Serie sobre el Camino Francés del Camino de Santiago a través de Galicia (III)

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Santiago Apóstol.

El Camino de Santiago y su trasfondo religioso figuran en el origen y devenir histórico de Compostela, de la misma manera, según Xesús Palmou, que hoy las peregrinaciones y el propio Camino tienen en esta ciudad su principal destino y motivación.

Serie sobre el Camino Francés del Camino de Santiago a través de Galicia (III)

Nuevo capítulo, el tercero, sobre esta serie sobre el Camino Francés del Camino de Santiago a través de Galicia.

En el año 33 de nuestra era llegó el discípulo de Cristo, Santiago, llamado en hebreo Iacobus, al alcanzar la santidad, Sant-iago. Era hijo de María Salomé, hermana de la Virgen, un pescador en el Lago Tiberíades. Jesús escogió a Santiago, junto a su hermano Juan el Evangelista y a Pedro, como uno de sus discípulos, a quien llamaba "El Hijo del Trueno", por su carácter decidido. Después de la muerte de Jesús, Santiago siguió el mandato del maestro: "Id y predicad el evangelio por todo el mundo." Eli­gió el Finisterre, el fin del mundo, desembarcando en Cádiz.

Predicó en Mérida, Braga, e Iria Flavia, lugar en el que había un templo dedicado a la Diosa Isis. Allí fundó la primera Iglesia de España dedicada a la Virgen: Santa María de Iría Flavia. Santiago permaneció en el lugar durante siete años, predicando el evangelio en el sitio hoy conocido como "Santi­aguiño do Monte". Después fue peregrino en Finisterre y Zara­goza, a través de la calzada romana, parte de la cual se recorre hoy en "El Camino de Santiago", volviendo a Jerusalén. Herodes Agripa I le mandó decapitar el año 44.

Sus discí­pulos Atanasio y Teodoro recogieron su cuerpo y cabeza, embalsamándolos, para posteriormente embarcar en el puerto de Jaiffa en una barca dedicada a transportar piedra (mineral de estaño) llamada por los gallegos “a barca da pedra”, poniendo rumbo a Finisterre. Entraron por el Ulla hasta Pontecesures, Iria Flavia, lugar donde había predicado el apóstol, puerto romano más importante de la zona. Según la tradición, amarraron la barca al "Pedrón", columna que se conserva debajo del Altar Mayor de la Iglesia de Padrón, con la inscripción "No Ori Eses D S P", que según el padre Fita quiere decir "A Neptuno, los orieses pusieron a sus expensas este monumento".

Atanasio y Teodoro acuden a la dueña del territorio, señora Lupa, pidiéndole un lugar para enterrar el cuerpo del Apóstol. Esta les dirige a la autoridad romana de la zona, Filotro, en Dugium, cerca de Finisterre, quien los hace encar­celar. Logran escapar presentándose otra vez ante Lupa, quien autoriza el enterramiento cerca del Monte Iliceno, hoy Pico Sacro. Los discípulos colocaron el cuerpo sobre un carro tirado por bueyes, a los que dejaron ir libremente, hasta que se pararon (justo frente al actual Palacio de Fonseca). En ese lugar realizaron la sepultura construyendo un Hipogeo. Atanasio y Teodoro cuidaron la tumba hasta su muerte, siendo también enterrados en el mismo sitio. En el año 257 el emperador Valeriano prohibió celebrar cultos cristianos, quedando la tumba olvidada, cubriéndose de vegetación.

Más tarde llegaron al Finisterre los bárbaros del Norte, estableciéndose en Galicia una de sus tribus más nobles, los Suevos, creando el Reino de Galicia. Hasta que fueron derrotados por los Visigodos el año 585. Durante estos años de lucha no hubo visitas al Finister­rre.

En el año 813 el eremita Pelayo y el obispo de Iria Flavia,  Teodomiro, descubrieron el sepulcro del Apóstol Santia­go. Paio decía los oficios divinos en la Iglesia de San Fiz de Solovío, cuando en días sucesivos vio brillar una estrella sobre un alto roble, acercándose al lugar escuchó extraños cánticos. Este hecho lo puso en conocimiento del Obispo de Iria Flavia, a quien pertenecía la zona, llamada Amaía. Acudió Teodo­miro encontrando un enterramiento romano del siglo I, al que identificó con el del Apóstol Santiago, mausoleo que corres­ponde a la actual Cripta. El hallazgo fue comunicado al rey asturiano Alfonso II el Casto (791-842), quien manda construir una iglesia. Es la primera catedral de Santiago.

Carlo Magno, emperador de Francia, Alemania, Italia y Marca Hispánica (Cataluña), recibe la noticia de este suceso en Aquisgrán, reconociendo el territorio como zona Occidental. El Papa León III da a conocer el hecho a la humanidad mediante una bula. A partir de esta fecha empezaron otra vez las visitas al Finisterre, a Santiago, a Iria Flavia. El Camino de Santiago surge espontáneamente del pueblo europeo.

(Continuará).

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