El efecto “sputnik” siglo XXI

Joe Biden. / RR SS
Joe Biden. / RR SS
Esperemos de la reacción actual de Estados Unidos un sesgo más pacífico y cooperativo: el bienestar, el medio ambiente y la tecnología.
El efecto “sputnik” siglo XXI

En su primera comparecencia pública como presidente de los Estados Unidos, Joe Biden Jr. definió su política ante China como de “no confrontación, pero extrema competencia”. Independientemente de que la actuación de su secretario de Estado Antony Blinken en la reunión bilateral celebrada recientemente en Alaska no cumplió precisamente el principio de “no confrontación”, ya que tuvo más que ver con un amago de guerra fría que esperamos que se quede en un mero gesto, la “extrema competencia” sí parece que se pretende cumplir. Aunque para el mundo sería muy bueno que se realizara por métodos muy diferentes al de los bloqueos propiciados por Trump.

Por ahora, el anuncio realizado hace unos días por Biden de una inversión extraordinaria en Estados Unidos de algo más de 2 billones de dólares en infraestructuras, en medio ambiente y específicamente en el coche eléctrico, fue formulada por él mismo como una manera de competir con los métodos chinos, que está dedicando sus esfuerzos en la última década, además de a otros proyectos que la han colocado en el segundo lugar de la economía mundial, precisamente a esos mismos apartados. Y por cierto con gran éxito. Ya que tiene la red ferroviaria de más alcance del mundo, y dentro de ella la red de alta velocidad con más kilómetros, seguida, por cierto, por España. Y está empeñada -entre otros proyectos- en desarrollar una gran muralla verde para la contención de los efectos negativos del desierto del Gobi. Y que se ha convertido en el país del mundo con más vehículos eléctricos circulando por su territorio.

Esperemos que sin guerra fría

Esa reacción norteamericana tiene un cierto paralelismo con la reacción producida, en plena guerra fría, por el lanzamiento del Sputnik 1 soviético, en octubre de 1957 y el Sputnik 2, semanas después, habitado por la famosa perra Laika. La reacción en aquellos momentos por parte de los Estados Unidos fue la de lanzar poco tiempo después su Explorer 1, y la de intensificar los esfuerzos de la carrera armamentística.

Es de esperar que la reacción actual tenga otro sesgo más pacífico y cooperativo: la competición por el bienestar, por el medio ambiente y por la carrera tecnológica. Por ahora hay que resaltar que si la recuperación del prestigio pasa por la modernización del país (esfuerzo en el que China ha trabajado sin descanso durante todo el presente siglo), y por la mejora del medio ambiente, puede ser una apasionante carrera la de ver a los dos países que más contaminan del mundo compitiendo por luchar contra el cambio climático. Y ya que son las dos principales potencias económicas, arrastrar tras de ese esfuerzo al resto de países, y convertirse también en líderes positivos de la lucha a favor del clima.

En cuanto a la carrera tecnológica, sería más que deseable que Joe Biden reconsidere las zancadillas puestas por su antecesor a la implantación de la tecnología 5G, liderada por Huawei, y que se abriera una etapa de cooperación tecnológica con China, en la que además de implicar a terceros socios, como la Unión Europea, por ejemplo, hicieran rebosar sus beneficios hacia países menos desarrollados. La táctica anterior de frenar, obstaculizar y vetar -que lo que pretende es parar al contrincante para tratar de ponerse a su altura, o de ganarle la carrera- lo único que consigue es parar el mundo y retrasar su desarrollo. @mundiario

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