El interior del casco antiguo de la ciudad de Santiago de Compostela (final)

Arco de Mazaruelos. / JRB
Arco de Mazaruelos. / JRB

Santiago es una ciudad de piedra labrada, de piedra trabajada que aparece en sus distintas funciones, estilos, materiales, mostrándonos por sí mismas una variada y rica utilización.

El interior del casco antiguo de la ciudad de Santiago de Compostela (final)

Se desemboca en la calle Azabachería donde tenían sus estableci­mientos los artesanos del azabache, calle de casas nobles, fachadas de piedra, galerias, blancos balcones.

Desde la plaza de Cervantes, saliendo por el Norte, se sigue por la calle Casas Reales hasta la Iglesia de las Animas, una gran fachada adornada con cuatro grandes columnas clási­cas, en el frontón el grupo de las Animas del Purgatorio en granito.

En el interior de la capilla hay unos altorrelieves de la pasión pintados en estilo muy realista, se dice que el escul­tor tomó los modelos de los fieles que acudían a la iglesia por lo que al verse reconocidos como judíos, soldados, apósto­les etc, se produjo un gran escándalo popular en Santia­go.

Haciendo esquina a la plaza, vemos las Casas Reales, una es el palacio de Fondevila donde en 1502 pernoctaron doña Juana y Felipe el Hermoso en su visita a la ciudad, otra es barroca del siglo XVIII. En la casa del siglo XV época de los Reyes Católicos  bajo el arco de la fachada dos escudos uno parece el de Fonseca.

Un poco más adelante, en la Rúa Travie­sa, está la Iglesia de Santa María del Camino. Ya al final de las Casas Reales, está la  Puerta del Camino, puerta medieval por donde entran andando los peregrinos, en ese lugar se recibía a los arzobispos, señores feudales de la ciudad y se les hacía entrega de las llaves.

Continuamos fuera del recinto por la calle Virgen de la Cerca hasta el Convento de la Enseñanza. En su muro Norte en una hornacina exterior, se venera la imagen de la Virgen de la Cerca. Un poco más adelante también a mano derecha el Convento de las Mercedarias Descalzas.

Enfrente el Arco de Mazarelos por donde se entra de nuevo en el casco antiguo, desde el interior pasando por debajo del arco, el efecto de puerta de la ciudad es muy paten­te.

Se llega a lo que en tiempos fue el Instituto Masculino Arzobispo Gelmirez, edificio del siglo XVIII estilo barro­co, de su gran fachada lisa, con tres pisos de ventanas, sobresale el escudo del arzobispo José del Yermo Santibañez encima de la puerta, único alarde ornamental del reformador del colegio, del año 1737 para cátedras de letras y humanidades y casa de ejercicios. Hoy es Facultad de Filología.

En medio de la plaza la estatua de Montero Ríos en bronce de seis metros de altura realizada por Mariano Benlliure, en su día el lugar lo ocupaba el Convento de las Clarisas, Santa María a Nova, pero fue comprado para los jesuitas por el arzobispo Francisco Blanco. A la izquierda haciendo ángulo recto con este edificio, está la "glesia de la Compañía de Jesús.

Un poco más adelante nos encontramos con el edificio conocido en Santiago por la Universidad. En la plaza de delante, la plaza de la Universidad, en el nº 9 nació el canónigo don Antonio López  Ferreiro, historiador y literato, quien en 1879 encontró los restos del Apóstol perdidos durante 290 años desde que fueron escondidos en 1589 por temor al ataque del pirata Francis Drake que había desembarcado en La Coruña.

A la vuelta en la plaza de la Fuente Seca, un cruceiro y la estatua del Rey Alfonso II el Casto que dio a conocer el hallazgo en Compostela del sepulcro del Apóstol.

Al final de la calle está la Iglesia de San Fiz de Solovio. El recorrido nos lleva ahora por la plaza de abastos instalada en 1884 sobre el solar que ocupaba el palacio del conde de Altamira, lugar donde las campesinas de la comarca en grandes cestas de mimbre exponen sus produc­tos de la región, un espectáculo, una exhibición de los buenos productos de la huerta cercana, todo es bullicio en las cercanías de la plaza los días de mercado, desde la Universi­dad a San Agustín, en plazas y calles intermedias.

Al final de la plaza, está la Iglesia de San Agustín y el CMU San Agustín, subiendo por la calle de San Benito, hasta el cantón de San Benito existe una casa asoportalada, es un bonito rincón del casco antiguo. Se vuelve a la Plaza de Cervantes y a la Vía Sacra.

La luna platea en Santiago el granito de las plazuelas, de las cresterías, de las torres de la Catedral. El gran silencio de la Quintana sólo se rompe con las campanas de la Torre Berenguela, en Santiago de noche se escucha el silencio, la quietud monumental, el granito húmedo por la lluvia, rompiendo los reflejos de la luna sobre el agua, el Obradoiro está oscuro, las torres ascienden en busca de las gotas de lluvia que le producirán ese amarillento color. @mundiario

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