Serie sobre el Camino Francés del Camino de Santiago a través de Galicia (XV)

Monasterio de Santa María de Sobrado. sobrado.es
Monasterio de Santa María de Sobrado. / sobrado.es

El último pueblo grande en el Camino Francés, antes de entrar en Compostela, es Arzúa. Aparece en el Códice Calixtino con el nombre de Vilanova. Después Labacolla, Labacollons.

Serie sobre el Camino Francés del Camino de Santiago a través de Galicia (XV)

1. Arzúa. Su monumento más importante es la Iglesia de la Magdalena con  portada del siglo XIV. Perteneció al convento de los Agustinos, antiguo hospital de peregrinos. Un poco más adelante está la casa rectoral y enfrente  la iglesia parroquial de Arzúa dedicada a Santiago. En su espadaña le falta la campana. En el centro del pueblo hay una gran plaza arbolada, con las esculturas de un peregrino y la lechera.

Arzúa es un pueblo pujante centro de comarca, tiene ferias agrícolas y ganaderas los días 8 y 22  de cada mes. En Marzo celebra una importante feria ganadera, de arreos de caballo y artesanía del cuero.

El primer domingo de Marzo, es además “a festa do queixo”. El queso de tetilla y el pan son sus productos más importantes. Es un pueblo moderno, en crecimiento, con conservatorio y banda de música. En los alrededores hay varios grandes pazos.

Anécdota. Los peregrinos van charlando entre sí, se recuerda el pasaje de la peregrinación que realizó a Santiago el Duque de Aquitania Guillermo X, en el año 1137. En el "Romance de Don Gaiferos de Mormaltán" se explica el hecho. El pueblo al verlo pasar tan mal parado, le recita estas estrofas:

            ¿A onde irá meu romeiro?

            Meu romeiro a onde irá

            Camiño de Compostela

            Non sei si alí chegará.

El duque de Aquitania muere al pie del Altar Mayor de la Catedral.

2. Labacolla. Figura citado en el Códice Calixtinus con el nombre de “lavaméntula”, por ser el sitio donde los peregrinos se lavaban y adecentaban en el río que por aquí pasa, llamado ahora el río Labacolla. Atravesamos el pueblo bajando hacia la iglesia, de fachada barroca, con el onceavo cruceiro que nos encontramos en el camino, es una amplia plaza con un palco para orquestas o discursos.

Anécdota. El nombre del pueblo procede de cómo antiguamente le llamaban en gallego los habitantes de la zona al ver a los peregrinos lavándose sus partes íntimas:”lavacollons”

3. San Marcos. Es el siguiente pueblo en esta carretera con  casas seguidas a los lados, diferenciándose los pueblos por los rótulos al comienzo del mismo. Está al pie del monte Monxoi, “Monjoie” le llamaban los franceses, es el famoso Monte do Gozo, llamado por Aimeric Picaud  “Mons Gaudii”.

Dejamos la carretera a la izquierda y empezamos a subir las empinadas cuestas del monte, que según la tradición, el tramo final  debía realizarse corriendo para conocer quien había llegado primero. Al primer peregrino de cada grupo en llegar se le daba el título de “rey de la expedición”. Muchos de los apellidos “rey” en Europa proceden de este hecho. Todos los peregrinos conocen que desde aquí, en lo alto, se divisan por primera vez, las torres de la Catedral y Santiago.

La colina está a 365 metros de altitud, en la cima hay una pequeña carballeira rodeada por un muro y la Ermita de San Marcos, la Historia Compostelana señala que en el año 1105, el arzobispo Gelmirez construyó en aquel lugar la Iglesia de la Santa Cruz. En el año 1228 había en ese lugar una cruz de terminación de peregrinación. Este sitio tiene importancia desde siempre, lugar emotivo del camino donde los peregrinos rezaban y daban las gracias por llegar.

En 1989, el Papa Juan Pablo II celebró en el Monte do Gozo, un encuentro con más de 500.000 jóvenes llegados de todas partes del mundo. Un monolito delante de la capilla, conmemora la segunda visita que hizo el Romano Pontífice a Compostela.

Anécdota. Desde encima del murete se contempla bien la ciudad de Santiago, los peregrinos otean el horizonte buscando las torres de la catedral y así cumplir la tradición. En la ladera del monte, la Xunta de Galicia, ha preparado grandes explanadas con barracones para acoger al enorme número de peregrinos que llegan cada verano, y más si es Año Santo, pero el entorno natural ha sufrido con las construcciones, ha perdido su singularidad.

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