¿Cumbre China – Unión Europea?

China, la UE y EE UU. / Dreamstime
China, la UE y EE UU. / Dreamstime
Parece que Europa diera más credibilidad a las falseadas informaciones que a las declaraciones reiteradas de los dirigentes políticos chinos.
¿Cumbre China – Unión Europea?

Me permito poner este título entre interrogaciones porque, a juzgar por la importancia que se le ha dado en los medios españoles, parece como si esta cumbre no se hubiera celebrado. Pues sí, se han reunido, en cumbre telemática, los máximos líderes de China y de la Unión Europea. Ha sido la 23ª cumbre UE-China, el 1 de abril de 2022, en su sesión periódica desde 2003. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, y la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, acompañados del alto representante, Josep Borrell se reunieron con el primer ministro de China, Li Keqiang  y con el presidente, Xi Jinping.

Es decir, reunión de alto nivel entre dos de las tres grandes potencias mundiales, dos grandes potencias con fuertes lazos comerciales y políticos: China es el mayor socio comercial de la UE y la UE el segundo mayor socio comercial de China; China adquiere el 10% de sus importaciones en la Unión Europea y la Unión Europea el 15% de sus importaciones en China; el volumen total de intercambios entre ambos ascendió, en 2019, a 519.000 millones de euros, casi la mitad del PIB de España.

La reunión se ha celebrado, además, en un momento en que la guerra de Rusia contra Ucrania puede aún convertirse en planetaria, en un momento en que los científicos vuelven a alertar sobre la amenaza creciente del cambio climático, en que la pandemia aún no está superada totalmente. Con una lista adicional de problemas globales sin resolver. Y, sin embargo, la importancia de esta cumbre pasa casi desapercibida para nuestros medios y para los cientos de comentaristas políticos que cada día nos ilustran con sus análisis, mientras nos ofrecen información frecuente y reiterativa sobre todas las quejas y acusaciones sobre la “tibieza” de China frente a la guerra, sus supuestos apoyos a Rusia, las “advertencias” de Occidente sobre su responsabilidad en frenar la guerra, y la pérdida de prestigio por su inacción.

Por el contrario, esta cumbre ha tenido gran repercusión en los principales medios chinos, amplia información y análisis sobre la posición de sus líderes, y abundantes comentarios sobre las posiciones de China frente a la guerra, que apenas se han reflejado en nuestros medios, a pesar de que están al alcance de cualquiera, en español, con acceso telemático fácil.        

Intentaremos, pues, suplir en lo posible esta desinformación, resumiendo los argumentos de ambas partes, tanto en las declaraciones de sus dirigentes, como en los análisis de sus politólogos.

China y Unión Europea, dos gigantes rivales

En los documentos elaborados para la Cumbre China – Unión Europea de 2019 se establecieron dos principios: por parte de la Unión Europea existe una “rivalidad sistémica”, en cuanto a la promoción de un sistema político alternativo, que dificulta el entendimiento por ambas partes; y la necesidad de un diálogo permanente que posibilite ampliar la cooperación.

El término “rivalidad sistémica”, expresado en ese documento, fue muy debatido entre los analistas políticos de ambos lados. La conclusión más generalizada en Europa fue aceptar esa expresión como punto de partida: efectivamente, China y la Unión Europea se rigen por dos sistemas políticos rivalesdemocracia liberal frente a meritocracia- y dos diferentes estrategias geopolíticas. Sistemas no necesariamente antagónicos, abiertos al debate y al diálogo desde la discrepancia: cada parte considera el suyo como el mejor posible al hablar de los principios básicos de cada sistema y cada estrategia.

Esta Cumbre ha sido un desencuentro “sistémico” entre las dos grandes potencias 

Cada una de las anteriores cumbres había sido una oportunidad para intercambiar puntos de vista y opiniones sobre los grandes problemas globales. En esta breve cumbre ha habido, por supuesto, menciones al cambio climático, al estancamiento por parte de la Unión Europea de las inversiones mutuas, a la crisis energética, a la pandemia, al respeto al derecho internacional, a los derechos humanos “en China”. Pero con escasa atención a estos grandes temas y mucha a la guerra rusa contra Ucrania, con un profundo desencuentro sobre las causas y la solución a esa agresión. Ha aflorado con fuerza la “rivalidad sistémica” en cada uno de los aspectos abordados, desde una concepción geoestratégica “rival”. Desencuentro normal desde la rivalidad “sistémica”, pero que no parece admisible para muchos comentaristas occidentales, como si hubiese un pensamiento hegemónico o único que acatar.

Desencuentro en la estrategia global frente a la guerra

La Unión Europea, que sigue una geoestrategia muy afín a Estados Unidos, acusa a China de pretender un nuevo orden global frente a la posición de las otras dos grandes potencias, que defienden “este” orden global, como ya lo formuló, en 2005, el representante de EE.UU. Sr. Bolton en la ONU, Sr. Bolton: “existe sólo la comunidad internacional que debe ser dirigida por la única superpotencia que queda, que es Estados Unidos". Aunque desde entonces el mundo ha cambiado radicalmente y esa formulación debería estar muy superada, la Unión Europea y Estados Unidos son aliados en una geoestrategia similar: dirigir o representar a la comunidad internacional y no incluir en esa responsabilidad ni a la segunda potencia mundial, ni a ninguna otra. Así, ante esta guerra actúan como aliados, aun con matices, y con su potencia militar: la OTAN.

China, por su parte, defiende una geoestrategia “rival”, como lo acaban de ratificar, apenas iniciada la invasión de Ucrania, en su reunión del pasado 30 de enero, como OCS, China, Rusia, Pakistán, Irán, Turkmenistán, Uzbekistán...

China, además, insiste desde el primer día, en la necesidad de dejar atrás la guerra fría y la confrontación entre bloques, se opone a las sanciones por ineficaces y contraproducentes por su efecto negativo en la economía global, se opone -de acuerdo con la ONU- a la guerra y la agresión, bajo los principios de respeto a la soberanía y autonomía de cada país y a las fronteras establecidas, y reclama todos los esfuerzos por el diálogo y la negociación. China reitera, casi a diario, su voluntad de desempeñar un papel constructivo para parar la guerra, junto con la Unión Europea, desde el diálogo, la negociación y la defensa práctica de estos principios.

China aspira, pausadamente y sin disrupción, a un nuevo orden global multipolar, por la paz y contra toda hegemonía.

Son, evidentemente, dos estrategias “rivales”, que deberían haber sido debatidas entre estas dos grandes potencias en esta cumbre y en todos los foros posibles, intentando arrastrar al debate a la otra gran potencia, Estados Unidos, buscando bases sólidas para la cooperación frente a la agresión.

Pero no ha sido así. Más bien, la Unión Europea ha aprovechado esta breve Cumbre para “presionar” a China para que no apoye a Rusia en la guerra, “advirtiendo” de las consecuencias si no lo hace así, sin escuchar que China está desmintiendo la desinformación sobre su ambigüedad o su desmentida “alianza” con Rusia. Parece que Europa diera más credibilidad a las falseadas informaciones que a las declaraciones reiteradas de los dirigentes políticos chinos. Y, por otra parte, olvida que el diálogo debe desarrollarse siempre en pie de igualdad, y que las divergencias deben gestionarse cuando surgen, sin descalificaciones ni veladas amenazas. Pero Europa pide a China más contundencia en la condena de la agresión y de las formas de agresión que no respeten las leyes humanitarias y las convenciones internacionales sobre las guerras.

Un tercero en discordia  

Parece que esta guerra, dramáticamente, puede ser de largo recorrido. Sería de desear que, mientras no exista una estructura de gobernanza global, las tres grandes potencias mantuviesen una estrategia común para parar la guerra. Este objetivo mancomunado es altamente difícil por dos razones:

Primera, porque Estados Unidos está aprovechando esta guerra para “culpar” a China de una “alianza” con Rusia, falsedad no sólo desmentida, sino contraria al sistema político y económico chino, a su geoestrategia global de rechazo a los frentes militares y a su apuesta por el diálogo y la negociación, como hemos visto.

Segunda porque la UE está fuertemente anclada en la misma geoestrategia estadounidense de gobernanza hegemónica exclusiva, “conteniendo” a China y marginando a otras potencias medias y pequeños por defender su hegemonía excluyente como incuestionable, con la que no concuerdan ni China ni otros muchos paí[email protected]

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