revolución cultural, trágica y sangrienta y en su secuela  de Tienanmen; o la  conflictiva recomposición de todas las estructuras del Estado y del Partido,  los titubeos  para definir  una nueva política económica, su difícil encaje en la globalización y  en la comunidad internacionl 

Recapitulando: En 1978 China era la potencia 120ª del mundo; con su gestión de la “cosa pública” este Partido, en 40 años, la ha convertido en la 2ª potencia mundial, ha conseguido sacar de la pobreza a 700 millones, ha promovido una nueva clase media urbana de unos 500 millones y un campesinado mecanizado en gran medida; ha conseguido que el 43% de los jóvenes llegue a la Universidad, y que la renta per cápita se multiplique por 45.

Quizá hasta el pensamiento políticamente más correcto podría reconocer “algunos” aciertos en los gobiernos dirigidos por el PCCH. 

Pero aun reconociéndolo, Occidente y China se encuentran a una gran distancia, como dos mundos distintos: Para la Unión Europea China es un “rival sistémico”, según la misma UE, porque China no acepta la democracia liberal tal como la UE exige. Para Estados Unidos China es un rival geoestratégico que puede disputarle la hegemonía global y que difícilmente acepta sus dictados. Consecuentemente, ni la Unión Europea ni Estados Unidos pueden celebrar el centenario de un Partido que es su rival sistémico o geoestratégico. Esta “distancia” parece no tener salida, mientras la nueva potencia mantenga su sistema meritocrático bajo un Partido gobernante fuerte, que aspira a participar en la gobernanza global. Distancia que se agranda mediáticamente, porque coincide, a lo largo de estos cien años, con períodos de fuerte “anticomunismo”: desde el macartismo, hasta la caída del muro de Berlín, o las actuales posiciones de la derecha extrema europea y estadounidense.

¿Puede haber alguna vía de aproximación y diálogo políticamente correcta? 

La trayectoria ideológica del PCCH es una lucha entre dos corrientes:  la del maoísmo, como  imposición del régimen comunista, y la de la Reforma liderada por Deng Xaoping, que empezó en 1956, se agudizó trágicamente en la revolución cultural (1966-1976), estalló en Tienanmen (1989), y se saldó en 1990 con la victoria rotunda de la Reforma. Desde entonces el PCCh, renunció a implantar un “régimen” comunista “con propiedad colectiva de los medios de producción”, e impulsó una economía de mercado, con 90 millones de empresas privadas, que producen el 71% del PIB. Es decir, un sistema capitalista, no neoliberal, en el que el Estado mantiene cierta capacidad de regulación y control, o “un socialismo de características propias”.

Quizá Occidente pudiera adoptar la actitud de Nixon ante Zhou Enlai en 1972: “Ustedes creen firmemente en sus principios, y nosotros creemos firmemente en los nuestros. No les pedimos que renuncien a sus principios, como ustedes no nos pedirían que renunciásemos a los nuestros”. ¿O aceptar la rotunda afirmación de      Huntington, en los 90: “La creencia occidental de que todo el mundo debe alcanzar los valores institucionales y culturales occidentales, por ser los más elevados, más modernos, más racionales y civilizados del género humano […] es una tesis falsa, inmoral y peligrosa […] Occidente intenta mantener su preeminencia y sus intereses como si fueran los de toda la Humanidad…”? @mundiario

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