Cuando Pobres criaturas conquistó mi entrepierna y mi corazón

Emma Stone en Poor Things. / Productora
Emma Stone en Poor Things. / Productora
Intratable, maleducada, inteligente, satírica, políticamente incorrecta, lo de Emma Stone merece una estatua de bronce en la plaza de todos los ayuntamientos de España.
Cuando Pobres criaturas conquistó mi entrepierna y mi corazón

Que no estoy de coña. Lo de anoche en el cine fue de esas digestiones pesadas, pero que disfrutarás orgásmicamente cuando te sientes en el retrete. Ya me conquistó con La favorita, pero lo de Bella Baxter en Poor things es un tributo al surrealismo de Magritte y de Kahlo, pero con las dosis justas de Marco Aurelio, en un personaje cuya caracterización rebasa las propias vanguardias.

Ay, si levantara la cabeza Alexander McQueen. Aparentemente, la película es un despropósito, pero solo aparentemente; un Ubú rey que acaba de reencontrarse con el talento de cineastas a los que la cultura woke le parece lo que a mí, una mierda y el mayor lobby del siglo XXI después de Taylor Swift y las botellas de plástico. Estridente, espontánea, maleducada, aguda, inteligente, cosmopolita, infantil e infanticida, inspirándose en un relato literario que ya tiene lo suyo, Yorgos Lanthimos le ha dado una salida digna a unos referentes literarios culturales que a mí me parecían ñoños, mal avenidos y más sobrevalorados que la hostia: me refiero a la Alicia, de Lewis Carroll, y al p*t* Principito que todo intelectual con ínfulas de progre cita como su libro favorito en el Babelia.

Lo que pretende Lanthimos es un canto a la libertad creativa, una libertad que cuesta el precio de la orfandad, de la prostitución, de ser esposa de un maltratador y amante de un chulo, el precio de ser hija del Dr. Frankenstein y mascota de un jardín con cabras con cabezas de perro, así tal cual. La interpretación de Emma Stone la convierte ya en esas actrices memorables que han hecho de la versatilidad un don que habría que trasplantar de su cráneo una vez que fallezca para estudiarla junto al cerebro de Einstein y el secreto del velcro. La madre que la parió. Qué barbaridad de actuación y qué ganas de enamorarse de una criatura que es una mezcla de londinense con las pecas como condena y de cíngara rumana que no conoce otra cosa que la plata y los aquelarres.

La fábula de Poor things es cruel porque no deja de colocar a una mujer en un mundo donde la división entre el bien y el mal es tan incierta como el futuro del coche eléctrico, donde los aprendizajes se dan a base de hostiones, perreo y reuniones socialistas, donde los ricos han heredado la tierra y los pobres, el hambre y los prostíbulos.  Una hermosa evolución de un personaje que, a través de la masturbación, deja de ser un feto para convertirse en una adolescente con ganas de comerse el mundo, porque no hay nada más erótico y excitante que ser autodidacta, ni nada más lubricado que una vida de la que se espera todo para convencerte, al final de tus días, que lo más importante son los tuyos. Es lo más práctico, lo más sereno y lo que una zorra sin maldad y una poetisa como Bella Baxter reconoce en un paseo junto a su futuro esposo. Sigo sin palabras, aunque no lo parezca. La madre que la parió, insisto, mi Stone, mi Emma Stone, a la que no puedo ya conquistar ya, porque, entre otras cosas, tengo mujer y dos hijos, pero sé que talento y personalidad no me faltan. El que no quiera verlo que se joda.

Comentarios