No es OTAN todo lo que reluce

OTAN. Twitter.
Bandera de la OTAN. / Twitter.
Biden ha inoculado a la OTAN el virus de una especie de guerra fría virtual que a Europa no le conviene.
No es OTAN todo lo que reluce

Biden ha escenificado el regreso de los Estados Unidos a la OTAN, con el simplismo de estilo militar de buscar enemigos, que es la única razón de ser de una alianza militar. Y de esa forma, sin citar la palabra, ha inoculado en la Alianza el virus de una especie de guerra fría virtual, que pone a China en el punto de mira, sin apenas aportar datos suficientes que lo justifiquen.

Mientras los Estados Unidos de América vienen participando tradicionalmente en numerosos conflictos internacionales, saltándose, incluso, en varias ocasiones las reglas de la ONU, e incluso las de los más elementales principios éticos -no se puede nunca olvidar Guantánamo, su mantenimiento en el presente y todo el entramado de irregularidades y torturas que llevaron a su creación y sostenimiento-, China no ha participado en ninguna operación militar de ocupación contra terceros países.

Sin embargo, en el documento que aprobó la OTAN en su reunión China aparece citada diez veces, y considerada como un peligro “sistémico”, y señalada como origen de “amenazas cibernéticas” y hasta espaciales, y achacándosele el “uso malicioso y cada vez más sofisticado de técnicas emergentes disruptivas”. Todo ello sin aportar ni un solo dato que justifique tan alarmantes acusaciones, e inspirado por un país -los Estados Unidos- desde donde cada segundo, a través de diversas multinacionales (desde Google a Facebook) nos invaden oleadas de algoritmos que actúan en nuestras vidas cotidianas como un efectivo gran hermano que hace un implacable seguimiento de nuestros comportamientos, nuestros gustos, nuestras aspiraciones, cuando menos para vendernos de todo, y a saber para qué otros usos aún menos confesables.

China está viniendo

En Europa hay reticencias sobre esos nuevos objetivos que marca Biden en su política internacional. Francia y Alemania, por ejemplo, se resisten a una ruptura con China y a entrar en esa incierta y peligrosa espiral de una nueva guerra fría. Lo cual no ha impedido que se haya aprobado por unanimidad un documento alarmista y agresivo, tal vez para celebrar el regreso del “hijo pródigo”, tras los portazos de Trump.

El más dócil aliado que ha tenido Biden en la reunión de Bruselas ha sido Stoltenberg, el secretario general de la OTAN, que ha defendido su puesto con tesón, pero que ha tenido un lapsus muy significativo, al afirmar que “es China la que está viniendo hacia nosotros”.

Y ahí reside la amenaza: “China está viniendo”. Lo que ocurre es que China no está viniendo con tanques, ni con aviones, ni con misiles. Está saliendo al mundo firmando planes de cooperación comercial. Está proponiendo programas de cooperación y compromisos propios frente al cambio climático y de colaboración en la mejora de las comunicaciones y las relaciones internacionales: tal como se propone en su proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, o tal y como proyecta a partir de su pacífico intento de expansión tecnológica.

En cuanto al tema espacial, que cita el documento de la OTAN, China ha seguido su propio programa espacial, y la tenemos en Marte, a la vez que a la NASA -y con los mismos derechos que la agencia norteamericana- porque no fue admitida a participar en la estación espacial internacional. Pero no está atacando ni interfiriendo con los equipos de la NASA, sino realizando sus propias labores de investigación.

Multilateralismo frente a política de bloques

Biden, junto con su secretario de Estado Blinken, están mostrando una obsesión casi morbosa con los retos de futuro que plantea China. Una obsesión por mantener el liderazgo como primera potencia económica y tecnológica internacional, cuando de pronto advierte que, mientras su país se ha especializado demasiado en un viejo esquema de control geopolítico a base de conflictos militares, China “está viniendo” con avances tecnológicos. Y está viniendo con una sencilla propuesta de acción multilateral a nivel internacional.

Sabemos que China tiene diversos problemas internos que resolver. Entre otros su camino hacia una democratización interna. Pero también sabemos que la potencia estadounidense tampoco es un espejo en el que mirarse, mientras mantenga la pena de muerte, la endémica discriminación racial, su obsesivo fomento de las armas, y su anticuado y voluntarista prurito de mantenerse como imperio.

En este contexto, Europa tiene ante sí la importante tarea de poner las bases para salirse de una simplista política de bloques, y de construir un contexto internacional de entendimiento multilateral. Más acorde con los principios políticos por los que dice regirse, y más apropiado para sus propios intereses económicos, tecnológicos y comerciales. @mundiario

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